'Creí que había llegado a Armero a morir'

'Creí que había llegado a Armero a morir'

Conrado Gómez Álvarez, geólogo de Supía (Caldas), es sobreviviente de la tragedia de hace 30 años.

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15 de noviembre 2015 , 05:32 p.m.

Conrado Gómez Álvarez no se imaginó que el 13 de noviembre de 1985 iba a ser una fecha que marcaría el resto de sus días. Aquel día que el Volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y acabó con la vida de unas 25 mil personas, este hombre se encontraba en Armero (Tolima).

Hace 30 años Conrado era estudiante de cuarto semestre de Geología de la Universidad de Caldas. Él, sus compañeros y un docente viajaban al corregimiento de Payandé (Tolima) a realizar una salida pedagógica del curso de Paleontología.

Por problemas de logística y por un trancón en la vía se retrasaron por más de cuatro horas llegando a Mariquita (Tolima) a la una de la tarde. Para aprovechar el día pese a los contratiempos, el docente Jorge Dorado Galindo propuso ir a Falan (Tolima), municipio del que salieron a las 7 de la noche y ante el cansancio y el hambre del grupo, decidieron dormir en Armero sin imaginarse que en cuestión de horas esta población desaparecería.

El grupo era de 31 personas, el Hotel Popular recibió alrededor de 20, y los demás se hospedaron en otros hoteles del sector. “De alguna manera nos salvó que comimos mucho y como quedamos muy llenos, a las 9 de la noche salimos a dar una vuelta para bajar un poquito la comida, nos pusimos a jugar billar y a las 10 de la noche emprendimos nuevamente hacia el hotel”, recuerda Conrado.

Cuando llegaron al lugar se enteraron que el cráter Arenas había hecho erupción, alarmados fueron a avisarle al profesor pero como llevaba dos días de trasnocho haciendo informes para el Ingeominas no despertó al llamado. La solución de los estudiantes fue encender la radio para entender qué sucedía, pero según Conrado, en la emisora local que era la única que podían sintonizar los desinformaron porque decían que no era nada grave.

Los golpes a las puertas de uno de los estudiantes despertaron a Conrado que estaba a punto de dormirse, el joven gritaba que debían salir porque el río se había desbordado y pronto se inundarían. La situación se hacía más complicada porque en Armero ya no había energía. “Yo estaba en un primer piso, me levanté, cogí la llave de la pieza, cerré con toda la calma y subiendo a la terraza me encontré con una compañera, ella siguió bajando y no la volvimos a ver”.

Desde la terraza vieron como las calles se convertían en ríos de agua y lodo, Conrado le manifestó a su compañeros de clase, Sofía Navarro y Jorge Iván Orozco, que habían llegado a Armero a morir. En cuestión de segundos el agua destruyó el Hotel, pero los tres lograron salir y en el tanque de agua de reserva que tenía el establecimiento bajaron por la corriente de lodo y recorrieron 18 cuadras.

A las 12 de la noche todo se calmó, se habían salvado. Amanecieron en el tanque porque esperaban que al día siguiente irían a una parte alta, “al salir la luz todo estaba plano como si lo hubieran pavimentado, nos desconsolamos”, cuenta el sobreviviente.

En la mañana llegaron los helicópteros, y a las 4 de la tarde sacaron a Conrado y luego a los otros compañeros que eran los más afectados. Los trasladaron a Lérida (Tolima), Conrado se fue para Ibagué para salir esa misma noche hacia la casa de su familia en Supía (Caldas).

Recuerda que fue impresionante cuando en la mañana vio desde el helicóptero a Armero, pues desde el terreno no se alcanzaba a percibir la magnitud de la avalancha.

Eran las 5 de la mañana del 15 de noviembre de 1985 cuando Conrado llegó a su hogar, lo recibieron en medio de abrazos y llanto, pues su familia no tenía ninguna información de él, y ese día precisamente su padre saldría a buscarlo.

Como al parecer era el único del pueblo que había vivido la tragedia, “mucha gente fue a visitarme y a manifestarme su alegría y complacencia de que estuviera bien, esa misma escena fueron tres o cuatro meses recibiendo visitas y en terapias con psicólogo porque me sobresaltaba mucho para dormir”.

De 31 personas, murieron 11 aquella noche, incluido el docente. Días después cuando se reencontraron en la Universidad tuvieron momentos de mucha nostalgia por la ausencia de los otros compañeros.

Tres décadas después a Conrado se le nota la tristeza cuando se refiere a la tragedia, “todavía se me eriza la piel cuando recuerdo, la verdad no es grato recordar, cuando me piden que cuente siempre me pongo un poquito nervioso y a veces lo cuento muy resumido porque cuando es con tanto detalle las cosas son más complicadas”.

Conrado ha trabajado con la Gobernación de Caldas en las áreas de planeación de desastres y minería. Hoy ejerce su profesión de manera independiente y no se arrepiente de haber estudiado Geología, manifiesta que si le tocara elegir nuevamente no dudaría en escoger la carrera. Sin embargo, a uno de sus cuatro hijos que quería estudiar lo mismo, le dijo que se inclinara por otra profesión por el peligro que la Geología implica.

Después de la tragedia Conrado ha ido a Armero Guayabal aproximadamente cinco veces, para mostrarle a su familia y amigos los lugares en los que estuvo cuando ocurrió el peor desastre natural en la historia del país.

MARÍA DEL MAR VELÁSQUEZ

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