Préstamo con plazo

Préstamo con plazo

Su autor presenta 'La inexistencia', novela que aborda la zozobra de la vida con humor e ingenuidad

13 de noviembre 2015 , 01:22 p.m.

La novela se desarrolla en la década del 70 del siglo pasado en un barrio de Bogotá. Fue una época durante la cual los niños y los adolescentes gozaban de un derecho y una libertad únicos: la calle como escuela de vida. Todo sucedía afuera, más allá de las puertas de las casas, donde tenían lugar los noviazgos, las relaciones entre amigos, las conversaciones sobre el sexo. Y la zozobra anímica, ese sentimiento que aparece cuando se deja la infancia para abordar la terrible adolescencia y sus fantasmas peregrinos.

‘La inexistencia’ evoca un tiempo posterior a la revolución de 1968, pero mantiene vivos sus vestigios, su incorrección política, su desenfado frente a las ataduras de los padres, los profesores, los dueños del poder. El protagonista se descubre a sí mismo, percibe las distancias sociales, la esclavitud de las empleadas del servicio doméstico y capta, en un vívido proceso de alteración de las cosas e inmerso en la tiranía del absurdo, que aquello que vive no es suyo y él es llanamente un inexistente. En la novela el humor de lo absurdo tropieza con la tristeza y el abandono y penetra en laberinticos cuestionamientos metafísicos.

Me preguntan: ‘¿Qué hay detrás de la novela?’ Y supongo que el interrogante llega porque la lectura del texto sobrepasa la simple narración. Aunque no se si lo haya logrado, con esta novela pretendo, en efecto, recuperar algo que se ha perdido en la literatura: las ideas detrás de las palabras. La actitud profunda ante la vida. Una posición frente a la existencia. Y cuando digo existencia me refiero a ella como ese complicado camino con una sola salida: la fatalidad. Me refiero a ‘algo’ racionalmente inaprehensible. A un hecho que, como se ha dicho, es metafísica pura, y, por tanto, a mi modo de ver, solo abordable desde el arte, bien sea desde la pintura, la música o la propia literatura, el arte literario.

Soy, personalmente, neoxistencialista, y no pienso, como se suele afirmar por ahí que el existencialismo haya perdido toda actualidad. ¿Ha cambiado el hombre? La zozobra espiritual, o la angustia, domina el estado anímico del ser humano, aunque hoy lo adorne con nimiedades materiales. El hombre sigue siendo el mismo. Y no soy dueño de mí mismo en cuanto la muerte me arrebata la vida. En nada han cambiado las cosas. La existencia es un préstamo con plazo de vencimiento. Y no hay manera de rehuir el pago.

Quizás podría hablarse de un neoxistencialismo. Una manera nueva de entender la existencia. No como la inacción ante la muerte tremebunda. Sino de entender que la realidad de la muerte proporciona la posibilidad inmejorable de hacer la vida. Esa realidad es lo que le revela la posibilidad cierta de hacer algo o hacerse alguien. De ser por el otro. En otras palabras, de ser ser. En ‘La inexistencia’ se observa lo que le pasa al otro, la realidad del otro. Y eso implica percibir con generosidad que lo que vivimos, aunque carezca de sentido, que esa nada que hay ante nosotros, siempre se puede rellenar con la esperanza.

MARIO JARAMILLO

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