Sobre burbujas vírgenes / Hablemos de vinos

Sobre burbujas vírgenes / Hablemos de vinos

Los vinos espumantes son buena opción a la hora de maridar los platos de esta época.

14 de noviembre 2015 , 10:40 p.m.

Ya estamos en la última parte del año y es hora de espumantes.

Y, como saben, en estilos no hay solo uno, sino muchos. Partiendo, por ejemplo, por el grado de dulzor, que es lo que más impacta en los consumidores. ¿Prefieren un dulce demi-sec o hiperseco nature?

También el método de producción es importante. Está el masivo charmat, cuyo proceso implica dos fermentaciones, la segunda de ellas para obtener las burbujas se hace en grandes tanques de acero, es decir, miles de litros a la vez. En el otro extremo, el método champenoise, que es mucho más artesanal y que implica una segunda fermentación en botella, es decir, en vez de tener que cuidar un solo envase con miles de litros, se deben cuidar miles de pequeños envases de 750 centímetros cúbicos cada uno.

Además del charmat y el champenoise, hay otros métodos. Por ejemplo, el más simple de inyectarle burbujas al vino base. Nada bueno sale de ahí, en todo caso y, por lo general, se trata de vinos muy baratos. El otro, aunque mucho menos extendido en el mercado internacional, es el método ancestral, que consiste en una única fermentación, dentro de la botella. Este es el sistema histórico de hacer espumantes, fue desarrollado por primera vez en la zona de Limoux, en Francia, y sirvió de inspiración para los grandes espumantes de Champagne.

Últimamente también se ha puesto algo de moda la idea de hacer espumantes vírgenes, es decir, sin filtrar, con todos los restos de levaduras en la botella, flotando. Normalmente, estos restos –también llamados lías– se eliminan para que el vino tenga un aspecto cristalino. Estos “vírgenes”, en cambio, se ven turbios.

Este aspecto podría chocar a más de alguno, pero, como ustedes ya habrán aprendido, las apariencias muchas veces engañan. Los vírgenes que he probado de Bodegas Re en Chile o de Pizzato o Hermann en Brasil, son deliciosamente turbios; hasta pareciera que esas lías les dan más sabor.

Y para terminar, los colores. Como en los vinos normales, en los espumantes también hay blancos, rosados y –aunque más raros– también hay tintos. Como verán, mucho donde elegir en un estilo que hace rato que ya dejó de beberse solo en las celebraciones.

PATRICIO TAPIA
Para ELTIEMPO

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