De euforia a depresión

De euforia a depresión

Presa en el ciclo de bonanza y recesión, la región ignora cómo romperlo y si avanza o retrocede.

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13 de noviembre 2015 , 05:56 p.m.

Es recurrente en la historia latinoamericana lo que parece un ciclo inexorable: su ir y venir entre liquidez y estrechez, más precisamente, la vulnerabilidad de su dependencia crónica de suministro de materia prima, con el efecto también recurrente de volatilidad sociopolítica.

Es reiterativo también que fuera de registro y diagnóstico ya comprobado no haya novedad notable, son rutinarios los lamentos, el inventario de daños, la autoexculpación de gobiernos y tecnocracias, los lugares comunes de recetas inaplicadas. Lo desesperante es que ante enfermedad ya tan resabida del subdesarrollo, no se tenga claro si es progresiva con respecto al desarrollo, si se esté superando y si no, si se pueda y vaya a hacerse. La tenacidad de diagnóstico frente a falta de iniciativas creíbles sobre el modelo y de balance serio entre índices favorables y desfavorables son lo preocupante, atribuible el atraso material a mental y político.

Se está de salida de la fase eufórica, esta por logros como supuesta estabilidad democrática, desmentida sin embargo por casos de regreso al reeleccionismo, al caudillismo populista cuando no al autoritarismo, que hacen parecer tan endémica la deformidad política como la socioeconómica. Hay índices de aumento en esperanza de vida y descenso en mortalidad infantil, superación de desempleo y pobreza, sin que se sepa si confundida con informalidad, la emergencia patente de clases medias dando un panorama distinto al abismo social de no hace mucho, la desigualdad de largo la mayor mundial, no obstante al tiempo con aumento en inversión social, mucha asistencial, avance en integración al tiempo con polarización. Lo actual, el sombrío de la recesión: la Cepal habla de estancamiento debido al deterioro macroeconómico, el final de la abundancia exportadora de nueve años, la tasa de crecimiento en descenso, primeras perjudicadas conquistas sociales y de entrada empleo e inversión.

A la exaltación sucede el reajuste, socialización de la pérdida, el espectáculo revisto de fuga de capital, déficit, desvalorización, la desindustrialización de la enfermedad holandesa, la excusa la coyuntura externa de desaceleración china, desaliento europeo y los Brics, inminente alza de las tasas en EE. UU. No es la época en que Colombia amanecía averiguando por el café en Nueva York, la exportación diversificada: petróleo, carbón, metales, flores, novedad sí, que el festejado auge de la clase media supone al tiempo que su voracidad, exigencia en vez de la resignación previa, más visible la inconformidad, más su amplificación mediática, el plato servido para oposición oportunista.

La inutilidad de la experiencia es explicable porque sujeto y mentalidad dirigentes siguen inalteradas por falta de voluntad política y ceguera empresarial porque se sabe cómo: desarrollo industrial y agrario, infraestructura, calidad educativa, control fiscal, prudencia con la deuda, fórmulas sabidas sin el elemento decisivo, sujeto para corrección al modelo que para empezar beneficiaría a quienes defiende factores del atraso como monopolio y proteccionismo, sobre todo sector público eficaz y correcto, política finalmente, la utopía, como quien dice. Opinión experta: “la región vuelve al punto de partida”.


Jorge Restrepo

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