Pensé en volver noticia las páginas de opinión: Daniel Coronell

Pensé en volver noticia las páginas de opinión: Daniel Coronell

Uno de los columnistas más leídos del país revela cómo enfrenta el momento más difícil de su vida.

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16 de noviembre 2015 , 09:13 p.m.

Daniel Coronell es catalogado como uno de los columnistas más leídos del país, y uno de los opinadores más influyentes. Pero ¿quién es Daniel Coronell por dentro?

Un reportero. Pero un reportero que no opina sobre la coyuntura, sino que optó por usar menos adjetivos para dedicarse más a describir hechos, algunos de los cuales no han sido todavía expuestos por los medios.

Pues esa forma de abordar una columna de opinión ha resultado novedosa e interesante para mucha gente...

A veces se logran cosas interesantes y buenas y otras veces no, porque no siempre es fácil mantener una regularidad grande con base en investigaciones que sean suficientemente llamativas cada semana. (Lea también: Coronell, nuevo vicepresidente ejecutivo de Noticias Univisión)

¿Cómo llegó a desarrollar su propio estilo?

Empecé a ser columnista hace 10 años. Primero en El Nuevo Siglo, y 6 o 7 semanas después en la revista Semana. Era un momento muy particular porque había un unanimismo en los medios bastante grande alrededor de las cosas que hacía el Gobierno de la época, y que de alguna manera habían vuelto las noticias páginas de opinión. Pensé que podía ser interesante volver las páginas de opinión noticia. Y ciertamente en Colombia había muy buenos opinadores, muy sólidos, cada uno con sus particularidades, grandes firmas que manejaban, a partir de la reflexión social, opiniones muy importantes. Frente a ello, tal vez mi virtud fue haber tenido la modestia de entender que lo que yo, como reportero, pudiera opinar resultaría interesante en la medida en lo que como reportero pudiera averiguar. Y entonces empecé a recorrer los caminos usuales de la reportería, en busca de elementos para una columna de opinión que fuera investigada y documentada.

¿Quién le ayuda en esas investigaciones?

Los colegas de Noticias Uno, y existe una persona que está dedicada tiempo completo a ayudarme con investigaciones y documentos. El periodismo de investigación no puede ser un ejercicio solitario, porque es más fácil equivocarse. Necesita un contraste, una especie de abogado del diablo que contradiga los datos, que diga: ‘eso no está tan claro como usted lo dice, o eso no es así, o eso puede interpretarse de otra manera’.

¿Cómo se ‘vacuna’, por usar una expresión, el estilo reporteril, investigativo que caracteriza una columna como la suya, de la influencia que puedan querer ejercer las fuentes?

Las fuentes tienen una particularidad: son capaces de decir toda la verdad o una buena parte de la verdad de los demás, pero casi ninguna acerca de sí mismas. Eso es muy peligroso, tanto para el periodismo de investigación como para cualquier tipo de periodismo. Siempre hay que buscar a alguien que contraste las fuentes. No hay ninguna fuente pura y cristalina que no represente intereses. Ni siquiera su santidad el Papa. De manera que todo lo que diga una fuente hay que contrastarlo con otras opiniones para aproximarse a la verdad.

Otros columnistas de opinión trabajan otro estilo: darle al lector elementos de juicio para que llegue a su propia verdad...

Totalmente válido, y muy importante. Lo que sucede es que no se puede hacer arquitectura sin hacer albañilería. Uno necesita, antes de construir la capilla Sixtina y de pintarla, saber de dónde sale cada uno de los ladrillos que la armaron. De manera que si uno no es capaz de mirar lo que representan las fuentes, más allá de lo que dicen, se convierte es en un vocero oficioso de ellas. (Vea aquí: Ex-DAS cuenta cómo fueron los seguimientos ilegales a Daniel Coronell)

Es la vieja discusión que hemos tenido los dos: la formación del periodista.

Así es. Si el periodista debe venir de otras disciplinas. En la inmensa mayoría de los casos, resultan mejores periodistas los economistas o los abogados que reciben la formación periodística en una sala de redacción. En este momento tengo el privilegio de trabajar con cientos de periodistas en una sala de redacción muy grande, de orígenes muy plurales, de orígenes nacionales y académicos muy distintos, y cada vez me convenzo más de que esa diversidad en la formación, así como en el origen, enriquece mucho el ejercicio periodístico.

En particular, la historia de Daniel Coronell ha estado salpicada de accidentes en el ejercicio profesional. Uno de los más graves fue la decisión de irse del país cuando consideró que unas amenazas de origen oficial representaban un grave peligro para su familia. Una reflexión sobre ese difícil incidente...

Siempre que puedo hago esta claridad: No creo que el presidente Álvaro Uribe hubiera estado detrás de las amenazas en contra mía y de mi familia. Pero sí había personas allegadas a él detrás de esas amenazas. Hubiera preferido que el Presidente las condenara activamente y buscara la manera de investigar y de llegar a los responsables, algunos de los cuales tuve que exponer yo mismo, sin que les pasara nada. Eso quedó en la total impunidad. Para cualquier persona, el exilio es una situación difícil y complicada. Lo que me llevó al exilio, en el 2005, fue básicamente una serie de amenazas contra mi hija, que en ese momento tenía 6 años. María Cristina Uribe, mi esposa, que también es periodista, y yo estábamos decididos a correr los riesgos propios de nuestro oficio, pero no estábamos listos para que la mira se concentrara en una niña de 6 años, y eso terminó destrozándonos la vida. Gracias al Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), fuimos recibidos con especial cariño por la prensa americana y por las universidades en Estados Unidos. Esas posibilidades que se abrieron, que terminaron siendo buenas, porque pudimos atender invitaciones de la Universidad de Stanford y de la Universidad de Berkeley, nacieron de una experiencia muy dolorosa. Ese exilio obligatorio duró 2 años. Volví a Colombia, y a finales del 2010 recibí una oferta de Univisión para trabajar, donde permanezco hasta hoy.

Usted se mantiene muy actualizado acerca de Colombia con su columna. ¿Cómo se ve el país hoy desde afuera?

En muchas cosas, mejor. Veo con mucha esperanza que el proceso de paz con las Farc se concrete. Pero temo que el problema de corrupción está igual o quizá peor, y que, lamentablemente, la vida institucional del país está inundada de pequeñas corruptelas en prácticamente todas las entidades públicas, y eso es muy grave porque está devolviendo al país a un estado totalmente premoderno en lo institucional, y eso impide buscar el desarrollo, porque todo se nos va controlando lo que se están robando estos o aquellos. Pero también creo que a partir de esta sufrida experiencia saldrán cosas mejores para Colombia.

Deme su opinión de varios personajes de la vida nacional. Por ejemplo, del Procurador y del Fiscal...

Creo que el procurador Alejandro Ordóñez es la persona que más daño le ha hecho a la modernización del país en las últimas décadas. No hay límites entre sus convicciones religiosas y su labor funcional institucional, que tiende a confundir lo que es pecado con lo que es falta disciplinaria o delito. Además, ha hecho politiquería desde su puesto, con lo que no solo logró su reelección, sino que ha llenado de familiares de magistrados y congresistas a la Procuraduría. Ha sido perseguidor en unos casos y muy tolerante frente a otros, como, por ejemplo, frente al caso Pretelt y al caso Saludcoop. Sobre el Fiscal, creo que ha cometido errores recientes bastante graves. Por ejemplo, poner en la picota pública a Carolina Sabino y, después, tratar de obtener un empate institucional presentando un proyecto de legalización del aborto absolutamente desencaminado, poco estudiado, innecesario, sin ninguna posibilidad de ganar kilometraje en este momento en el Congreso, tratando de armar un acierto a partir de unos errores. Pero también creo que el Fiscal ha tenido cosas que son buenas. Por ejemplo, persistir en la investigación a Santiago Uribe Vélez, el hermano del expresidente Álvaro Uribe, sobre quien pesan numerosas evidencias, y que si no ha avanzado más es por el bullying del expresidente Uribe en Twitter.

Deme su opinión del vicepresidente Germán Vargas y del gobernador Sergio Fajardo, posibles futuros contendores presidenciales...

Yo he tenido una buena interlocución con Germán Vargas, a pesar de las evidentes diferencias que tenemos sobre la forma de percibir el mundo. Pero creo que se equivocó en la última campaña, en la que todo el mundo lo define como ganador porque terminó figurando en la foto de muchas victorias que le pueden costar mucho a su propia carrera. Es bueno para un líder, para una persona llamada a destinos grandes, tener frenos y recatos frente a ciertas alianzas. De Sergio Fajardo, creo que le ha faltado carácter para tomar decisiones en unos momentos críticos, y esa tendencia a querer estar bien con todo el mundo no le ayuda a que se caracterice como un líder elegible presidencialmente.

¿Humberto de la Calle será candidato después de la firma de la paz?

Ya Humberto de la Calle dijo que no iba a ser candidato... Y lo dijo con la misma decisión con la que anunció que no sería vicepresidente de Samper.

(Risas) ¿Balance del gobierno Santos, frente al gobierno Uribe?

Santos es bueno en cuanto no es Uribe. Esa es su gran virtud, punto. Creo que atreverse a desafiar el legado de Uribe es lo único que va a lograr crearle un lugar en la historia a Santos. Muchos esperaban que fuera la continuación mecánica del gobierno Uribe, una especie de Uribe 3, y en eso Santos sorprendió. Tanto que puede terminar dejando el legado más importante de los últimos 100 años de presidencias en Colombia, más importante que el de Alfonso López Pumarejo, si es que logra firmar la paz. ¿Si lo hará animado por un propósito altruista? Bueno, establecer eso será un trabajo para los análisis de la historia.

Es una lástima que para que el país apoye la paz el Gobierno tenga que estar bajando umbrales para obtener los apoyos populares...

A Santos le han faltado capacidad y decisión para establecer cuáles costos desaparecerán cuando aparezcan los costos del posconflicto, porque lo que no se puede es conservar los costos de la guerra y a la vez abrir los del posconflicto.

¿Y para allá vamos?

No creo. Hay unas fuerzas muy grandes buscando mantener los privilegios propios de un país en guerra. La paz no va a traer ríos de leche y miel, pero sí va a traer un crecimiento económico, porque forzosamente los recursos que hoy se gastan en hacer la guerra terminarán construyendo la economía de otra manera.

¿Cómo integrar al expresidente Uribe a esa película?

Nadie está haciendo el ejercicio juicioso de mostrar las mentiras que hay en la propaganda negra frente al proceso de paz. Y como el Gobierno no puede contar lo que está pasando en la mesa, terminan escribiendo la historia los contradictores del proceso. Pero además el señor expresidente Uribe, ahora senador, debería dedicarse a cumplir las labores propias de un legislador: hacer leyes y hacer control político. Pero aquí él se constituyó en una cuarta rama del Poder Público. Ahora las ramas del poder en Colombia son: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el Twitter de Uribe. Lo único que no puede suceder es que Colombia crea que tiene que escoger entre Uribe y el caos.

Dejo para el final una pregunta muy difícil de hacer. Hace poco nos puso a llorar con una columna muy íntima que publicó en ‘Semana’, dirigida a su hija Raquel, animándola a su recuperación por una enfermedad difícil que la aqueja. ¿Algo tan duro le ha cambiado la forma de ver la vida?

Es la experiencia más difícil que me ha tocado vivir, y la mía no ha sido propiamente una existencia apacible. He tenido que lidiar con amenazas, con campañas de desprestigio, con el exilio. Hemos logrado armar con María Cristina una familia que es a prueba de todo. Tenemos la plena esperanza de que nuestra hija va a poder superar esta prueba. Claro, esto cambia muchas cosas. Las responsabilidades que tengo en mi trabajo en Estados Unidos son muy grandes. Incluso había recibido una oferta para escribir la columna internacionalmente, y hoy tomé la decisión de aplazarla porque no tengo la serenidad de ánimo ni la capacidad para concentrarme en otras responsabilidades. Si tengo que renunciar a todo lo que hemos logrado con tantos años de trabajo con mi esposa para salvar a Raquel, lo haremos. No hay nada más importante en nuestras vidas que ella.

Tuve el privilegio de conocer a Raquel de pequeña, y es una niña que se sale del molde. Su personalidad es supremamente especial. Única. Y con ese valor podrá iluminar a tantos otros niños que están en su situación y que también sufren. Sus amigos, Daniel, sabemos que lo va a lograr.

Gracias. Muchas gracias.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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