'Corruptour', la obra teatral sobre Jaime Garzón que viaja en chiva

'Corruptour', la obra teatral sobre Jaime Garzón que viaja en chiva

La puesta en escena analiza las causas, culpables y consecuencias del asesinato del comediante.

notitle
13 de noviembre 2015 , 08:47 p.m.

Esa chiva es Colombia. Se llama La Prepago y la primera vez que la dramaturga antioqueña Verónica Ochoa se subió en ella encontró esas secuelas tan particulares que producen las parrandas colombianas: latas de cerveza, envases vacíos, vasos usados, restos...

Es, además, el vehículo perfecto para ese “viaje por el infierno” que ideó Ochoa con el Corruptour, un montaje que trasciende el teatro tradicional y además se centra en la figura del asesinado comediante Jaime Garzón.
Emulando a la Divina comedia, de Dante, el Corruptour propone un viaje nocturno por Bogotá con la intención de buscar a los supuestos asesinos de Garzón. En La Prepago se trasladarán cuarenta espectadores que serán cómplices de esta travesía de más de dos horas con la que Ochoa rinde tributo a un personaje que para ella va mucho más allá del humor.

“Jaime Garzón nos hizo tener una mirada crítica sobre esas cosas absurdas que pasan en este país. De alguna manera, su meter el dedo en la llaga hacía que la gente no se durmiera tan fácil, que no le metieran los dedos de la manera en que nos los meten ahora”, cuenta la escritora, a propósito de los motivos que la llevaron a crear esta pieza, que el año pasado ganó la Beca de Dramaturgia del Ministerio de Cultura y que acaba de comenzar una corta temporada de diez funciones.

Corrupción sobre ruedas

El concepto de teatro en movimiento que alimenta el Corruptour es de hecho una franquicia con sede en la República Checa. Su creador, Petr Šourek, planteó un esquema de turismo con el que aprovecha para denunciar la corrupción de su país.

Šourek autorizó a Ochoa utilizar el formato, pero la dramaturga se distanció de esa pequeña camioneta blanca del tour checo. Para ellla, era un vehículo demasiado insulso y aséptico para lo que quería lograr con su puesta en escena. Ahí fue que apareció la idea de la chiva, nuestro más pintoresco medio de transporte.
El concepto se mantiene: esa posibilidad de intervenir la ciudad e impactar a un público que quizás no va a ir a un teatro a ver sus obras.

“Para mí era importante que la gente entendiera que la corrupción no es una cosa que ocurre por allá en un sótano de una fiscalía donde unos tipos con guantes negros están desapareciendo evidencia. La corrupción está en todo y está ahí afuera”.

El Corruptour colombiano tiene cuatro azafatas: Isabel Gaona, Natalia Ramírez, Paula Estrada y la propia Ochoa. Ellas van vestidas de amarillo, azul y rojo, y de un negro que representa un luto latente. También van contando la espina dorsal del agudo y crítico texto, que está impregnado de un humor crudo y sin concesiones. “Vamos por partes, como los paramilitares”, dice una de ellas antes de empezar a profundizar en el caso Garzón.

El recorrido se inicia en el poste en el que se estrelló la camioneta del comediante cuando lo asesinaron, cerca de Corferias.

Cada tanto, La Prepago se detiene para que se suban personajes como un par de militares que se besan apasionadamente en la calle, un comediante desempleado con carencias sexuales y hasta un cantante que pide limosnas en los buses, pero que resulta ser el músico Edson Velandia. Él interpreta su canción La muerte de Jaime Garzón, en la que describe una supuesta conversación entre el humorista y el sicario que lo acribilló a balazos.
La dramaturga es consciente de que es un reto eso de andar actuando montado en una chiva o de interpretar, en plena carrera séptima y sin ninguna advertencia, una escena en la que dos matones muelen a golpes a un payaso.

“Acá cualquier cosa puede pasar. Pueden parar la chiva por algún motivo, pueden joder a alguien que esté haciendo una de las intervenciones en la calle y eso nos pone en una situación más allá de actores, nos pone en una situación también de ciudadanos... Además, que nos confinen a nosotros en nuestros teatros me parece una medida de control que no me gusta. Entonces sí, obviamente, el riesgo es total”.

Este montaje es una especie de ‘teatro de guerrilla’, un espíritu que incluso se ve en su página de internet, que detrás de la fachada de productos que prometen resultados milagrosos esconde toda la información de las funciones.
El principal ‘secuaz’ de este viaje es Felipe Vergara, codirector de la producción, y con quien Ochoa trabajó en el Teatro Varasanta y en otras obras como Retrato involuntario de Luigi Pirandello, su ópera prima.

“Necesitaba a alguien más sabio que yo, alguien que pudiera hacer mejor la filigrana, por ejemplo, de la dirección de actores. Entonces lo llamé y le dije: ‘Pipe, ya hemos sido cómplices, incurramos en esta, aquí vamos a tocar fondo’ ”.
El cartel del Corruptour está conformado por un grupo de más de 20 actores, o cabecillas, instigadores y perpetradores, como los califica la página web. Son artistas con una probada trayectoria en el teatro colombiano, como el actor y maestro Juan Manuel Combariza, los directores Jimmy Rangel e Iván Carvajal, y los actores Nicolás Cancino, Erik Rodríguez, Bernardo García, Esperanza Garzón y Angélica Martín.

La chiva recoge actores durante el recorrido. En esta escena aparece Dioselina, encarnada por Esperanza Garzón. Fotos: Catalina Cortés / EL TIEMPO

“Se vuelve una sinergia, ya no es una obra mía –enfatiza Ochoa–, es una obra de una mano de gente que vino aquí, puso su ficha y todos estamos en la misma condición... Siento que el aura, el espíritu de Garzón generó ese magnetismo que me dio la bendición de contar con los actores que yo más admiro en este país”.

Inti y Heriberto

Cuando concursaba en becas de dramaturgia, Ochoa solía firmar con el seudónimo de Inti de la Hoz, nombre que tomó de ese personaje de Garzón que se valía del estereotipo del ‘gomelo’ de pronunciación insoportable. Otro de sus personajes preferidos del comediante eran el compañero John Lenin, un fanático empedernido del socialismo, y el ultraconservador Godofredo Cínico Caspa. Pero su preferido es Heriberto de la Calle.

“Cumplía el deseo profundo de uno como ciudadano indignado de ‘cascar’ a los corruptos, de frentearlos y de cantarles la tabla en la cara. Yo siento que él mantenía vivo ese impulso de no dejar que nos rayaran la cara tan fácilmente... Sin duda, Heriberto fue la cumbre, el más depurado de todos esos personajes”.

La escritora decidió revivir algunos de los personajes de Garzón y crearles un discurso sobre lo que podrían sentir hoy y lo que habrían dicho sobre la muerte de su creador. Además, habló con Antonio Morales, guionista y director de Quac, el noticiero de parodia que protagonizó Garzón, quien le ayudó a configurar la primera columna vertebral de la obra. “Era detectar quiénes eran los autores, porque siempre se habla de un autor material y uno intelectual, pero él puso sobre la palestra al autor ideológico, y eso me parecía fascinante”.

También consultó la investigación judicial, que ya está desclasificada, se entrevistó con Alirio Uribe, abogado de la familia Garzón, e incluso creó una especie de túnel de la nostalgia, una hemeroteca en la que recuerda qué estaba ocurriendo en el mundo cuando nació el comediante.

Adicionalmente hizo una pesquisa sobre las ideologías, con la filósofa Hannah Arendt como referente principal. Y en una de sus clases en la maestría de Artes Vivas de la Universidad Nacional descubrió una premisa teórica que fundamental para el Corruptour: “Era algo que decía Walter Benjamin y que yo entendí así: ‘Los muertos que no han conocido justicia nunca descansan, y cada día que pasa sin que uno de esos mártires haya conocido justicia, es un día más que el verdugo triunfa’ ”.

Encuentro conmovedor

Solo hace unos días Ochoa se reunió con Marisol Garzón, la hermana del fallecido humorista, para contarle el proyecto. Le advirtieron que Marisol era muy cuidadosa con el legado de su hermano.

“Es una mujer muy integra –cuenta–, pero también a la que le han destrozado la vida, la visión del mundo, por tener que vivir sintiéndose perseguida, de tener que defender el nombre de su hermano. Esto es lo más duro de todo, en este país a veces no basta con que te acribillen, te desaparezcan; además, encima de tu tumba siguen ultrajando tu nombre, tratando de borrar tu existencia, tu legado y tus ideas. De estigmatizarte”.

Habla como si le contara de nuevo el proyecto a Marisol, como si una figura invisible se atravesara y tuviera que romper de nuevo la coraza diciéndole que ella, como ciudadana, llegó a un punto de no retorno, de no tolerar más que este tipo de crímenes queden impunes.

“Se estableció un punto de contacto entre las dos. El impulso mío para hacer el Corruptour no era otro sino decir: ‘Listo, se van a salir con la suya nuevamente, pero nosotros estamos aquí y sabemos cómo fue la vuelta. Sabemos qué pasa, no olvidamos a Garzón y no vamos a dejar que se olvide su legado’”.

La invitación está abierta para que Marisol sea una de esas 400 personas que se subirán en La Prepago a darle vueltas a la ciudad al son de la pluma de la dramaturga.

Teatro para arruinarse

Ochoa se define como una especie de pesimista que no se puede quedar quieta. Así fue como nacieron este homenaje a Garzón y también otras obras suyas como Retrato involuntario..., Pin-Up Tragedy e Insultos al público.
En todas hay una especie de diatriba, ya sea hacia el maltrato, hacia el teatro o hacia el espectáculo. “Todo el mundo grita en mis obras, todos están emputados”.

Suena a broma, pero es una declaración que también refleja un estilo alejado de las formas convencionales de la dramaturgia, que no es complaciente con el público. “Esto va a ser un problema en mi vida, yo no hago teatro para vivir de él, pareciera que lo hago para arruinarme. Lo que yo sé es que no puedo menguarle potencia a mi expresividad por esperar agradarle a un público. Digamos que para mí esa pureza de la expresión es muy importante”.

Recientemente, Ochoa ganó el premio de dramaturgia Teatro en Estudio con Barrio malevo, de corte costumbrista, sobre el ambiente del tango en un barrio popular de Medellín. Corruptour será su último manifiesto. Un manifiesto que deja secuelas de fiesta a su paso. Como la azafata de vestido amarillo bailando al lado de la estatua de Garzón, como Dioselina corriendo asustada por una calle desolada. Y los silbidos lascivos de un peatón cuando pasa la chiva o los madrazos al aire de uno de los actores.

La última parada de La Prepago es en la avenida El Dorado, ante el mural inmenso con el rostro sonriente de Garzón. Antes de llegar, John Lenin, Inti de la Hoz y las azafatas prepararon el terreno para una ‘guerra de almohadas’ con los espectadores. En esta anarquía que creó Ochoa, las balas y los sobornos se cambian por la sensación, o mejor, la esperanza, de que se tendría que poder caminar por la calle sin sentir miedo.

Para verla

'Corruptour' se podrá ver hasta noviembre 28, de martes a sábado. El punto de encuentro es en la estatua de Jaime Garzón, costado sur-occidental de Corferias. Vaya muy abrigado.
Informes: http://mercorrupto.com/ y teléfono 462-7252.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento
Twitter: @YhoLoaiza

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.