Editorial: Metro: prudencia y firmeza

Editorial: Metro: prudencia y firmeza

El proyecto más importante de Bogotá no puede estar mediado por el capricho de los gobernantes.

11 de noviembre 2015 , 08:09 p.m.

A menos de dos meses de que se produzca el cambio de gobierno en la Alcaldía de Bogotá, han sido varias las diferencias surgidas entre los gobiernos entrante y saliente. Tanto por lo expresado por el primero –incluso desde los tiempos de campaña– como por la forma en que el segundo ha reaccionado, a veces con razón y otras no tanto.

Como es sabido, son dos estilos y visiones de ciudad que convergen muy poco o que tienen énfasis distintos. Y en ese desencuentro, es normal que quienes se van quieran defender a toda costa el legado que dejan y que quienes llegan opten por empezar a mostrar cambios.

El caso más reciente es el del metro, y, particularmente, el anuncio del Gobierno Nacional de poner en pausa la etapa de estructuración financiera y el diseño de los pliegos de licitación para el proyecto, aunque, según la Alcaldía, había un convenio para avanzar en tal sentido.

Se entiende la molestia, sobre todo viniendo del gobierno que ha llevado más lejos la posibilidad de que la capital cuente con un sistema de transporte de semejante envergadura, y del que se viene hablando por décadas. Más aún: cuando alrededor de él han coincidido todos los sectores y se ha expresado la voluntad de sacarlo adelante.

El paso que se iba a dar era significativo, pues se trataba, nada más y nada menos, de hacer realidad la viabilidad de los recursos y empezar a perfilar la contratación de la megaobra, previo un documento Conpes que también está por expedirse.

Ahora bien, el alcalde electo, Enrique Peñalosa, ha reiterado que el metro que se propone construir tendrá características distintas a las del que se ha diseñado hasta el momento, especialmente por el tema de costos. De ahí la idea de que sea elevado en algunos tramos, lo que, de entrada, añade otros elementos a la discusión. Si a ello se suma otra serie de iniciativas que se quieren impulsar para poner a la ciudad a tono en términos de movilidad, son también válidos los argumentos del Gobierno en cuanto a dar un compás de espera hasta tener certeza de lo que propone el gobierno entrante y haya más claridad sobre cuál será el entorno económico del país.

Que esto significa dar un paso atrás, volver a empezar, hacer más estudios, pagar por ellos o correr el riesgo de que se repita la historia de darles prioridad a otros sistemas y cosas por el estilo es, por ahora, mera especulación. El Ejecutivo está jugado por el metro, y entendemos que el nuevo alcalde también. Lo que conviene ahora es serenar el debate y comprender que ni se puede despreciar lo construido hasta ahora ni se pueden comprometer recursos ante una nueva realidad política e institucional. Para decirlo más claro, y tal y como lo expresó un conocedor de la materia, hay que pensar menos en el metro de Petro, Peñalosa o Santos y más en el que los bogotanos se merecen. Entender esto no siempre es sencillo.

Ya sin el calor de la campaña, Bogotá debe comenzar a asumir los desafíos que le esperan, que son muchos. Y el primero de ellos es el aterrizaje de las expectativas que el gobierno entrante ha creado. Así lo impone el anhelo de cambio expresado en las urnas.

Urge, en ese sentido, conocer la hoja de ruta del nuevo timonel del Palacio Liévano para que, en temas como el aquí planteado, no haya lugar a la conjetura.


editorial@eltiempo.com

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