91 años de literatura

91 años de literatura

Resulta apenas justo reconocer hoy la extraordinaria vida del narrador chocoano Arnoldo Palacios.

13 de noviembre 2015 , 08:43 p.m.

Colombia ha tenido escritores extraordinarios desde mediados del siglo XIX, pero solo algunos han sobrevivido a lo que el recientemente fallecido Óscar Collazos llamó “las acechanzas del olvido”: el narrador Arnoldo Palacios, que nació en Cértegui (Chocó) en 1924 y murió en Bogotá hace dos días, consiguió pasar a la historia de la literatura colombiana desde que en 1948 escribió ese eslabón de la cadena que se titula 'Las estrellas son negras'. Se trata de una magnífica novela psicológica moderna, de lenguaje escueto y espíritu crítico, pero nada panfletario –cuenta la tragedia de Israel, Irra, que sueña con ser el héroe que mate al intendente–, pero al mismo tiempo documenta como un libro de antropología al Quibdó de los años 40, una ciudad erigida en medio de la selva y de espaldas a la pobreza.

Palacios, que vivió una infancia marcada por la polio y los recuerdos de los tiempos de la esclavitud, aprendió el amor por la lectura de unos tíos que le prestaban los libros que los gobiernos liberales enviaban al pueblo y a los 12 años descubrió su vocación literaria cuando se vio en la necesidad de redactar unas palabras para el funeral de una prima, escribió la novela en cuestión –relevante y bella hasta hoy, como el resto de su obra– en una oficina en Bogotá, pero tuvo que reescribirla de memoria en apenas tres semanas luego de que se quemara en los incendios del Bogotazo. Se fue a París en 1949 a estudiar lenguas clásicas en la Sorbona. Volvió 50 años después de hacer una familia francesa, de construir una carrera literaria en francés, de cruzarse con los grandes artistas del siglo XX.

Las estrellas son negras, mientras tanto, a ojos de los académicos pasó de ser un interesante documento sobre 24 horas en un paraje chocoano detenido en el tiempo a ser una novela fundamental de nuestra literatura. Se reeditó en los 70, en los 90 y en el 2010. Sus bellas descripciones y sus diálogos conmovedores (“Adió, pué... Poltate bié... No le hagái mal a naide...”) dejaron de ser un valioso testimonio para convertirse en el retrato de lo que puede hacer un hombre para preservar su humanidad. Resulta apenas justo que Palacios, lleno de humor y de bondad, como pocos haya sido reconocido en vida.

(Lea la entrevista que Revista Bocas le hizo al escritor: El hijo del carpintero del Chocó que se convirtió en conde en París)


editorial@eltiempo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.