Los amargos hechos de violencia que persiguen a las mujeres caleñas

Los amargos hechos de violencia que persiguen a las mujeres caleñas

Van 66 homicidios contra mujeres este año, 17 de esos casos han sido feminicidios.

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13 de noviembre 2015 , 08:55 a.m.

Él le rogó y Leidy Johana Mendoza no vio ningún problema en recibir por esa noche a su excompañero sentimental en su vivienda, en el oriente de Cali.

Pero la noche se volvió amarga. De acuerdo con versiones de familiares, la mujer, de 24 años, fue atacada por el hombre luego de sostener una discusión porque ella no quería volver a su lado. El resultado fueron dos puñaladas en el pecho y una en la espalda, que le causaron la muerte en medio del esfuerzo de los médicos.

Para el Círculo de Hombres de Cali, una fundación sin ánimo de lucro que vela por los derechos de la mujer y también cuestiona la conducta machista de los hombres en esta capital, el problema es que los hombres suelen considerar a las mujeres como de su propiedad. Explican que por eso sienten que las pueden golpear, insultar y hasta matar.

A pesar del crecimiento de colectivos de mujeres y hombres que se han conformado en los últimos años en favor de la lucha por los derechos y la no violencia contra la mujer, la capital del Valle no deja de ser una de las ciudades donde más hechos de feminicidios se registran al año.

Según el Centro de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar de la Fiscalía (Cavif), en 2013 se registraron 6.107 casos de mujeres afectadas por este flagelo. Mientras que el centro de atención a víctimas de abusos sexuales de la Fiscalía (Caivas), reportó que entre enero y diciembre de ese año se registraron 964 denuncias por delitos sexuales contra las mujeres. El 79 por ciento de las afectadas eran menores de edad.

Azucena Vera, de 43 años, víctima del maltrato de su pareja durante un año, con señales de una herida de cuchillo en su pecho y numerosas marcas en el cuerpo, sostiene que la justicia no actuó de manera efectiva poniendo su vida en riesgo.

Esta madre de una joven de 17 años tuvo que huir de la ciudad ante la falta de acción por parte de las autoridades. Solo tuvo éxito un año y medio después, cuando recibió la esperada llamada para rendir como testigo en el caso en contra de su expareja.

Para el 2014, según el Instituto de Medicina Legal, más de 10 denuncias diarias fueron recibidas por parte de mujeres que se convirtieron en el blanco de ataques por parte de sus parejas o de quienes ya se habían separado.

Al tiempo que se presentaron esos ataques, dos mujeres más denunciaron lesiones provocadas por otros familiares, aunque el número pudo ser mayor, ya que muchas no se atreven a informar a las autoridades por miedo a sus agresores o a la vergüenza pública.

La Personería de Cali indicó que cada cuatro días una mujer es asesinada en la ciudad y la cifra superó los 82 crímenes el año pasado.

Adalgiza Charria, abogada y comunicadora social, además de activista de la Fundación Mujer Arte y Vida (Mavi), asegura que es irónico que una ciudad como Cali, pionera en movimientos en favor de las mujeres, viva una situación de esta magnitud.

“En Cali la gente aún desconoce que los movimientos viviendistas, con los que las clases populares obtuvieron tantos beneficios en esta ciudad, fueron liderados en gran parte por mujeres. La Administración ha sido mezquina en reconocer a las mujeres”, sostiene Charria. Y recuerda que “Cali fue de las primeras ciudades que pujó por el voto de las mujeres, la nuestra ha sido una lucha silenciosa y efectiva”.

En Cali, hasta fines de octubre se habían registrado 1.035 homicidios, de ellos 969 hombres y 66 a mujeres, ocho de ellas menores.

Para la Fundación Mavi, con 16 años de experiencia en el ámbito del debate sobre la condición de la mujer en la ciudad, 17 de esos casos fueron comprobados como feminicidios, pero muchos de ellos se mantienen en la impunidad.

Patricia Giraldo, psicóloga que ha trabajado con mujeres víctimas de desplazamiento, considera que en la ciudad el machismo es una condición arraigada. “Hay mujeres que vienen de Cauca, Nariño y otras partes. Muchos hombres creen que por ser de otras regiones y recibirlas pueden hacer con ellas lo que deseen”, alerta.

La psicóloga Patricia Mondragón, conocedora del tema de violencia en menores, dice que en las conductas agresivas hacia el género femenino se pueden establecer dos vertientes: patrones de crianza permisivos, casi siempre desde la línea materna, en la angustia para que al hijo no le falta nada o que ante la falta de padre le da gusto en todo. El niño asume que relacionarse con la mujer es imponerse, obligar. Otra línea dice que en la infancia hubo un maltratador y en una etapa posterior hay esa conducta agresiva hacia la mujer como resentimiento por la madre que no lo defendió.

Para Elizabeth Gómez, autora de 'Ni ángeles ni demonios, hombres comunes', libro que explica los problemas culturales por los que en Cali los hombres se comportan así, el problema se resuelve con educación y cultura, de lo contrario el hombre seguirá considerando que tiene una posición dominante.

“Aún conservamos la cultura del narcotráfico, es más reciente de lo que se cree, porque la imagen que tenemos es la de la mujer como trofeo, de los accesorios que un hombre lleva”, sostiene esta socióloga de la Universidad Autónoma.

Asegura que desde hace dos años hay una política pública de la Alcaldía con una ruta para atención a las mujeres que denuncian. “Tal vez no sea la ciudad donde más se cometen estos casos, sino en la que más se denuncian. Y así son más visibles”.

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De izquierda a derecha, José Esteban Hernández, Federico Galvis, Natalio Pinto, Santiago Toledo y Daniel Castaño se prepararon en talleres para la práctica de bordado de hoy. Julio Romero.

62 hombres bordarán hoy los nombres de mujeres muertas

Ver a cinco hombres cosiendo impacta. Entre sus manos, hilos de colores, telas, agujas. Bordan nombres rojos, negros, azules: Rosa Elvira, Verónica del Carmen, Fabiola, Betty. Todas ellas están muertas. Las mataron hombres como ellos, los que bordan. “Hay hombres cuyas manos las han asesinado, pero con las nuestras queremos hacer una reparación", dice Natalio Pinto, 38 años, un comunicador digital peruano que vive en Cali hace más de una década. “Decidimos protestar a través del bordado porque en el modelo machista se piensa que es una actividad de las mujeres, pero los hombres no pierden ninguna masculinidad por hacerlo”.

Protestan porque las cifras de asesinatos a mujeres son alarmantes. Según el Observatorio Social de Cali, cada año es asesinado un promedio de 106 mujeres, es decir, casi 9 cada mes. Medicina Legal habla de 16 mujeres agredidas por golpes, armas blancas y disparos, cada 24 horas. La cifra redonda: 400 mujeres han muerto en Cali en cinco años. Es como si borraran las viviendas de alrededor de la colina de San Antonio de un plumazo.

Y las han desechado como si fueran menos que un trapo viejo. Tiradas en cañaduzales, en zanjas, desmembradas, violadas. Tan solas, tan frágiles que ellos, decidieron hacer algo. Cinco instituciones –Fundación Mujer, Arte y Vida (Mavi), la Red Nacional de Mujeres, Reparando Ausencias y el Círculo de Hombres– se unieron para denunciar y exigir ante las autoridades, visibilizar el problema, decirles a las mujeres que no están solas, que ellos sí las defienden.

Con el bordado que se realizará hoy en el Bulevar del Río a las 4:30 p. m., estos 62 hombres –un número que significa el total de mujeres asesinadas entre enero y septiembre de este año– reparan ausencias. Estarán hoy en el Bulevar del Río, tejiendo y recordando. Otros días han salido abrazados con prostitutas y mujeres trans para estremecer conciencias. Han representado a viudas en obras de teatro.

“Todo asesinato es escabroso, pero es muy grave que maten a mujeres por ser mujeres. El hombre las ha visto como una propiedad y algunos dicen: ‘Esta es mi mujer’”, dice Daniel Castaño, de 25 años, estudiante de Teatro y Bellas Artes.

"Yo soy cocinero y se cree que es solo para mujeres, pero la masculinidad no tiene que ver con los oficios”, comenta José Esteban Hernández, otro bordador. A sus 20 años es chef, y su madre, Adriana Arias y activista de Mavi, lo entusiasmó para que aprendiera a bordar para el ‘performance’ de hoy. La bordada tiene su razón de ser. Es quizás uno de los oficios más antiguos, pero tiene un significado especial: en las cruzadas, cada guerrero cabalgaba con su escudo tejido. Es poder, permanencia, control y símbolo. Es identidad. Y ellos bordan nombres de personas que fueron y no deben ser olvidadas.

Castigos por feminicidio

Natalio Pinto bordará el nombre de Rosa Elvira Cely, la mujer que en el 2012 fue violada, torturada y golpeada en el parque Nacional de Bogotá, hasta causarle la muerte. Su cruel asesinato dio origen a la ley que lleva su nombre y por el cual el feminicidio (crímenes cometidos contra las mujeres por el hecho de serlo) es un delito autónomo con penas de hasta 50 años.

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La mayoría de casos se archivan, de acuerdo con la Personería. Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

Cali, en la búsqueda de rutas efectivas para la atención a mujeres agredidas

El principal agresor de las mujeres en Cali, según la Personería, se encuentra en su hogar; las comunas más afectadas son la 6, 13, 14 y 15.

En la definición de una ruta de atención para las denuncias ha sido clave la Mesa Municipal de Mujeres, destaca Milena Barco, una profesional y activista.

La tarea de promoción todavía no se ha concretado a plenitud. No faltan los casos de mujeres que se estrellan con la falta de apoyo para denunciar y para ser atendidas.

La Personería afirmó que una de las barreras que tienen ellas para que se capture y se condene a sus agresores es que, por ejemplo, en la unidad que lleva los delitos sexuales en la Fiscalía de Cali solo hay siete fiscales que se encargan de investigar, imputar y acusar. Estos fiscales, de acuerdo con el informe, tienen una carga de 250 expedientes y 30 juicios mensuales.

Lo que ocurre en Cali no es tan aislado de las principales capitales de Colombia. Entre enero y junio del año 2015, de acuerdo con el Sistema de Información para el Análisis de la Violencia y la Accidentalidad en Colombia y el Sistema de Información de Clínica y Odontología Forense del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se reportan 36.169 casos de violencia intrafamiliar contra mujeres, de los cuales 24.910 las víctimas corresponden a mujeres; de esos casos el 86 por ciento (20.241) corresponden a violencia en pareja.

En cuanto a violencia sexual hay 10.463 reportes, de los cuales 8.886 corresponden a mujeres víctimas, es decir el 84 por ciento del total de casos.

En el 2014 se practicaron 18.954 exámenes médicos legales por violencia sexual, y de ellos 16.008 fueron practicados a mujeres, es decir el 84,8 por ciento, de acuerdo con la Revista Forensis del INML y CF.
Es de considerar que el 53 por ciento de víctimas del conflicto armado que llegan a Cali son mujeres, en un 77 por ciento como consecuencia de desplazamiento, 12,8 por ciento de homicidios, 3,2 por ciento de amenazas y 2,8 de desaparición forzada.

“A partir del trabajo con diferentes personeros municipales del país se ha identificado que en la casas de justicia y comisarías de familia se presentan barreras de todo tipo para que las mujeres accedan a la justicia, pues hay restricción en los horarios de atención, dificultades en la atención por falta de personal y capacitación con enfoque diferencial para brindar la orientación en los casos de violencias contra la mujer”, menciona el estudio de la Personería.

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Las denuncias por lesiones contra mujeres llenan los despachos judiciales y hace falta personal para atenderlos. Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

Fiscalía revisa casos por nexos con bandas y por líos de parejas

Como NN fue reportada la hermosa mujer hallada el 12 de junio en un cañaduzal en la vía Cali-Palmira y con impactos de bala en la cabeza. Dos días después se conoció que se trataba de la modelo Diana Alejandra Rincón.

Había salido de su casa el día anterior rumbo a una fiesta. A sus 22 años, tras su participación en un concurso de la mejor cola. Tenía una carrera en ascenso como modelo y participado en videos, pero habría quedado en medio de la disputa de mandos del narcotráfico y de las drogas sintéticas, con un trágico final.

La vinculación de mujeres con el delito o con personas en líos judiciales son aspectos que las autoridades estiman estarían tras algunos homicidios de mujeres en Cali, además de asuntos pasionales.

El subdirector de la seccional del CTI, Edwar Rodríguez, expresa que se ha visto una tendencia en la relación de ellas con el delito, temas de narcotráfico y aspectos pasionales por infidelidades, separaciones y algunos por diferencias económicas de pareja.

“En esos casos pasionales se puede hablar del típico hombre posesivo, pero que en aspectos generales lleva una vida normal, apacible, de hogar y ‘mentalmente sano’; sin embargo, por alguna situación termina en un trastorno emocional agrediendo a su pareja y produciendo lesiones u homicidio, y eso se ve en todos los estratos sociales”, dice.

Otros tendrían que ver con la búsqueda de algún tipo de protección económica, seguridad o estatus en el que se inmiscuyen con jóvenes líderes de pandillas, del narcotráfico y otros delitos, y terminan siendo víctimas de los líos de su pareja y ajustes en esos grupos criminales.

Feminicidio se debe probar para evitar la impunidad

El abogado y exfiscal Elmer Montaña expresa que “sin desconocer a mujeres asesinadas por su pareja en una reacción violenta del hombre machista, en la mayoría de estos crímenes no hay judicializados ni condenados, no están esclarecidos y no se pueden establecer conclusiones”.

Dice que de acuerdo con los medios judiciales, muchos casos tiene que ver con estructuras criminales en las que no se respeta sexo, edad ni condición social. “El sicario cumple una orden sin mirar contra quién. La tendencia de señalar más de un caso con feminicidio lleva a crear mitos urbanos, del desequilibrado, el sujeto en particular y puede desviar la investigación y llevar a la impunidad”, dice.

Cuando el amar se vuelve un poder

En un juego,  un joven le contaba a un amigo que ‘apuñaló’ a su mujer porque ‘le ponía los cachos’. El otro le comentó que el día que ellas hicieran lo mismo, más de uno estaría en un hospital, muerto o ‘como un cierre’.

Norma Lucía Bermúdez, del colectivo ‘Reparando ausencias’, que reúne nueve grupos de mujeres y hombres, dice que esa charla refleja una cultura que enseña a amar como forma de posesión. “En el último año se ha recrudecido la violencia física de pareja, de patadas y otras formas. Y Cali tiene un triste resurgir de ataques con ácido a la cara y otras partes del cuerpo, algunas veces por hombres y otras por mujeres o que ellas contratan al agresor”, señala.

Coincide con otros investigadores en que no se puede decir cuántos de los 71 homicidios de este año se configuran como feminicidios, “pero cuando se ve el historial hay dos o tres idas a la comisaría de familia”.

“No hablamos de un tipo loquito, de un hombre que tenga un perfil de agresivo o bravo. Se han encontrado concejales, empresarios, militares, hombres exitosos involucrados en crímenes terribles o lesiones. No son crímenes pasionales, sino feminicidios. Se piensa en el agresor de bajos recursos y que fue maltratado y no siempre es así. Por el contrario, hay privilegiados con baja tolerancia a la frustración que no aceptan que se terminó una relación”.

Además, señala que las relaciones de poder como enfermedad social empiezan en el hogar con controles sobre el teléfono, las redes sociales, la espera a la salida y la vida misma.

También está el poder de tener armas, una situación que se da no solo con los grupos ilegales, sino con militares, policías, vigilantes y civiles con permiso de porte.

CALI

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