De la mujer que se salvó por una hora y otros 'milagros'

De la mujer que se salvó por una hora y otros 'milagros'

Cuatro historias de personas que no murieron en la tragedia gracias a viajes que realizaron.

notitle
12 de noviembre 2015 , 06:51 p.m.

Maria Adilia Ospina.

“Me salvé de milagro porque salí una hora antes de que el río Lagunilla arrasara con Armero. Un día antes de la tragedia viajé a Bucaramanga y me salvé de vivir esa noche horrible”.
Historias como estas se repiten entre los miles de sobrevivientes de la tragedia de Armero, que recuerdan cómo se salvaron por escasas horas y por pura coincidencia.

Una de las narraciones más llamativas en los 24 barrios de Armero-Guayabal es la de María Adilia Ospina, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Minuto de Dios, un sector repleto de sobrevivientes que todavía espera ayudas del Gobierno.

“Ese 13 de noviembre salí a las nueve de la noche hacia Mariquita a una comida familiar y una hora después la avalancha bajó por las calles de Armero”, afirmó la líder comunal.

Recuerda que, minutos después de salir del pueblo, cuando iba en el vehículo, se desató una tormenta con truenos y vientos, y al llegar a Mariquita, a unos 20 minutos, se fue la luz. Cuando trataba de dormir un temblor de tierra la sacó de la cama.

“Llamé al teléfono fijo de mi casa en Armero, pero las líneas no servían y con temor me dormí pensando que algo extraño había sucedido”, dijo María Adilia.

Al día siguiente, cuando los medios de comunicación daban a conocer el desastre, María Adilia lloró desconsolada y, aunque le dio gracias a Dios por su suerte, no dejaba de pensar en los 40.000 habitantes que quedaron en el pueblo.
“Me salvé por una hora”, señala la mujer, que al volver encontró su casa en ruinas y además perdió cinco de sus familiares, entre primos y sobrinos.

‘Mi padre me mandó a Bucaramanga’

Eduardo Rojas.

Eduardo Rojas, a quien todos en Armero-Guayabal le dicen ‘Bigotes’, perdió a su padre y a unos 80 familiares. Se salvó porque el día anterior viajó a concretar un negocio en Bucaramanga.

“Mi padre me mandó a Santander por pura casualidad, él decidió enviarme a mí y no a mi hermano Alfonso, que murió en la avalancha”, dice este hombre, que en ese entonces promocionaba a artistas de la talla de Pastor López y Nelson Henríquez, y hoy se dedica a hacer instalaciones de gas domiciliario.

Recuerda que de tanto escuchar noticias relacionadas con la caída de ceniza sobre Armero y una posible erupción del volcán Nevado del Ruiz, desde Bucaramanga se comunicó con su padre a quien le suplicó que saliera del pueblo en el carro de la familia.

“Papá salga ya, veámonos en Bogotá, no duerma en Armero porque está cayendo ceniza y el volcán del Ruiz podría explotar”, le decía con insistencia.

Octavio Rojas, su viejo, uno de los comerciantes más prósperos de la región, por el contrario le contestó: “Hijo, lo que está cayendo sobre Armero es una ceniza pendeja”.

Por el dolor, Eduardo llora en el patio de su casa y recuerda que ese día dejó de ser hincha de fútbol, pues mientras en el estadio Nemesio Camacho El Campín, de Bogotá, él disfrutaba y celebraba la victoria de Millonarios sobre Cali, su padre y dos hermanos eran sepultados por la avalancha del río Lagunilla.

Al día siguiente lo despertó la voz del periodista Yamid Amat anunciando la destrucción de Armero y entonces lloró y pensó que le faltó fuerza para convencer a su familia de salir de su municipio.

Calcula que sobre Armero cayeron unos 400 millones de metros cúbicos de piedra y lodo, y al tiempo afirma: “No sé si haya sido afortunado o desafortunado, pues quedé solo”.
“Todo ese material se llevó a mi familia y hasta el sol de hoy no se sabe nada de sus cuerpos que nunca aparecieron”, dijo Eduardo Rojas.

‘Ese día me fui a buscar trabajo a Villavicencio’

Fabio Escobar.

Fabio Escobar, un sobreviviente que recién ajustó los 78 años, cree que Dios guardó su vida tras un viaje de trabajo a Villavicencio.

El 13 de noviembre, en horas de la mañana, lo llamaron de un aserradero y le pidieron que, si quería empleo, debía presentarme el mismo día en la capital del Meta.

“Sin pensarlo dos veces arreglé la maleta y tomé un bus con destino al Meta”, señaló Escobar.
Cuando conoció la noticia funesta dejó el empleo y regresó en busca de su familia a la que encontró sana y salva.
“Dios guardó mi vida y la de mi familia, no hay otra manera de explicarlo en semejante desastre que mató a unas 25.000 personas”, señala Fabio Escobar, quien añade: “La vida es un misterio, quedé vivo para contar esa historia”.

‘Una día antes me fui a Bogotá’

Orlando Lozada.

A Gladys Santos también la salvó un viaje a Bogotá que realizó un día antes con su esposo Jorge Palacios.
“Yo no quería viajar, pero mi esposo me convenció de que lo acompañara a llevar un vehículo para una revisión mecánica y estando allá nos enteramos de la tragedia”, dijo.

Su preocupación crecía, pues en Armero quedaron su mamá Guillermina Barrera y su hijo Leonardo, de 8 años, quienes quedaron sepultados.

“No encontramos nada, ni a mi madre ni a mi hijo, la casa fue arrastrada por la avalancha”, (…), me salvé de milagro, pero no he podido superar la pérdida de mis familiares”, dijo Gladys Santos.
No entiende muchas cosas y siempre se pregunta: “¿Por qué mi familia pereció sepultada en el lodo mientras yo me salvé?”.

Orlando Lozada, otro de los sobrevivientes, recuerda que, atemorizados por la caída de ceniza, muchos armeritas empacaron maletas y salieron del pueblo incluso horas antes de la avalancha.
“Por un lado había rumores fuertes de una inundación, pero al mismo tiempo el Gobierno a través de los organismos de socorro nos decía que no tuviéramos miedo, pues no habría mayores problemas”, señaló Lozada, y agregó: “Los que salieron del pueblo lo hicieron sabiamente por prevención, pero los que nos quedamos fuimos demasiado confiados”.

FABIO ARENAS JAIMES
Enviado Especial de EL TIEMPO
Armero-Guayabal

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.