Editorial: Solidaridad del periodismo

Editorial: Solidaridad del periodismo

No solo fue un ataque a la vida de una joven profesional, sino a la libertad de expresión.

15 de noviembre 2015 , 08:53 p.m.

Es natural, pero no por ello menos necesaria y justa la solidaridad del periodismo nacional ante el vil asesinato, el pasado 10 de septiembre, de la periodista Flor Alba Núñez Vargas, cuando entraba a trabajar a la emisora La Preferida Stereo, como era su costumbre. Inocente ella de que su labor honesta, el cumplimiento de su tarea de informar y denunciar, de defender los sanos principios, estarían incomodando criminales intereses.

Por eso, la actitud de los medios de comunicación, auspiciada por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), Andiarios y Colprensa, de hacer presencia en Pitalito es loable y esperanzadora. Como lo es el que ocho periodistas reconstruyan, caminen los pasos de Flor Alba, miren su trabajo y analicen la información que ella manejaba, en busca de contarles a los colombianos y al mundo las razones por las que fue cobardemente asesinada.

Esto constituye no solo una decisión clave para que la impunidad no sea la que escriba otra página negra, sino un respaldo y un acompañamiento a los colegas de Pitalito, o laboyanos, como es su gentilicio, a los del Huila y en general a todo el gremio, que a menudo paga con su vida el cumplimiento de su misión. Y un mensaje a los asesinos de que no nos van a intimidar.

El periodismo de Pitalito, vale recordarlo, ya había puesto una dolorosa cuota de sangre, hace 17 años, en la persona del comunicador y educador Nelson Carvajal Carvajal, cuyos familiares, acosados por las amenazas, debieron salir del país, siete años después.

El mensaje a quienes, con valor, cumplen su tarea en esa zona es que no están solos, que sus gremios y sus colegas los respaldan, investigan, señalan y, sobre todo, exigen justicia. En el caso de Flor Alba hay un detenido, pero falta desenredar esa madeja en cuya punta final está la cara de los autores intelectuales. Lo claro, por ahora, es que ella murió por causas ligadas a su trabajo. Es decir, no solo fue un ataque a la vida de una joven profesional, sino a la libertad de expresión. O sea, un atentado contra todos. Y la vida y las libertades son sagradas y tenemos que defenderlas a toda costa.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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