Congreso y plebiscito

Congreso y plebiscito

Sería más sencillo que los congresistas, y no 4 millones de votos, "refrenden" los acuerdos.

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17 de noviembre 2015 , 05:39 p.m.

En el proceso previo a la Constitución del 91 se divulgó la idea de que era necesario pasar de la democracia representativa de la Carta anterior a la democracia “participativa”, como ruta de navegación para el siglo XXI, en cuanto permitiría la participación amplia del pueblo en la consolidación de las nuevas instituciones y en la conservación de la paz.

Entonces, por primera vez se abrieron las puertas a la democracia directa con instrumentos como el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. Pero debe reconocerse que, en términos generales, 24 años después estos instrumentos se quedaron en el papel. Se reviven ahora, con la idea de acudir al plebiscito para aprobar los acuerdos de La Habana.

Aun cuando es tema de técnica jurídica, precisa recordar que mientras en el referendo se somete a aprobación o improbación popular un texto jurídico (como el de Uribe, derrotado por falta de umbral en la gran mayoría de las preguntas), en el plebiscito el pueblo se pronuncia sobre el apoyo a un hombre o a una política.

En otras épocas han echado mano del plebiscito dictadores como Luis Napoleón, para conservar el poder, inmortalizado por la pluma de Carlos Marx en 'El dieciocho brumario de Luis Bonaparte'.

Para acabar la violencia liberal-conservadora, la Junta Militar que reemplazó a Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957, y con anuencia de los dirigentes partidistas que hasta la víspera se odiaban, utilizó el decreto de Estado de sitio (247 de ese año) para introducir de manera extraordinaria y convocar al pueblo a un plebiscito a realizarse el 1.° de diciembre. Ese domingo, con la participación electoral más alta hasta hoy registrada (superior al 70 por ciento del censo electoral), por primera vez los colombianos aprobaron, bajo la forma de plebiscito, un “referendo”: 12 artículos referidos básicamente a la paridad, el voto femenino, la cooptación en el poder judicial y un cerrado sistema político.

Curiosamente, esos 4 millones de sufragantes determinaron que la Constitución solo se podía cambiar por el Congreso, norma que sirvió a la Corte para tumbar la pequeña Constituyente de López Michelsen en 1978. Veintitrés años después, por otro decreto de Estado de sitio, se inició un extraño proceso reformatorio de la Carta, desconociendo la voluntad del constituyente primario de 1957.

Esta vez sí estaríamos frente a un plebiscito, por cuanto se busca el apoyo popular a una “política” y no a unos textos jurídicos farragosos.

Los instrumentos de participación fueron desarrollados por la ley 134 de 1994, que estableció unos requisitos exigentes para evitar que se pudiera abusar de ellos. Es claro que ese umbral del 50 por ciento del censo electoral (más de 16 millones hoy) es prácticamente inalcanzable. No tiene, sin embargo, mucho sentido estar variando el umbral dependiendo del objetivo que se busca, así sea hoy el de la paz, en el que la inmensa mayoría de los ciudadanos estamos de acuerdo.

Mañana podría ser otro, como el de tumbar reformas o decisiones de la Corte Constitucional.

Si se establece que ese bajo umbral (13 por ciento) sería solo para esta ocasión, tendría un cierto tufillo oportunista. Si se deja por siempre, se abriría un gran boquete que puede ser utilizado después por gobernantes menos demócratas que Juan Manuel Santos. Si se busca que cuatro millones de colombianos “refrenden” los acuerdos, puede ser más sencillo pensar que como ellos suponen para su vigencia reformas constitucionales o legales, que lo haga el parlamento, donde el Gobierno tiene claras mayorías.

Sin duda, los congresistas, elegidos por más de 12 millones de votantes en marzo del 2010, tendrían mayor representación que los cuatro millones de votos con los que se pretendería apalancar el umbral para efectos del plebiscito. ¿O acaso el mandato del Congreso no representa la voluntad popular?


Alfonso Gómez Méndez

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