Las perversiones y peligros del mal uso de la historia

Las perversiones y peligros del mal uso de la historia

¿Qué sentido tiene reabrir heridas para 'vengarse' de quienes le han apostado a la democracia?

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16 de noviembre 2015 , 10:10 p.m.

La revisión y el conocimiento de la historia deben servir al Estado para aprender de sus errores y no repetirlos; para profundizar en las causas de sus problemas actuales y para que, desde su identidad, el pueblo pueda encontrar las soluciones.

Examinar el pasado, investigar y tratar de esclarecer los hechos que han forjado la historia nacional, no puede hacerse con el fin de reabrir heridas y menos para deshacer compromisos que el Estado en su soberana majestad ha suscrito.

Los recientes anuncios del ente investigador suscitan hondas preocupaciones y ponen en entredicho el principio fundamental consagrado en la Constitución según el cual Colombia es un Estado de derecho. Este postulado se traduce en el imperio de la ley, en el respeto a las decisiones de las autoridades y en la existencia de la ‘cosa juzgada’, que, según la Corte Constitucional, es una institución que otorga a las decisiones judiciales u otras providencias el carácter de “inmutables, vinculantes y definitivas, para garantizar un estado de seguridad jurídica”. Ningún funcionario judicial tiene la potestad para volver sobre ellas.

Se trata de que en un Estado de derecho no es dable desconocer el derecho ni cometer injusticias generando un clima de zozobra e incertidumbre a partir de revisar la historia.

Existe sí la necesidad de impartir justicia, pero sobre los hechos y los delitos materia de investigación en el presente; no sobre casos que ya han sido cerrados, juzgados y decididos, aun si en ellos se cometieron errores. Ni se quiere ni se debe volver al pasado. Se quiere y se debe estar en el presente y, como dice el título de la famosa película de cine que por estos días se recuerda, la revisión del pasado se hará solo para “volver al futuro” con un mayor conocimiento que impida caer en los mismos errores.

En los casos que hoy se debaten en el país y en otros que pudieran aparecer, si no se juzgó bien, hay que asegurarse de que ello no vuelva a suceder en el proceso de paz con los guerrilleros que hoy siguen ostentando tal calidad. ¿Qué sentido tiene reabrir heridas con el solo propósito de ‘vengarse’ de quienes desde hace 25 años son en su mayoría hombres y mujeres que le han apostado al juego democrático y al respeto y a la promoción de ese Estado de derecho? ¿O es que si se encuentra que han debido ser condenados bajo reglas que no existían entonces pero ahora sí, se van a deslegitimar todos aquellos actos en los que han sido protagonistas principales? ¡Entre ellos está la Constitución que hoy nos rige! ¿será derogada por el hecho de que una de las fuerzas mayoritarias en la Constituyente estaba compuesta por quienes hoy van a ser condenados?

¿Qué régimen se está gestando con estas decisiones? Solo uno en el que pueden fructificar los sistemas más perversos; comparable con esos que han manipulado la historia causando dramáticos sucesos. El de Hitler, por

ejemplo, que con una interpretación errónea de lo que significa la identidad de un pueblo edificada sobre la pureza de la raza produjo el más horroroso holocausto en la historia del mundo; o el de Chávez, que invocando el genio de Bolívar acabó con una nación que aún hoy no ha logrado recuperar su rumbo.

A partir de la suscripción del Estatuto de Roma, hoy no es posible aplicar indultos ni amnistías a los guerrilleros de las Farc o del Eln. Pero, precisamente, las lecciones aprendidas del proceso con el M-19 deben llevar a las partes a entender que la aplicación de la justicia y la determinación de penas proporcionarles a los hechos cometidos es el camino más seguro hacia la reconciliación verdadera.

Cualquier cosa diferente tarde o temprano producirá demandas de justicia y manifestaciones de inconformidad que darán al traste con la paz.

CLAUDIA DANGOND
@cdangond

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