Política cultural / Opinión

Política cultural / Opinión

Mockus es tal vez el único gobernante latinoamericano que tomó la cultura como base de su gestión.

13 de noviembre 2015 , 05:53 p.m.

Entendemos como política cultural el ejercicio de reflexión que cuestiona lo que somos y lo que hacemos. Como lo plantea Richard Rorty, la política cultural abarca, entre otros temas, los debates sobre las palabras que usamos. Estamos en ese terreno cuando nos cuestionamos así: “deberíamos dejar de usar la palabra ‘indio’ para describir a una persona mal comportada” o “deberíamos dejar de decirles a los niños que las niñas son débiles”.

La cultura es nuestro “sistema mundo”. La forma como nos representamos y como hacemos las cosas es estructurada por la cultura. Pero esta no está petrificada y podemos examinar aspectos de la construcción social de nuestra realidad que podrían soslayar los ideales colectivos de convivencia.

Antanas Mockus es tal vez el único gobernante latinoamericano que ha puesto la cultura como base de su gestión, comprendiendo que la ciudad no se hace mejor solo administrando las finanzas públicas, ejecutando obras y proponiendo leyes.

Debemos ver también cómo nos comportamos, hablamos y nos relacionamos, aunque no estamos acostumbrados a imaginar buenas cosas de nuestra sociedad, ni a las narrativas que incluyan una descripción positiva de lo que somos. Por ejemplo, denominamos ‘colombianadas’ a las cosas mal hechas. En una sociedad en la que convivimos con una descripción peyorativa de “lo que somos”, la cultura ciudadana fue un quiebre de tono porque instaló una perspectiva de posibilidad: “podemos hacer mejor las cosas”.

Eso explica, en parte, la razón del aumento del optimismo durante las administraciones de Mockus. Según la medición de Gallup, el año de mayor optimismo se presentó al cierre del segundo gobierno Mockus (76 %) mostrando un alza sostenida desde su arranque. Hoy, en la medición de agosto se muestra que el gobierno Petro viene cerrando en 19.

Poner la cultura en el centro del debate sigue siendo una prioridad. Por ejemplo, aunque en el 2013 se implementó la sanción más estricta de América por conducir embriagado, la tasa de muertes en accidentes de tránsito no se redujo. ¿Por qué? Porque cuando un comportamiento inadecuado cunde socialmente, a pesar de las sanciones, la tragedia es imparable.

Ojalá que Peñalosa reconozca de nuevo el papel central de la política cultural y, si piensa desarrollar una estrategia de cultura ciudadana, esta vaya más allá de las campañas y se entienda que en las reflexiones sobre cultura está la plataforma desde la cual pensamos qué sociedad queremos ser. 

HENRY MURRAÍN

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