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Política cultural / Columna de opinión

Henry Murraín
Entendemos como política cultural al ejercicio de reflexividad que cuestiona aquello que somos y aquello que hacemos. Como lo plantea Richard Rorty, la cuestión de la política cultura abarca, entre otros temas, los debates sobre las palabras que usamos. Estamos en el terreno de la política cultural cuando nos planteamos cuestionamientos del tipo: “deberíamos dejar de usar la palabra indio para describir a una persona mal comportada” o “deberíamos dejar de decirles a los niños que las niñas son débiles”.
La “cultura” es nada más y nada menos que todo nuestro “sistema mundo”. La forma como nos representamos el mundo y la forma como hacemos las cosas es estructurada por la cultua. Sin embargo, la cultura no está petrificada y podemos permitirnos examinar aspectos de la construcción social de nuestra realidad que pueden estar soslayando nuestros ideales colectivos de convivencia. Antanas Mockus es tal vez el único gobernante latinoamericano que ha puesto la cuestión cultural como base de su gestión comprendiendo que la ciudad no se hace mejor simplemente administrando las finanzas públicas, ejecutando obras y proponiendo nuevas leyes. Debemos ver también cómo nos comportamos, cómo hablamos y cómo nos relacionamos, sin embargo no estamos acostumbrados a imaginar buenas cosas de nuestra sociedad.
No estamos acostumbrados a las narrativas que incluyan una descripción positiva de lo que somos, téngase en cuenta por ejemplo que denominamos “colombianadas” a las cosas mal hechas. En una sociedad en la que convivimos con una descripción peyorativa de “lo que somos” la cultura ciudadana significó un quiebre de tono porque instaló una perspectiva de posibilidad: “podemos hacer mejor las cosas”. Tal vez eso explica, en parte, la razón por la cual las administraciones de Mockus mostraron semejantes niveles de crecimiento del optimismo. Según la medición de Gallup, el año de mayor optimismo de los de los bogotanos se presentó al cierre del segundo gobierno Mockus (76%) mostrando un alza sostenida desde su arranque. Hoy, en la medición de agosto se muestra que el gobierno Petro viene cerrando en 19.
Poner la cultura en el centro del debate sobre la mejora de ciudad sigue siendo una prioridad. Por ejemplo, aunque en Colombia en el año 2013 se implementó la sanción jurídica más estricta de América por conducir en estado de embriaguez, la tasa de muertes en accidentes de tránsito no mostro reducciones después de advertir semejante sanción. Aunque la policía puede mostrar un buen record de multas, la verdad es que cada año hay más muertes en accidentes de tránsito en el país. ¿Por qué? Porque cuando un comportamiento inadecuado cunde socialmente, a pesar de las sanciones, la tragedia es imparable. Algo similar ocurre con temas como la violencia intrafamiliar y la tasa de riñas de la ciudad, ambas son más altas que la tasa nacional.
Ojala que Peñalosa reconozca nuevamente el papel central de la política cultural y si piensa desarrollar una estrategia de cultura ciudadana ésta vaya más allá del desarrollo de campañas de publicidad y se entienda que en las reflexiones sobre cultura está nada más y nada menos que la plataforma desde la cual pensamos qué sociedad queremos ser.
Henry Murraín
Henry Murraín
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