Muriel y Torres: dos hombres, dos historias... ¡Valientes en Chile!

Muriel y Torres: dos hombres, dos historias... ¡Valientes en Chile!

Pékerman apostó por ellos en el partido en Santiago y acertó. Hoy, destacados en Colombia.

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14 de noviembre 2015 , 05:09 p.m.

Luis Fernando Muriel y Daniel Torres pueden sacar pecho, con orgullo, con satisfacción. Ambos pasaron la prueba. José Pékerman confió en ellos, los puso de titulares frente a Chile. Fueron las sorpresas de la alineación. Muriel nunca había sido inicialista en un partido oficial de la Selección; Torres nunca había jugado con Colombia. Tenían una enorme responsabilidad, estaban expuestos, pero no desentonaron. Por el contrario, fueron fundamentales para lograr ese resultado en Santiago.

Muriel, tantas veces alejado de la Selección, fue un toro en ataque, gestó el gol de James Rodríguez; Torres, tantas veces esperando una convocatoria, aprovechó su primera oportunidad. Fue una fiera en la mitad de la cancha. Mostró tanta personalidad que no parecía ser su primer partido con el equipo.

Ambos, de paso, dieron motivos para volver a ser tenidos en cuenta, demostraron que pueden ser importantes en la eliminatoria. Ahora Colombia se enfrentará a Argentina, este martes, y aunque nada garantiza que ellos estén nuevamente en la titular, al menos dejaron su sello. (Lea también: 'También tenemos presión por ganar': Jeison Murillo)

Muriel y Torres tuvieron un partido para sonreír, para dejar atrás las adversidades que ambos han tenido. Estas son sus historias.

Muriel por fin se sacó la espinita en la Selección

Muriel ubicó la pelota en el punto penalti. Su rostro era recio. Parecía muy concentrado. Tomó distancia. Miró al arquero, al balón, escuchó el silbato y corrió. Impactó con tanta fuerza el balón que este se elevó lejos del arco. Muriel, desconsolado, miró el césped, intentó encontrar un morro, un bache, un culpable. Así fue su amarga despedida de la pasada Copa América en Chile, en el juego contra Argentina. Necesitaba revancha en la Selección. La necesitaba pronto.

Luis Fernando Muriel jugando un amistoso contra Bélgica. (Archivo EL TIEMPO)

Una hora antes del partido entre Colombia y Chile, el pasado jueves, había mucha expectativa por la titular de José Pékerman. Había especulaciones. Se barajaban nombres, esquemas. Lo que no parecía probable es que Luis Fernando Muriel, quien regresó a la convocatoria tras la amargura de la Copa, fuera el titular. (Vea: El Colombia vs. Argentina se juega el martes a las 3:30 p. m.)

Muriel nunca había sido inicialista de la Selección en un partido oficial. Lo fue en dos amistosos, contra Serbia y Bélgica. Hizo un gol contra Guatemala. Ese era su historial. Incluso, pese a ser habitual de las convocatorias, se quedó por fuera del Mundial de Brasil, por decisión técnica. Otro golpe que ameritaba una reivindicación.

En la Copa América, solo actuó en el juego contra Argentina. Entró para errar el penalti. Para sufrir la eliminación. Para ser uno de los señalados. Le quedaba esperar otra oportunidad.

El camino de Muriel

Muriel es un jugador joven. Tiene 24 años y desde hace cinco juega en Europa. Nació en Santo Tomás, Atlántico. Desde chico, comenzó a ser comparado, por su aspecto y sus características, con el exdelantero Iván René Valenciano. Le decían ‘Valencianito’.

Arrancó en las menores del Junior, pero se formó en el Deportivo Cali, en el que debutó. Tuvo un rápido paso a Europa, al Udinese de Italia, que primero lo cedió al Granada de España, en el que tuvo poca actividad. Luego pasó al Lecce, volvió a Udiense, y ahora juega en la Sampdoria.

Fue uno de los jugadores importantes de la Selección Sub-20 que ganó el torneo Esperanzas de Toulon y que llegó a cuartos de final en el Mundial juvenil en el 2011. Ahí compartió con James, con Arias, con Murillo y con Bonilla, hoy todos de Selección mayor.

Su primer llamado al equipo de mayores fue justamente por Pékerman, quien lo tuvo en cuenta para el inicio de su era en la pasada eliminatoria. Casi siempre lo convocó, pero no lo llevó al Mundial.

Hoy, Muriel, que ha pasado lesiones, etapas de bajo nivel y que quedó fuera del Mundial, parece vivir un renacer. En Sampdoria, lleva cuatro goles esta temporada. Por eso, Pékerman volvió a darle confianza, lo citó y le tenía una misión.

Luis Fernando Muriel celebrando un gol con la camiseta de la Sampdoria. (AFP)

El desquite

El juego en Santiago fue muy complicado para Colombia. Muriel, quizá con esas ansias de demostrar su momento, peleó cada pelota con decisión, no quería pasar desapercibido. No lo hizo. Se tomó confianza. Encontró libertades, atacó con picardía, entrometiéndose en el territorio chileno. Se convirtió en un molesto estorbo. Cumplía el pedido. “Desde que llegué, el profe me comentó el plan que tenía. Chile ataca mucho, pero deja espacios. Con mi velocidad y mi regate podíamos hacerle daño, y eso fue lo que hicimos”, confesó el jugador.

Había hecho un par de intentos de la misma manera, entrando al área con velocidad y potencia, hasta que tuvo recompensa, cuando le cruzó esa pelota atrás a James, quien anotó el gol del empate; luego señaló a Muriel, otorgándole un justo reconocimiento al hombre que gestó la acción del valioso empate.

“Lo soñaba, lo esperaba y se me dio la oportunidad de ser titular y demostrar todo lo que puedo dar”, dijo con emoción, dejando atrás las amarguras.

Luego de su asistencia, fue reemplazado, se fue exhausto. “No puedo más”, parecía que decía en la imagen de TV mientras respiraba hondo. “Viví momentos difíciles. La verdad, este es el premio a ese sufrimiento. Era un partido perfecto para mi juego, lo aproveché”, dijo Muriel, que tuvo su partido anhelado, el de su desquite.

El fútbol y la fe enderezaron el camino de Torres

Daniel Torres no pasó desapercibido. Era su estreno. Su ansiada oportunidad. La que esperaba hace años. Se vistió de amarillo el pasado jueves como si esa camiseta no le fuera ajena. Como si no le pesara. Como si llevara muchas batallas en la Selección Colombia. Pero era la primera, y contra Chile. Corrió, luchó,  acertó en sus pases; incluso, pudo hacer un gol. Torres esperó mucho para vivir este momento.

Su llamado al combinado nacional se aplazó muchas veces. La prensa, con insistencia, sugirió su nombre. Pékerman, una y otra vez, tuvo que argumentar que lo seguía. Pero no lo llamaba. Pasó una eliminatoria, Mundial, Copa América, amistosos, para que por fin su nombre estuviera en la lista.

Ni cuando tuvo su mejor nivel en Santa Fe llegó el llamado. Este semestre, pasó al Medellín y entonces se le abrió la puerta. Un premio a su perseverancia. A su evolución como futbolista, a su transformación como persona. Torres ha superado adversidades, sabe ganar batallas.

El cambio de Torres

Daniel Torres está cumpliendo este domingo 26 años de edad. Y seguramente será un cumpleaños inolvidable porque está pasando por el mejor momento de su carrera y, quizá, de su vida. Una vida llena de contrastes, de dificultades que dejó atrás. Torres pudo haber desaprovechado su talento por culpa de enemigos peligrosos: el alcohol, la fama. “Caí en el licor, en la rumba. Eso hizo que no fuera tan estable en mi rendimiento deportivo”, ha reconocido muchas veces.

Llegó a perder a su esposa Natalia, de quien se separó; se alejó de su hijo Manuel. En Santa Fe, donde se formó y donde debutó, arriesgaba su puesto: llegaba tarde a entrenar. Se le veía en la noche de rumba. Luego fue a Nacional y allí vivió una etapa crítica. Jugaba poco y se aferró más al licor. Su carrera se estaba desmoronando.

Daniel Torres, en un partido cuando era jugador de Santa Fe. (Archivo EL TIEMPO)

“Su caso fue muy difícil, llegó a tocar fondo. Pensamos que no iba a poder salir de eso. Hubo momentos en que la junta directiva de Santa Fe iba a tomar decisiones drásticas. Pero se buscó la forma de ayudarlo. Afortunadamente, recapacitó, tomó el camino de Dios”, contó el DT Wilson Gutiérrez, quien fue su entrenador en Santa Fe.

Alguien que le dio la mano fue el presidente del club cardenal, César Pastrana, quien no le cerró las puertas. “Daniel hizo ese compromiso de cambiar porque sabía que las puertas se le cerraban –cuenta Pastrana–. Lo sostuve siempre, le di la oportunidad, sabiendo y creyendo en lo buena persona que es y en sus condiciones. Llegó un momento en el que se estaba perdiendo. Había que ayudarle. Cambió. Hoy en día, es un ser íntegro. Nos dio mucho”.

El cambio de Torres fue radical. Cuentan sus cercanos que iba a centros para tratar el tema del alcohol, que comenzó a aferrarse a la palabra de Dios, ayudado por amigos, su familia, y una guía espiritual, Sandra Merino, muy cercana al mundo del fútbol, y quien lo llevó de la mano.

“En Nacional, él no estaba centrado en el fútbol, no estaba enfocado, estaba deslumbrado. No era alcohólico, pero iba para allá. Lo que hice fue direccionarlo. Tuvo que ver su disposición”, cuenta Sandra.

Torres recuperó a su familia, dejó el alcohol, mejoró su nivel deportivo, se volvió un jugador como para la Selección. Esperaba.

Daniel Torres, el ahora capitán del DIM. (Archivo EL TIEMPO)

¡Por fin!

Antes de comenzar el partido contra Chile, Daniel habló con Sandra Merino. “Estoy tranquilo, estoy fresco, estoy seguro”, le dijo. Sandra le recordó un mensaje que compartieron en muchas oraciones, cada que había una convocatoria y él no aparecía en la lista. “Si vas a la Selección, que puedas jugar y que seas victorioso”.

Así fue. Daniel no solo recibió su primer llamado, sino que fue titular y salió con la frente en alto de Chile. “Las directrices han funcionado, él es un líder y tiene un potencial tremendo”, indicó Merino. Torres está curtido en las batallas de la vida. Esta no le iba a quedar grande.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabbloRomeroET

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