¡Postacuerdo!

¡Postacuerdo!

Hacer política sin armas será la prueba de fuego a la voluntad de paz manifiesta por la guerrilla.

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12 de noviembre 2015 , 07:21 p.m.

El postacuerdo es un concepto interesante que está haciendo carrera en los últimos días. Tal parece que está reemplazando el vocablo ‘posconflicto’, muy desgastado de por sí, después de más de 50 años de un conflicto armado sin razón y entre connacionales. Partamos de la premisa de que se firmará el acuerdo final en marzo del 2016, como se convino en septiembre pasado. La palabra fue dada, el compromiso se hizo público y hace parte de una decisión que se tomó en la mesa de conversaciones, con presencia de garantes y testigos internacionales. Sin embargo, está por verse que se honre la palabra. Es lo esperado, y no escuchar excusas mediáticas anticipadas sobre el posible incumplimiento por la guerrilla. Aún hay tiempo suficiente para superar impasses, con el fin de poner fin a esta guerra inútil, costosa en vidas, daños colaterales y ambientales irreversibles.

Espero la firma del acuerdo final en la fecha señalada. Es el anhelo de la mayoría de los colombianos por una Colombia en paz. En mi caso, me asiste un optimismo moderado; y si esto fuera así, ¿qué conlleva esta nueva fase de postacuerdo? Muchos son los aspectos que se podrían mencionar, y son la razón primordial de este artículo. Por ello, pretendo hacer un ejercicio lo más pedagógico posible; y sin más, ¿qué viene entonces? De entrada, un cese del fuego y de hostilidades bilateral definitivo, con concentración de estructuras guerrilleras y verificación. En otras palabras, el silenciamiento de fusiles, seguido por la refrendación. El pueblo tendrá la última palabra de validar o no lo acordado.

Prosigue de inmediato la dejación de las armas, y al mismo tiempo se activa el modelo de Jurisdicción Especial para la Paz para quienes por decisión individual deseen acogerse a él, acompañado de las garantías y la seguridad jurídica necesarias. Entre tanto, los desarrollos legislativos especiales no dan espera, y estarán presentes en la fase de implementación para su efectivo desarrollo y sostenibilidad en el tiempo.

Otra mirada de este probable punto de inflexión político y estratégico, producto de los actuales diálogos de paz, es lo relacionado con otros aspectos que podrían desencadenar un acuerdo con la guerrilla, acabar la disyuntiva de guerra o paz, y la polarización que ha originado en la sociedad en general. De igual forma, terminar con el ‘Farc-centrismo’ en la agenda nacional, hecho mediático casi de nunca acabar. Además, los gobernantes, en todos los niveles de la institucionalidad, deberán asumir el reto de construir y consolidar la paz con énfasis territorial, y la profundización de la democracia será un imperativo para muchos. La vuelta a la legalidad y política sin armas será la prueba de fuego a la voluntad de paz manifiesta por la guerrilla. Ahora son hechos visibles, se les acabó la retórica revolucionaria.

Que sea una paz completa depende de la cohesión interna que tenga la guerrilla. Lo más probable es que haya algunas disidencias, como parte de expresiones residuales de violencia que son normales en este tipo de procesos de paz, lo cual demandará una caracterización de esa nueva realidad multicriminal para su sometimiento al imperio de la ley. La paz les compete a todos los colombianos, a los que quieran asumirla como un derecho o un propósito nacional, y no está atada a paz regional o vecinal alguna, sin desconocer el aporte efectivo que pueda darse en este contexto. La paz de Colombia pasa por la voluntad del pueblo, no acepta presiones políticas externas indebidas y, como debe ser, respeta la pluralidad de percepciones en su búsqueda.

Nota: las Fuerzas Armadas y el postacuerdo, un tema de actualidad. Bueno pensar pensamientos. Nada cuesta hacerlo.


Eduardo Herrera Berbel

* Mayor general (r) del Ejército Nacional de Colombia
eduardoh@cable.net.co

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