Colombia se 'raja' en movilidad social

Colombia se 'raja' en movilidad social

La posibilidad de alcanzar una situación socioeconómica mejor que la de nuestros padres es mínima.

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14 de noviembre 2015 , 08:31 p.m.

En la Colombia de hoy, un niño que esté cursando primaria en Barbacoas, un pequeño pueblo de Nariño, tiene menos del 5 por ciento de probabilidades de terminar el colegio. Pero si el mismo niño estudiara en Bogotá, sus probabilidades de ser bachiller superarían el 70 por ciento.

Esta es apenas una de las conclusiones del estudio ‘La lotería de la cuna: la movilidad social a través de la educación en los municipios de Colombia’, recientemente publicado por la Escuela de Gobierno y la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. Se trató de un trabajo ambicioso, para el que se analizaron los datos de cerca de 1,6 millones de jóvenes de 1.092 municipios, registrados en el sistema educativo desde el 2005. (Lea también: Las opciones para que buenos estudiantes entren a la universidad)

El objetivo era trazar un panorama nacional de la movilidad social, entendida como la posición socioeconómica de un grupo de individuos con respecto a la de sus padres. Y, como lo sugiere su título, la investigación estableció que, en términos generales, la mejor herramienta para ascender socialmente en Colombia es nacer en el seno de una familia acomodada.

En otras palabras, las personas que nacen en hogares cuyos padres han llegado a la educación superior tienen una muy alta probabilidad de alcanzarla también y, en consecuencia, de obtener condiciones socioeconómicas favorables. De hecho, el profesor Fabio Sánchez, investigador principal del estudio de los Andes, comenta que las variaciones entre los estudiantes que pertenecen a este grupo no fueron significativos: “A los hijos de padres con educación superior los quitamos de la muestra, porque nacen con una cuchara de plata en la boca”.

Esta situación constituye además un círculo vicioso porque, como señala el documento de Los Andes, una mala movilidad social implica una “mala asignación del capital humano, a lo que se le suma la ampliación y la perpetuación de la desigualdad”.

Pero quizás lo más lamentable es que lo observado por Sánchez y sus colegas no difiere mucho de lo que encontró el sociólogo Rodrigo Parra en los años 70, hace 40 años. “Cuando se mira con detenimiento a la sociedad colombiana –escribió entonces– se observa que las posibilidades de movilidad ascendente son mínimas. Solo existen para grupos específicos, estratos medios y altos urbanos, para quienes representa no un ascenso, sino un mantenimiento de su posición”. (Vea aquí: Mejores estudiantes gracias a la innovación en tecnología)

Radiografía del país

La mayor parte de los nuevos análisis, llevados a cabo por la Universidad de los Andes, se centraron entonces en los sectores vulnerables, que se midieron por una serie de variables y datos que iban desde las encuestas previas del país sobre calidad de vida, hasta los resultados de las pruebas Saber, bases de datos de deserción escolar, de acceso a seguridad social, nivel de profesionalización de los maestros y realidades determinadas por la geografía. Los diversos cruces estadísticos aplicados dan como resultado un índice de movilidad social que se expresa de 0 a 1, donde 1 es la mayor inmovilidad y 0 la mayor movilidad.

Bogotá es la región de Colombia con mayor movilidad social, con un coeficiente total que en el 2003 llegaba a 0,68 y en 2011 (los más recientes datos de calidad de vida), con una mejoría del 16,4 por ciento, a 0,57. Si solo se tuviera en cuenta la población vulnerable, la diferencia sería de 0,76 en 2003 y 0,69 en 2011, que en dicho caso sigue siendo el mejor índice del país. El segundo y tercer puesto lo ocupan los departamentos del Valle (0,64) y la región Atlántica (0,70). No obstante, es Antioquia la zona que más crecimiento de movilidad social ha tenido en el último tiempo (16,5 por ciento), pues pasó de un 0,85 en 2003 a un 0,71 en 2011.

Sin embargo, al desglosar la composición de las regiones, el profesor Sánchez reconoce que en los últimos años se ha abierto una suerte de corredor en el borde de la cordillera Oriental y los departamentos de Boyacá, Cundinamarca y Santander (ver mapa), “donde las oportunidades son mucho más grandes para personas con bajos ingresos”. En contraste, la región Central, que incluye departamentos como Caldas, Tolima, Huila y Caquetá, es la única que en el lapso evaluado ha tenido retroceso: entre el 2003 y el 2011 mantuvo su coeficiente general en 0,72, pero enfocado en población vulnerable, pasó de 0,75 a 0,80, lo que supone un decrecimiento del 7,6 por ciento. (Lea: 'Los resultados de las Pruebas Saber han mejorado en Cali': Polanco)

En el caso nacional, asegura Restrepo, estos declives y estancamientos corresponden a indicadores como la pobreza e ingreso per cápita de las regiones, a las características de los sistemas educativos locales (número de escuelas, de profesores) y la proximidad o lejanía de los municipios frente a las capitales departamentales.

A todas estas realidades se suma además el conflicto armado que por más de cinco décadas ha afectado al país. El profesor Sánchez afirma que la violencia ha tenido un impacto notable en las áreas afectadas con menores índices de progreso social. “¿Cómo podrían no verse afectados los registros de educación y deserción escolar en lugares en los que niños y maestros tienen que desplazarse de sus pueblos por la presencia de grupos irregulares y con altos índices de homicidios? El hecho afecta la calidad y la continuidad de los maestros (que llegan a no ser incluso profesionales de la enseñanza) y por ende el interés en la educación no tiene carácter prioritario”.

Toda esta acumulación de razones es al final la responsable de que las expectativas de movilidad ascendente sean limitadas para la población vulnerable y golpeen las mediciones del país a nivel internacional. En Suramérica, Brasil (0,85) se perfila como una nación más inmóvil que Colombia (0,72) que así mismo es superada por países como Perú (0,50) y Chile (0,46). Frente a los referentes norteamericanos la distancia es más corta con México (0,63) y mucho más amplia con Estados Unidos (0,35). “Debemos reconocer –puntualiza Sánchez– que en los últimos años las oportunidades de progreso en el país para la gente de niveles socioeconómicos bajos han presentado una mejoría, pero no podemos decir que están en su óptimo”.

Leonardo Villar, director ejecutivo de Fedesarrollo, está de acuerdo en que el camino por recorrer aún es bastante, pues a su juicio hay factores complementarios al acceso a la educación que inciden en la movilidad social: “En Colombia, la brecha de calidad entre la educación pública y la privada es muy alta y lleva a que los jóvenes cuyos padres tienen mayores posibilidades económicas se junten con jóvenes como ellos, para crear lo que popularmente conocemos como ‘contactos’. Este fenómeno ocurre incluso en los países desarrollados, pero es mitigado con una educación pública que por su alto nivel invita por igual a los diversos sectores sociales”.

¿Qué hacer entonces para mejorar y romper con la estática social en el país? José Manuel Restrepo, economista y rector de la Universidad del Rosario, apostaría por una mayor cobertura en educación de calidad, con mayores esfuerzos oficiales que permitan igualar al máximo las oportunidades con la promoción del talento de los jóvenes. “Hay programas en marcha y aún es muy pronto para conocer sus resultados. Debe haber más. La educación es el factor más determinante en la movilidad social”.

El economista Salomón Kalmanovitz considera que es urgente poner en marcha cambios en el sistema educativo, desde preescolar hasta el bachillerato con una decidida orientación hacia el nivel técnico. “Programas como ‘Ser pilo paga’ (becas en las mejores universidades a elección de los mejores estudiantes del sistema oficial) son buenos pero cobijan a menos del 1 por ciento de la población. La deserción en las universidades públicas supera el 50 por ciento y las instituciones parecen, a veces, más preocupadas por el juego político interno que por apoyar al estudiante en su ciclo. Adicionalmente, los vicios derivados de los sindicatos de maestros hace que sea difícil exigirles mayor calidad y compromiso. Deben venir varios cambios juntos.”. Dentro de las motivaciones que tuvo el estudio de la Universidad de los Andes estaba la de brindar una baza que pudiera dar luces para la generación de políticas públicas capaces de paliar el problema. Por eso, Fabio Sánchez y su equipo le presentaron el documento de 91 páginas al Ministerio de Educación para así diagnosticar mejor el problema y aplicar medidas. Por ahora, una transformación sustancial se ve lejana.

DIEGO ALARCÓN
Redacción Domingo

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