La caja de Pandora fundamentalista islámica golpea nuevamente a París

La caja de Pandora fundamentalista islámica golpea nuevamente a París

Análisis / Cuatro factores que han llevado a usar el terrorismo como medio para atacar a Occidente.

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14 de noviembre 2015 , 06:20 a.m.

Al momento de escribir estas líneas los medios de comunicación internacionales reportan entre 120 y 140 muertos en los atentados que tuvieron lugar en la noche del viernes en distintos sitios de Paris y realizados de manera prácticamente simultánea. Todas las informaciones señalan a militantes fundamentalistas islámicos, presumiblemente pertenecientes al llamado ‘Estado Islámico’, que al final se ha reivindicado los ataques. (Lea también: Grupo Estado Islámico reivindica los ataques en París)

La coincidencia de los atentados en Paris no corresponde solamente a Francia, se da en el mismo día en que los mismos medios señalan la posible eliminación de Mohamed Emwazi, conocido como 'John, el Yihadisa', un británico que se apareció en varios videos degollando rehenes occidentales, de dos atentados con varias decenas de muertos y heridos en una zona chiita de Beirut y la expulsión armada del Estado Islámico de la ciudad de Sinjar al norte de Iraq.

Aparte de la espectacularidad de los hechos de Paris que muestran la precariedad de las medidas de seguridad frente a la voluntad de hacer daño por parte de militantes islámicos radicalizados a aquellos que consideran enemigos del Islam o, más específicamente, de una rama de la comunidad islámica, los sunnitas, a la cual pertenece el llamado Estado Islámico es importante intentar comprender el trasfondo de este tipo de acciones que atacan de manera indiscriminada a personas que nada tienen que ver con las decisiones de las autoridades de los Estados de los cuales son ciudadanos. (Lea también: Francia es un blanco demasiado atractivo para el terrorismo / Análisis)

Sería demasiado largo indicar todos los factores que han conducido a una fracción de la comunidad de Islam a utilizar el terrorismo como medio para atacar a las sociedades y autoridades estatales de los países occidentales y a aquellos que en sus territorios consideran enemigos de la ‘verdadera’ religión y aliados de los occidentales.

Se van a señalar solamente cuatro, relativamente recientes en términos históricos y que explican la utilización de la metáfora de la caja de Pandora y que se relacionan con la miopía de los dirigentes de los Estados Unidos de Norteamérica al definir su política exterior, en particular con respecto a las sociedades donde la religión del Islam es predominante.

1. El primer factor tuvo lugar en la década de los ochenta del siglo pasado cuando la administración Reagan decidió con el apoyo de Arabia Saudita y Pakistán apoyar a las facciones más radicales de la resistencia islámica armada contra la invasión soviética a Afganistán en 1979 y a facilitar la movilización y proporcionar entrenamiento y financiación de militantes provenientes de todas las regiones del Islam.

En aquel período los muhadines[2] no eran considerados enemigos y se los denominaba como ‘Luchadores por la Libertad’ (al igual que los paramilitares de la Contra en Nicaragua, o la UNITA en Angola o la Renamo en Mozambique). El objetivo declarado de las autoridades norteamericanas era convertir a Afganistán en el Vietnam de los soviéticos.  (Lea también: París, de nuevo en la mira del terror)

Una vez logrado el objetivo, uno de los factores que posteriormente llevó a la implosión de la Unión Soviética, los norteamericanos abandonaron (como lo harían en los otros sitios señalados) a Afganistán a su suerte y a una espiral de violencia que permitió el surgimiento de los Talibán y la expansión de Al Qaeda que se fortaleció con el retorno de combatientes a sus lugares de origen.

2. El segundo factor, la expulsión de Saddam Hussein en 1991 de Kuwait. Sin justificar las acciones del dirigente iraquí, los Estados Unidos de Norteamérica, que lo habían apoyado durante la década de los ochenta, al igual que los Estados de Europa occidental durante la guerra que Iraq desencadenó contra el régimen iraní de los religiosos shiitas, con la anuencia de las autoridades de Arabia Saudita utilizaron el territorio de este Estado que alberga los dos lugares más sagrados del Islam, la Meca y Medina (el tercero es Jerusalem) como plataforma para atacar las fuerzas iraquís lo que llevó a la dirigencia de Al Qaeda a declarar la guerra contra los ‘infieles’ que ofendían con su presencia militar el suelo sagrado.

3. El tercer factor, la invasión a Afganistán en el 2001.Pretender que era posible derrotar al terrorismo islámico personificado por Al Qaeda utilizando medios convencionales de guerra, fue, aparte de otras consideraciones, el mayor error de las administraciones de Bush II. No sólo no acabó con esta ‘organización’, sino que elementos afines o influidas por ella aparecieron como champiñones en toda la geografía del Islam sunnita. El error se agravó con la invasión a Iraq en el 2003 con los pretextos falsos de una alianza entre el régimen de Saddam Hussein y al Qaeda y el desarrollo de un programa de armas de destrucción masiva. El derrocamiento de Hussein llevó a destrucción de los aparatos represivos de su régimen y a dejar sin control a miles de sus miembros que ante la marginación de los sunnitas de las nuevas estructuras de poder entraron a formar parte de milicias que tenían como objetivo luchar contra el invasor occidental y contra las autoridades colocadas por éste, que representaban en lo esencial los intereses de la comunidad shiita iraquí y se percibían como apéndices del enemigo shiita iraní.

4. El cuarto factor se liga inmediatamente con el anterior. Aprovechando las condiciones generadas por la mal llamada ‘Primavera Árabe’, los Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados, los regímenes fundamentalistas islámicos de Arabia Saudita y de los distintos Estados del Golfo Árabo-Pérsico (Emiratos, Qatar, Bahrein) consideraron que era el momento de eliminar a Bashar Al Assad, presidente de Siria y aliado de Irán, financiando a grupos sunnitas y reproduciendo el fenómeno que había tenido lugar en Afganistán en la década de los ochenta del siglo anterior, permitiendo la movilización de militantes de todas las regiones donde hay comunidades islámicas.

El problema que se relaciona directamente con este factor es que a diferencia del período mencionado el llamado a combatir no sólo hizo eco en las sociedades mayoritariamente musulmanas sino, igualmente, en las juventudes marginadas de las comunidades establecidas en las sociedades desarrolladas occidentales.

Hoy, los Estados de Europa occidental que son vistos como aliados de los Estados Unidos de Norteamérica ven como el llamado a combatir a los ‘infieles’ hace mella en esa juventud sin opciones de futuro y potenciada por el retorno de combatientes que bajo la bandera del Estado Islámico han combatido en Iraq, Siria y en otras regiones del mundo de Islam y de sus ‘enemigos’.

Como se mencionó al comienzo estos son factores son relativamente recientes, un análisis más profundo requeriría hacer mención detallada de la expansión europea, particularmente en el siglo XIX en tierras del Islam, la traición a las aspiraciones del mundo árabe a comienzos del siglo XX, particularmente de Gran Bretaña y Francia cuando se repartieron los territorios del Cercano Oriente ante la desaparición del Imperio Otomano como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, el apoyo irrestricto al Estado de Israel y al despojo de la población árabe de Palestina, y el apoyo a los regímenes dictatoriales y corruptos en toda la extensión de los territorios del Islam con el pretexto de estabilidad. (Lea también: El doloroso paso a paso de una noche de horror en París)

Francia esta ensangrentada y enlutada y nada justifica las acciones terroristas en nombre de cualquier expresión religiosa, en este caso del Islam, pero los hechos inmediatos y coyunturales no pueden obnubilar la comprensión de las causas profundas que están detrás de ellos. No se pretende que estos factores sean las únicas causas pero han jugado y juegan un papel central en su desarrollo.

BENJAMÍN HERRERA CHAVES
[1] Profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Bogotá
[2] Guerrilleros del Islam o combatientes de Alá

 

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