Techo de cristal en Palacio de Justicia

Techo de cristal en Palacio de Justicia

¿Ha madurado la sociedad colombiana lo suficiente para enfrentar la injusticia y la tragedia?

notitle
17 de noviembre 2015 , 04:39 p.m.

Hay muchos cristales rotos y heridas que no sanan desde la toma del Palacio de Justicia hace 30 años y eso se ha puesto más en evidencia en esta conmemoración.

Según la ideología de cada quien, se señala al gobierno, al Ejército, al M-19 o a los narcos como culpables del holocausto. Es sana la discusión que se está dando; es necesario pedir perdón y perdonar a unos y otros por los terribles errores cometidos; es urgente que aprendamos todos de lo ocurrido, de cara al postconflicto. Este hecho debe servirnos a individuos e instituciones como laboratorio, testimonio y decálogo de lo que debe ser y no ser en esta etapa que vive el país, porque entre las llamas todos perdimos.

Pero, de todo lo dicho, lo que más me ha tocado íntimamente fueron las palabras de la magistrada María Victoria Calle, presidenta (e) de la Corte Constitucional, el viernes 6 de noviembre de este año, en el Xll Conversatorio Nacional de Género de las Altas Corporaciones Nacionales de Justicia, organizado por la Alcaldía de Envigado (Antioquia) y su secretaría de Equidad de Género y la Comisión Nacional de Género de la Rama Judicial. Mientras ella evocó los cañonazos que a esas horas, 30 años atrás, demolían las instituciones, habló de “la justicia como el más débil de los poderes, de la alta desprotección de los jueces, del coraje de los servidores de justicia, del ejemplo de los magistrados que allí perecieron que sabían de las amenazas pero siguieron asistiendo a su trabajo, defendiendo las instituciones y enseñándonos como lo había hecho Sócrates que es mejor la muerte que la injusticia. Muchas sentencias son una condena a muerte para quien las profiere, pero seguimos trabajando para que esta sociedad madure”, dijo ella.

Para que la sociedad madure… ¿Ha madurado? Tuve la oportunidad de asistir a uno de los primeros de esos doce conversatorios y debo decir, como lo afirmaron las magistradas de Colombia y de países vecinos, que los techos de cristal para las mujeres en las altas cortes se han resquebrajado pero no han caído. Dos días antes de este XII Conversatorio, de la terna para elegir al magistrado Mauricio González en la Corte Constitucional, se escogió a un hombre, Alejandro Linares, y se desconocieron los méritos de Carolina Botero, que tuvo el apoyo de la Academia y una especialización en derecho constitucional (el elegido no es constitucionalista). Hay tres mujeres hoy en la Corte Constitucional, y miren lo que dijo la doctora Calle sobre el tema: “Solo hay un 23,28 % de las mujeres en las altas cortes colombianas y se necesita paridad porque la mirada de la mujer es definitivamente distinta a la de los hombres”. Y contó, desde la justicia y desde el corazón femenino, “cómo fue de importante la presencia de las mujeres en el fallo de la adopción de las parejas gais”. Es que –anotó- “la mirada de la mujer es una reserva moral de la patria”.

El llamado a la paridad en todos los ámbitos de la vida nacional y mundial es necesario para que la sociedad se equilibre ante tanta injusticia y tragedia. El 38 % de los homicidios femeninos en el mundo se debe a la violencia conyugal. Colombia tiene el primer lugar en violencia doméstica en América Latina y el Caribe. Son datos presentados en el evento al que me refiero, realizado en Envigado, y allí mismo se recordó que sí se puede, como lo demostró la pintora envigadeña Débora Arango, quien se enfrentó a toda una sociedad conservadora con sus pinceles y ganó la batalla por su coraje y persistencia. La justicia colombiana trabaja para hacer efectiva la protección de los derechos de género. Algo se ha ganado; por ejemplo, hace unos meses, la Corte Suprema de Justicia emitió la primera sentencia en la que trasciende el concepto de ‘crimen pasional’ y lo cataloga, en determinados casos, como feminicidio u homicidio de una mujer por razones de género. ¿Pero qué es esto frente a los miles de casos impunes? Significa que apenas empezamos el proceso de madurez.

Retomo lo dicho en el evento al que hago referencia, por una consejera de Estado: “Mientras en la familia no trabajemos en respeto al otro y a la equidad de género va a ser muy difícil este cometido”. A la mujer hay que formarla en autonomía. La violencia doméstica nos enfrenta ante la pregunta más decisiva de la vida: ¿a quién estoy eligiendo como mi esposo o compañero? Hay que aprender a obrar con la razón porque la casa se ha vuelto el lugar más inseguro para las mujeres colombianas. Allí se ejerce violencia física, psicológica, económica, patrimonial. Hay pasividad incluso en las mujeres frente al tema. Actuemos.


Sonia Gómez Gómez

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.