A los 91 años, falleció el escritor chocoano Arnoldo Palacios

A los 91 años, falleció el escritor chocoano Arnoldo Palacios

Sus familiares informaron que el autor de 'Las estrellas son negras' murió en su casa de Bogotá.

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12 de noviembre 2015 , 03:17 p.m.

Hace algunos años, a propósito de la publicación de ‘La selva y la lluvia’ este diario tuvo oportunidad de hablar con él (1924-2015) sobre su trayectoria. (Lea además, la última entrevista que le dio hace pocas semanas a la revista ‘Bocas’).

Un clásico que se publica luego de 50 años

Charla con el autor en 2011, cuando se publicó ‘La selva y la lluvia’: revelaciones de un libro sucedido, del chocoano Arnoldo Palacios, que nunca fue editado en el país:

A lo largo de sus 87 años, un extraño sino parece haber acosado al escritor Arnoldo Palacios. Sus textos siempre se han movido por arenas movedizas, que amenazan con desaparecerlos. Pese todo, el chocoano nunca se ha dado por vencido y, como el ave fénix, los ha rescatado de sus cenizas y los ha puesto a volar una y otra vez.

Su primera novela ‘Las estrellas son negras’, considerada un clásico de la literatura colombiana, se le quemó a los pocos días de haberle puesto punto final, en un incendio del 9 de abril de 1948. Se sentó, y volvió a escribirla “de un tirón” en tres semanas.

Cuando ya llevaba muy avanzado su libro más reciente, se le esfumó en un computador que los amigos de lo ajeno se llevaron hace pocos meses de su casa en Bogotá. Pero la fuerza de su mano es más poderosa y ya se encuentra reviviéndolo.

La misma suerte pareció correr su novela ‘La selva y la lluvia’, que necesitó cincuenta años para llegar a las librerías colombianas, bajo el sello de Intermedio Editores.

Y de no haber sido por el ejemplar autografiado que Palacios le regaló, en 1959, al historiador Germán Arciniegas, en Varsovia, ‘La selva y la lluvia’, a lo mejor, habría terminado ahogada por el polvo de alguna olvidada biblioteca rusa, único país en donde fue publicada, hace más de cincuenta años.

“De milagro le regalé uno a Germán, que lo salvó. Yo ni me acordaba, pero estaba dedicado, de manera que fui yo”, comentó el escritor, con esa gran sonrisa que siempre ilumina su rostro, cuando sus editores le mostraron el ejemplar que hallaron en el fondo que lleva el mismo nombre del historiador, que custodia la Biblioteca Nacional de Colombia.

“Una copia de ese ejemplar se ha utilizado para componer la presente edición, que, por lo visto, resulta ser una novedad auténtica”, anota en el prólogo, con acierto, el historiador Enrique Santos Molano.

Colombia desde el frío europeo

Palacios recuerda que, luego de todos los sucesos que vivió con ‘Las estrellas son negras’, durante el ‘bogotazo’, lo último que pensaba era en escribir otra novela.

Buscando nuevos rumbos, a sus 25 años y con esa rebeldía izquierdista que hervía en su interior, se inscribió para una beca, que le permitió viajar a París en 1949. “Cuando llegué -recuerda- me tocó vivir la Guerra Fría, la tensión entre Argelia y Francia, la guerra de Indochina y esa cosa del macartismo”.

A pesar de la distancia, los dramáticos momentos de lo sucedido en su país lo perseguían una y otra vez. “Fue cuando pensé en serio en escribir una novela colombiana, sustentada en los hechos del 9 de abril, pero basada en el Chocó, que es siempre mi fuerte”, explica Palacios, al enfatizar el papel preponderante que ha tenido siempre su tierra natal, pero a la que sólo recurre para reflexionar sobre el hombre, su preocupación principal.

“Muchos creen, sobre todo los que no las han leído, que las dos publicadas de Arnoldo Palacios son novelas de negros, o de negritudes, o que se ocupan nada más de la vida en el Chocó. El propio Arnoldo Palacios ha rechazado esa estrecha interpretación de su narrativa”, comenta el historiador Enrique Santos Molano.

Al respecto, lee una reflexión que el autor chocoano escribió en una ocasión, en el ‘blog’ ‘Revista literaria azul@rte’: “Yo quise y he querido siempre hablar sobre el hombre, sus problemas, sus sueños, su vida íntima, su fuerza, su vigor, su esperanza, sus luchas, porque creo, también, que el escritor debe estar comprometido con todo lo que atañe a cuanto lo rodea, especialmente como hombre”.

Retrato de una selva bañada en sangre

Y fue, justamente, ese desasosiego sobre la forma salvaje de comportarse de los hombres de su patria, el que lo llevó a escribir ‘La selva y la lluvia’. “Ya no era la misma Colombia que yo había dejado, después del 9 de abril”.

“La selva, porque sigue siendo ese lugar abrupto, terrible, misterioso; y la lluvia porque es, en el fondo también, esa gran cantidad de sangre que cayó en Bogotá. Finalmente, la ciudad también se volvió, ese día, una selva feroz, salvaje, llena de animales, peor que en Quibdó, porque allá en los pueblos nunca salen los tigres a arrancarse las cosas y a comerse a la gente”, dice el autor.

Partiendo del Chocó de sus entrañas, Palacios transita por la República Liberal (1930-1946) y los días posteriores al ‘bogotazo’, y abre su angular para plasmar, con maestría narrativa y descriptiva, la migración a la gran ciudad, el eterno anhelo del hombre de provincia. “Venir a Bogotá para mí era más difícil que ir a París”, recuerda.

Para lograr ese realismo, Palacios recuerda que escribía encerrado en su pequeño apartamento de París. “Muchas veces me levantaba sudando, porque yo estaba describiendo al Chocó y a mí me parecía que yo estaba allá. Y las imágenes se iban formando para irlas agarrando. El que lee ese libro no se imaginará nunca que yo lo escribí en Europa”.

En medio de su menuda figura, habita un hombre lleno de positivismo y fuerza interior, que aflora cuando relata los sucesos de su vida. Por eso, la poliomielitis que le dio cuando era muy niño, nunca ha sido un obstáculo, sino que la ha sabido capitalizar como uno de los principales tesoros de su quehacer literario.

“Aunque pasé mi grande infancia sin poder correr y andar como los otros niños, nunca sentí la menor inferioridad ni complejo. Cuando ya me matricularon en la escuela a los ocho años, mis compañeros se peleaban por venir a la casa a llevarme cargado; no sé cómo podían conmigo. Ahí, se desarrolló una gran capacidad de observación. Tenía mucho tiempo para pensar sentado por ahí, a la orilla de los ríos o en el borde de los caminos”, recuerda.

Por eso, al mirar atrás y ver los obstáculos superados, Palacios solo se declara un afortunado. Había venido al país por un mes (está radicado en Francia desde hace cincuenta años) y terminó quedándose dos años, en los que, no solo se le hizo realidad el sueño de ver reeditada su primera novela, sino que presenció la edición, por primera vez, de ‘La selva y la lluvia’, que sido muy bien recibida por la crítica. “Es como si me hubiera puesto de acuerdo en sacar mis obras completas”.

Carlos Restrepo
Cultura y Entretenimiento

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