Álvaro Uribe Moreno: Quiso ser filósofo y terminó como gerente ejemplo

Álvaro Uribe Moreno: Quiso ser filósofo y terminó como gerente ejemplo

A los 23 años recibió la gerencia de Agenciauto. Fue premiado por sus aportes al desarrollo del país

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15 de noviembre 2015 , 10:09 a.m.

“Estoy muy bien, disfrutando mis últimos días de vida. Tengo una enfermedad terminal”.

Así me recibió Álvaro Uribe Moreno ante el cordial y respetuoso saludo a una eminencia del comercio en el país. Su semblante, a diferencia del mío, era de total serenidad y calma, un atisbo de sonrisa se formó en su rostro mientras sus ojos claros no dejaban de mirarme. Quedé frío.

Nos sentamos en un sofá marrón de cuero ubicado en su oficina llena de recuerdos, recortes publicitarios de los años 50 y una estantería llena de modelos de vehículos que vendió a lo largo de su vida.

Apenas era un estudiante de Derecho con anhelos de estudiar Filosofía, cuando la muerte sorprendió a su padre.
Entonces, a Álvaro Uribe Moreno, con apenas 23 años, le tocó ponerse al frente de la empresa Agenciauto.

Ahora, a sus 75 años, siente que cumplió y confiesa que su legado es que morirá tranquilo y con alegría. Uribe Moreno dialogó con EL TIEMPO sobre su vida y obra en el comercio local.

¿Cómo fue asumir la gerencia de una empresa con solo 23 años?

Fue un frenón en seco, entonces alguien me dio un consejo que me duró toda la vida: la vida no es una carrilera que está planeada para pasar de uno a otro lugar. La vida da vueltas y usted tiene que irse adaptando. Eso hice.

¿Cómo resume su vida empresarial y su labor?

Cuando uno tiene 20 años quiere cambiar el mundo. Pero al llegar a la vejez uno debe preguntarse si el mundo del que uno se va es mejor que al que uno llegó. Y si se han hecho pequeñas cosas para hacer un mundo mejor, se puede decir: misión cumplida.

No solo ha estado vinculado al comercio, sino también a la salud y educación, ¿cómo ha sido eso?

Yo no he sido monotemático. He sido un hombre afortunado y libre. Con responsabilidades pero también he podido elegir en la vida y hacer cosas que me apasionen. No puedo decir que “me han obligado”.

¿Qué nostalgia o recuerdos le quedan en su trayectoria?

Aún tenemos el primer Renault 4 que vendimos. Dio sus vueltas en la vida pero volvimos a encontrarlo en el camino y lo compramos. También tengo en la pared unos recortes de publicidad de los negocios que tuve en los años 50, un ciudadano los coleccionó y me los quiso vender. Es algo que quiero mucho.

¿Cómo vivenció los cambios que ha tenido la ciudad en las áreas donde ha estado vinculado?

Soy un testigo vivo y también un actor de ese cambio. También fui muchas veces el miembro más joven de juntas directivas como las de Fenalco o la Cámara de Comercio, y hoy soy el más viejo. Ese cambio, de llegar siendo joven, retando y poniendo ímpetu, es increíble verlo en estas nuevas generaciones.

¿Qué es lo más duro que le ha tocado?

Muchas cosas. Me tocó la crisis de los 80, después otra en los 90, en el 99 y 2000. Son momentos de mucha dificultad pero toca resistir. El sol vuelve a salir así uno piense que la noche es eterna. Las bonanzas se acaban, pero también las crisis.

¿Cuáles son sus pasatiempos?

Leer mucho, más que un autor, en este momento estoy metido en el tema de la teología del bien y del mal. Es un tema que me fascina. También estar con mi familia, estoy casado hace 50 años y tengo cinco hijas y seis nietos, cinco de ellos hombres, como para compensar (risas).

Y ya que ha estado vinculado en el mundo automotor ¿cuál es su carro favorito?

Obviamente los que yo vendo (risas). Nunca he manejado un carro que no sea de la marca que yo vendo, o sea, Volkswagen, Ford, Toyota o Renault.

¿Cómo siendo empresario, llegó a la junta directiva del Pablo Tobón Uribe?

Me vinculé hace 40 años a la junta directiva del Hospital Pablo Tobón Uribe, ahora soy el presidente de una institución maravillosa por la calidad médica, por el alma del hospital, que se la ponen los trabajadores, de verdad que es un orgullo. Siete personas nombran la junta directiva, una de ellas fue el arzobispo de Medellín, que en ese momento lo iluminó el espíritu santo y me eligió a mí (risas).

¿En qué otros sectores ha estado?

Hace muchos años, Luis Echavarría Villegas me invitó a ser parte del Consejo Superior de Eafit, del que ahora soy presidente. Fui parte del grupo que fundó el periódico El Mundo, con Darío Arizmendi y Raúl Aguilar. Fui presidente del primer consejo Editorial. También presidente de la Cámara de Comercio de Medellín, de Fenalco Antioquia e hice parte de la creación de Avícola Nacional.

¿Siente que le faltó algo por hacer?

Claro que sí, me faltó estudiar Filosofía que era lo que me apasionaba, pero compenso leyendo mucho sobre Teología, algo muy raro en un empresario, pero sencillamente me fascina desde la universidad, que fueron años muy lindos. Los 60 fue la época del cambio del mundo.

¿Uno de los proyectos que más recuerde?

El socio de mi papá, Enrique Toro, tenía la Fundación Fondo Inés de Toro, en Sonsón, que le daba estudios superiores a personas nacidas en el municipio o a hijos o nietos de personas nacidas allí. Muchos de los grandes funcionarios que tiene hoy el municipio son beneficiados por el fondo. Eso es una maravilla, no es una fundación muy grande pero hace una labor inmensa de manera silenciosa. Ha sacado cerca de 1.500 profesionales. Entonces me he entretenido entre la responsabilidad social y la empresarial.

¿Qué consejo le daría a los nuevos empresarios?

Que sigan sueños y que sean consecuentes con lo que sueñan, la ideología son unas gafas de color para ver el mundo y por eso nadie tiene la verdad absoluta. Les aconsejo que no salgan corriendo ante la primera dificultad.

'Los honores ni se intrigan ni se rechazan'

Preguntarle a un hombre que se ha distinguido en el comercio, la salud, la educación y la responsabilidad social, cuál ha sido su mayor logro, resultaría tedioso.

Pero Álvaro Uribe Moreno no duda ni un instante en responder. “Mi mayor logro ha sido llegar donde he llegado con el afecto, el aprecio y reconocimiento de los amigos y la sociedad. Es muy gratificante que los colegas piensen que uno puede ser un ejemplo para toda una generación”.

Y esa admiración se vio plasmada el pasado 27 de octubre, en el tradicional evento La Noche de los Mejores en el que Fenalco le otorgó la distinción ‘A Toda una vida’. “Por su perseverancia, genialidad comercial y filosofía de generar empleo con visión humana, ese reconocimiento es más que merecido”, indicó Sergio Ignacio Soto, director ejecutivo de Fenalco Antioquia.

Uribe Moreno, que estuvo vinculado a la entidad, dijo que lo sorprendió el premio. “Yo admiré mucho al doctor Gilberto Londoño, que decía que “Los honores ni se intrigan ni se rechazan”. Yo no tenía ni idea, pero cuando me lo entregaron, de verdad que me llegó al alma”, contó Uribe, que recordó que cuando fue presidente de Fenalco le dio ese honor a Tomás Santamaría y a Ricardo Ángel Villa, a los que reconocieron con el premio ‘Comerciante distinguido’.

“Yo los veía como unos prohombres que han hecho una labor grandísima, y que ahora me vean así, es un honor”.

MEDELLÍN

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