¿Por qué hacer un atentado en París?

¿Por qué hacer un atentado en París?

Más de un millar de franceses se han enlistado en las filas del Estado Islámico en Siria.

14 de noviembre 2015 , 06:55 p.m.

Una vez más, París ha sufrido un ataque yihadista. No es el primero, ni probablemente tampoco será el último. El Estado Islámico (EI) la ha convertido en la diana predilecta de sus ataques, tanto por el papel protagónico que Francia ha asumido en la coalición antiyihadista como por la relevancia mediática de París, la ciudad más visitada del planeta.

El atentado es, ante todo, una demostración de fuerza. Un golpe de estas características requiere una detallada planificación y un buen conocimiento del terreno, por lo que todo apunta a que los responsables podrían ser retornados de Siria e Irak, curtidos en acciones de combate, y no ‘lobos solitarios’ que actúan por iniciativa propia.

No debemos olvidar que Francia es el principal exportador de yihadistas europeos a Oriente Próximo con cerca de un millar de combatientes que habrían viajado a Siria para integrarse en las filas del EI. Y los servicios de inteligencia creen que una cuarta parte ellos ya habrían retornado a territorio francés por la intensificación de los bombardeos de la coalición que dirige Estados Unidos.

También debe tenerse en cuenta que Francia es, con el Reino Unido, el país europeo más beligerante con el EI. El 27 de septiembre, la aviación francesa bombardeó por primera vez posiciones yihadistas en Siria. El presidente Francois Hollande enmarcó dichos ataques en la necesidad de preservar la seguridad nacional francesa. Los atentados ponen en evidencia que dicho objetivo dista de haberse alcanzado.

El protagonismo francés en la lucha contra el EI parece haber sido determinante en la elección de París por parte de los yihadistas. Hollande ha descrito los atentados como “un acto de guerra del EI contra Francia” y ha prometido una respuesta “implacable”. No obstante, si algo evidencian los atentados de París es precisamente el fracaso de la campaña aérea puesta en marcha hace un año. El EI no sólo no se ha resentido de dicha ofensiva, sino que ha sido capaz de extender sus dominios, tanto en Siria como en Irak, con la captura de las ciudades de Palmira y Ramadi, además de consolidar su control de Raqqa y Mosul y de captar a miles de nuevos adeptos, incluso en zonas del Sahel, el Magreb, Sinaí y Yemen.

Esta alarmante deriva requiere una profunda revisión de la estrategia y hacer frente al núcleo del problema de manera inmediata. Siria e Irak, donde el EI nació y se hizo fuerte, se han convertido en sendos Estados fallidos donde campan a sus anchas los grupos yihadistas aprovechando el vacío de poder existente. Estos grupos no sólo representan una amenaza para Occidente, sino también ponen en riesgo la estabilidad del conjunto de Oriente Próximo. En las pasadas semanas se han registrado brutales atentados yihadistas en Ankara, Bagdad o Beirut en los que la mayoría de las víctimas era musulmana. Ahora esta guerra de la barbarie contra la civilización se ha trasladado al corazón de Europa, que en los últimos años permaneció impasible ante el sangriento avance yihadista al considerar que dicha violencia no cruzaría el Mediterráneo. Los atentados de París parecen demostrar lo contrario.

IGNACIO ÁLVAREZ-OSSORIO
Profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la U. de Alicante

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