Editorial: Sensatez frente al dolor

Editorial: Sensatez frente al dolor

El reto es coordinar las acciones militares contra el EI y acompañarlas de un esfuerzo diplomático.

15 de noviembre 2015 , 08:53 p.m.

A medida que se conocen nuevos detalles de los demenciales ataques terroristas del pasado viernes en París, se hace más difícil optar por la sensatez.

Y es que la sevicia con la que actuaron los atacantes que representaban al alevoso Estado Islámico (EI), su intención de causar un baño de sangre sin consideración alguna del perfil de las víctimas que la derramaran, así como la manera como se han regodeado frente a los terribles resultados de su acción y las amenazas de nuevos golpes de este talante, hacen que sea obvia y lógica la respuesta de las autoridades e intensa la indignación de la gente.

Los términos y el tono de la alocución del presidente François Hollande son la mejor prueba de esta reacción: “Estamos en guerra”, exclamó con la misma firmeza con la que prometió una respuesta proporcional a los actos del viernes. En esta misma línea, el papa Francisco habló, con bastante razón, de una tercera guerra mundial a cuotas.

Está fuera de discusión, pues, que el riesgo que supone la manera de actuar del extremismo islámico implica un enorme reto para los países que están en su mira, como tampoco se puede cuestionar el deber primordial de los gobernantes de proteger a sus ciudadanos y el derecho de los Estados soberanos de responder a ataques de sus enemigos.

Y este es un enemigo que, por cierto, recuerda al caballo de Troya. Que se distancia de la manera de actuar, ya de por sí impredecible, de otras expresiones conocidas del terrorismo. Es, de verdad, una pesadilla. Ha sabido valerse de los recursos que pone a su disposición la tecnología, pero también de fenómenos como el desarraigo, el fanatismo y la exclusión, para tejer unas redes de muy difícil identificación. Estas sirven para llegar a incautos desorientados con causas que parecen atractivas, pero que finalmente no son más que señuelos de una cúpula delirante y enferma.

Aun así, hay que insistir en que el gran reto que tiene ahora el planeta es que en la necesaria lucha contra el Estado Islámico no se cometa el grave error de caer en la insensatez, algo que resultaría de enorme beneficio para esta poderosa y brutal organización.

Sería deseable que todos los esfuerzos que distintos países, desde EE. UU. hasta Rusia, pasando por Irán y el Kurdistán, hoy hacen para contrarrestarlo tuvieran una única hoja de ruta. También, que la manera como Occidente actúa para prevenir los golpes estuviera cobijada bajo una única estrategia antiterrorista, un cuerpo de alcance global que optimice esos esfuerzos y los recursos.

Pero esta línea de acción estará incompleta y no tendrá la efectividad que todos anhelamos si no va a acompañada de un componente político en dos niveles: el de la diplomacia, para encontrar una salida concertada entre todos los involucrados a la crisis siria, y comprometiendo a aquellos actores que por acción u omisión han ayudado al fortalecimiento del EI.

La otra esfera es la de la política interna de los países que son blanco de los extremistas. Aquí hay que evitar a toda costa caer en la trampa de convertir el dolor que producen estos actos en decisiones que limiten la democracia, restrinjan, más allá de lo que la coyuntura demanda, las libertades individuales y alimenten la xenofobia. El desafío es sobreponerse al dolor con coraje y sensatez para romper el círculo vicioso.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.