'En ocho meses dejé el cigarrillo, el alcohol y el trabajo': Maitena

'En ocho meses dejé el cigarrillo, el alcohol y el trabajo': Maitena

La célebre ilustradora se interna en su mundo más íntimo para contar cómo superó sus adicciones.

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14 de noviembre 2015 , 08:30 p.m.

“Si lo pensaba, decía: ‘¿Qué? ¡Estás loca! Esto no puede pasar’. Y, un año después, mi vida es una revolución. El amor, la vida con mis hijas, la separación, la recopilación de ‘Lo peor de Maitena’. Es como mucho”.

Delgadísima y de voz profunda, el pelo platinado hasta los hombros, la mano en una botella de agua mineral, se sienta frente a su escritorio, en uno de los dos apartamentos que habita muy cerca del centro de Buenos Aires, en un edificio francés de principios del siglo pasado.

En el escritorio de Maitena Burundarena –traducida a 12 idiomas en 33 países, y con una venta global que sobrepasa los dos millones de ejemplares– no hay cigarrillos. Ni botellas de aperitivos. Ni lápices o plumones. Hace diez años, dejó sus tres adicciones. Una de ellas, el trabajo excesivo, la posicionó en diarios de todo el mundo. Sus historietas se publicaron en ‘El País’, de España; ‘Le Figaro’, de Francia; ‘La Stampa’, de Italia, y ‘Folha de São Paulo’, de Brasil, entre otros. Ya no dibuja. Desde el 2005 se convirtió en escritora y en el 2011 salió su novela Rumble, que vendió 25.000 ejemplares en Argentina y España. Y las recientes recopilaciones de sus célebres historietas, ‘Lo mejor de Maitena’ (2013) y ‘Lo peor de Maitena’, publicada este año, han vendido unas 150.000 copias. (Lea también: El 10 % de pacientes con enfermedades mentales consumen drogas)

A los 53 años, Maitena es una mujer de fortuna. Pero esta noche, sentada frente a un laptop de última generación, en el apartamento que arrienda como estudio y que queda junto a otro propio, reflexiona: “El éxito no es que te vaya bien económicamente. El éxito es tener una buena vida. Que no te levantes angustiado y que no te sientas culpable. Y la gente que bebe, aunque no lo reconozca, muchos días se levanta triste. Y siente que hizo daño, dijo cosas que no debía decir e hizo cosas que no quería hacer”.

Usted dejó el alcohol hace diez años. ¿Vive hoy una vida distinta?

Estoy empezando una vida nueva. En este momento me siento más parecida a como era hace 25 años. Con cosas nuevas interiores, como la persona que era antes de hacerme conocida. Hay algo en mí, como que volví a otro lugar, anterior a eso.

¿A un lugar antes de dibujar?

No, yo dibujé siempre. El lugar de antes de ser famosa. Antes de vender millones de libros. Con algo de esa persona, pero más sana. Yo tuve toda una época muy loca también y mucha tranca con el alcohol. Ahora llevo la vida mejor, estoy contenta.

***

Maitena está en su mejor momento: se retiró del dibujo diario, no tiene preocupaciones económicas y viaja donde quiere. Efervescente, rejuvenecida, concentrada en el autocuidado y con ejercicios de pilates diarios, vive una etapa plena. Además de escribir, disfruta a sus hijas –Amaya, de 36 años, y Antonia, de 15– y a su nieta, de 10 meses, con las que vive. Cuando se cansa de Buenos Aires, vuela a su refugio en Uruguay. Allá, corriendo por la playa con sus perros y leyendo junto al fuego, vuelve a su calma interior, una calma que conquistó con dolor. El mar y la naturaleza, recuerda, fueron claves en su recuperación.

¿Sintió la necesidad de revelar su problema de adicción?

Contarlo es una manera de imponerme a mí misma no tomar una copa más. Me parece bien decirlo, para que mucha gente lo tome como que no es vergonzoso tener un problema y hacerte cargo. Y ayudarte a vos mismo y a tu familia. Por eso lo cuento, no porque me interese hacerme la pobrecita o decir algo explosivo. (Vea: El antes y después de una reina de belleza adicta a las drogas)

¿Su actitud la fortaleció?

Muchísimo. Dejé el cigarrillo, el alcohol y dejé de trabajar. Dejé esas tres adicciones en ocho meses. Dejar de fumar me dio una enorme dimensión de mi voluntad, porque pensé que nunca iba a poder. Si voy a una fiesta, me gusta disfrutar un puro. Pero ya no tengo dos paquetes de cigarrillos arriba del escritorio.

¿Lo trabajó con alguien?

Soy autodidacta. Siempre he tenido algún psicoanalista y, con ayuda de ellos, he hecho mi trabajo personal. Me metí en Alcohólicos Anónimos, pero no me gustó. Igual me sirvió, porque cuando decidí dejar de tomar, diez años después de ir a AA, hice todo lo que me enseñaron.

La maternidad le dio felicidad desde chica, pero también le dio su mayor dolor...

Yo he sido todo lo mamá que he podido, como todas las madres. La maternidad marcó a fuego mi vida, es el hecho más importante. Esto no te lo hubiera dicho en pleno momento de ‘Mujeres alteradas’ (la serie de viñetas que EL TIEMPO publica en su edición dominical) y en pleno auge de mi feminismo.

La maternidad marcó mi vida para siempre, al ser mamá a los 17 y a los 19 –Juan Pablo, de 34 años, vive independiente–, perder una hija a los 21, volver a ser madre a los 37. Lo más

Caricatura de Maitena. / Foto: Archivo particular.

importante que me ha pasado en la vida son mis cuatro hijos, porque Renata también fue mi hija. Mientras más grande te vas haciendo, más te importa. He sido una madre ‘Sexo, drogas y rock and roll’, una madre bastante particular. Por eso es que ahora tengo una gran oportunidad de estar cerca de mis hijas.

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Hablando de Renata, los ojos se le velan. Perder a su recién nacida fue su peor tragedia, en una época y en una familia donde estas cosas se sellaban con silencio. Maitena demoró 20 años en sacar la voz: “Fue un hecho muy triste, cuando yo tenía 21 años. Pero en esa época, uno no hablaba nunca más del tema. Se sacaba todo lo que recordaba el momento y se dejaba atrás. Mi madre perdió siete hijos, no uno... Perdió embarazos y una hija de 6 meses, que se le murió. Nunca se habló”.

 

En sus recuerdos de infancia ve a las familias católicas de Bellavista, una localidad a 30 kilómetros de Buenos Aires, donde vivían los Burundarena y donde esta dibujante creció con sus seis hermanos. Los matrimonios tenían hasta 12 hijos. Las mujeres perdían muchos embarazos y nadie preguntaba nada. (También: Cupos gratuitos para tratamientos de sustancias psicoactivas)

¿Ha logrado sanar ese dolor?

Es una herida que está mucho mejor, con los años. Y supongo que el alcohol tuvo que ver con eso. El momento en que decido dejar de tomar es el momento de un análisis, donde puedo hablar de eso y hacer el duelo.

¿Siente que ha renacido en estos últimos años?

Exacto. Y con alegría, muy optimista y medio inocente para algunas cosas... Tengo una cosa infantil y me gusta.

No soy ningún genio, pero tengo talento. Tengo unos hijos hermosos y sanos, y nos amamos. ¿De qué me voy a quejar? Tengo mucha suerte. Hay gente que no tiene nada. O mucho menos. Yo tengo salud, dinero y amor.

***

Caminando por su apartamento, Maitena habla de su reciente separación, de su nuevo amor y de su actual filosofía de vida, que ella bautiza como punk. También dice que hoy se considera un Pokemón, por su espíritu en permanente evolución. Y entrega detalles de sus nuevos libros, recopilación modernizada del trabajo de una vida. En ellos se refleja su cambio de óptica frente a la pareja, la familia y la sociedad, porque, subraya, ya no tiene las certezas que tenía hace diez o 15 años. Su propia vida les dio vuelta a sus esquemas. Para ‘Lo mejor de Maitena’, del 2013, escogió 300 páginas de las 2.000 originales, y en ‘Lo peor de Maitena’, de este año, selecciona su trabajo de historietas eróticas de los años 80 y 90. “Lo mejor es un trabajo antiguo y es una reedición, porque en vez de editar todo Maitena, escogí –explica–. Saqué palabras, globos y chistes, porque ahora todo es más rápido. Había palabras innecesarias e ideas con las que ya no estoy de acuerdo”.

¿Por ejemplo?

Tengo muy cambiado el mapa de lo que es el tema de la pareja, del amor, de los afectos. Me acabo de separar, después de 20 años, de mi cuarta pareja. Te voy a decir que ya no sé si estoy tan de acuerdo con todo lo que pensaba en ‘Mujeres alteradas’. No solo por mi separación, sino por lo que me viene pasando. Por eso hay una edición en el libro. Para mí era necesario, porque había demasiadas cosas naif o muy Susanita (el personaje de Quino). Yo tengo un poquito de eso. Ya lo estoy perdiendo (se ríe). ¡Por suerte, me estoy despertando! Hay unos mandatos sociales respecto de qué es la pareja, la familia, el amor, el éxito, la felicidad. Creo que en algunos temas tuve una visión sesgada por la cultura y creo que la cambié. A mí sigue sin importarme que alguien tenga sexo con otra persona, eso no interesa. Que alguien tenga una relación con otra persona, eso sí tiene importancia. (Lea: La historia del arte, contada en caricaturas)

Usted era como Susanita...

Sí, y se veía en mis libros. Creo que ya, al menos para mí, la relación de parejas con niños y vivir juntos no la veo más. Toda mi vida conviví con mis parejas. Me casé –por decirlo de alguna manera– y tuve hijos. Pero ahora estoy en otro momento de mi vida, en otra edad. Y empiezo a pensar en la posibilidad de una pareja que no contemple este estilo de relación.

¿No le interesa para el futuro?

Ya no creo en el futuro. Estoy viviendo un presente continuo. Tengo 53 años. Ya perdí a dos amigas por cáncer en los últimos cinco años. Esto también me hace mirar la vida cada vez de una manera más punk.

¿Antes sí creía?

Y sí. La pareja es eso. Cuando uno aguanta todo lo que aguanta en pareja, de alguna manera va apostando a esa vida en común, se visualiza al lado de esa persona. Y ahora mismo no me visualizo al lado de ninguna persona viviendo de ninguna manera.

Compartió 20 años con el padre de su hija menor y se enamoró profundamente. ¿Le dolió mucho separarse?

Muchísimo, el proceso fue largo. Fue duro para los dos. Pero yo soy muy tenaz. Con eso quiero decir que para mí, en este momento, el amor, la pareja, es la voluntad de seguir con el otro. Después vemos. Yo soy como un ave fénix eterna. Me prendí fuego varias veces, está probado.

Y está de nuevo enamorada...

Sí (sonríe).

¿Le cambió la perspectiva?

Me cambió la perspectiva en cuanto a que estoy en una relación que no la pienso a futuro. Y, sin embargo, funciona. Estoy contenta. Además, estoy en un momento muy particular, viviendo con mis dos hijas y con mi nieta. Yo fui madre adolescente; entonces, esta hija (Amaya) seguramente ha sufrido algún descuido. Para mí es una second chance esta de ser la madre que me hubiera gustado ser desde un principio.

Su último libro, ‘Lo peor de Maitena’, recopila sus historietas eróticas de 1986 a 1999 para las revistas de la Editorial La Urraca...

Es donde arranqué. Era joven y estaba aprendiendo; esto para mí fue la escuela. Miles y miles de horas por día. Era todo de sexo, de rimas groseras, que me divirtió mucho hacer, porque yo tengo un lado muy guarro (sucio, de la calle). Eran muy lindos mis personajes. Yo quería que me pasara todo lo que les pasaba.

¿Y le pasaba?

¡Sí! Me terminó pasando casi todo. Ese libro está bueno para la gente a la que le gusta dibujar. Es como un cuaderno de aprendizaje. Y con el condimento sexo, que lo hace más divertido. A mí me encantaba. El tema del sexo siempre me interesó.

¿Ve el sexo como lo veía cuando hacía esas tiras eróticas?

Me pasó algo interesante con ‘Lo peor’. Durante muchos años, tuve como vergüenza de ese trabajo, pero no por lo que se piensa –un poquito sí–, sino porque me parecía que estaba mal dibujado, que había muchos errores, que no estaba bueno, que estaba ñoño. Cuando lo volví a ver el año pasado y a leer todo ese material y editarlo, descubrí que todo lo que soy como ser sexual estaba ahí. El abanico de mi mundo, de mis fantasías, estaba ahí. Y esto tiene 30 años.

¿Era su reflejo?

Sí, y yo no lo sabía. Y, sin embargo, 30 años después, sigo siendo esa persona. El sexo se ha profundizado. A mí el sexo me encanta, soy fanática.

¿Un humorista tiene más dolores?

Sí. Todos los humoristas somos personas sensibles y muy dramáticas. Siempre dije que me iba a retirar joven porque hay una tendencia de los humoristas a ponerse demasiado reflexivos con el tiempo. Empiezan a dar mensajes generalmente negativos, moralistas, a burlarse de los tiempos modernos. Eso es muy de humorista grande. Yo no quise que me pasara eso. Con la edad, tu mundo se queda un poco atrás de lo que va pasando. Hay una cosa de mucha reflexión que está buena, pero es un poco amarga. Yo quise evitar ese riesgo, porque me gusta reír.

¿Fue su razón para retirarse?

Una de las razones. Yo ya había dado la vuelta. Ya había hablado mal de todo: del cuerpo, del amor, de la familia, de los hijos. Pero con cierta gracia. No quise hablar mal con amargura.

MARÍA CRISTINA JURADO
El Mercurio (GDA)
Buenos Aires.

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