Botero, por su nieto

Botero, por su nieto

De encuentro extraordinario califica la retrospectiva de su abuelo en dos museos.

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11 de noviembre 2015 , 06:21 p.m.

Es difícil escribir sobre mi abuelo porque ya mucho se ha dicho y de mejor manera de la que yo podría aspirar a hacerlo. Sin embargo, la ocasión es única porque se trata de la primera exposición oficial de uno de los artistas más importantes del mundo, el Maestro Fernando Botero, en el país que probablemente se convertirá en muy poco tiempo, por el tamaño de su población y por el ritmo de crecimiento de su economía, en el país más importante del mundo: China.

Será un encuentro extraordinario que representará no sólo un acercamiento importantísimo entre nuestro país y el gigante asiático sino también un contacto directo y extenso entre un heredero de la tradición pictórica occidental -ahora que muchos afirman que esta está agonizando con el impulso del arte conceptual y el auge de la instalación y el performance–, con una cultura oriental milenaria que en muchos aspectos sigue siendo exótica y desconocida para nosotros.

De igual manera, no cabe duda que en muchos aspectos Colombia y los demás países occidentales siguen siendo en muchos aspectos exóticos y desconocidos para los chinos. Y uno de esos aspectos es quizás el arte como una faceta fundamental de la identidad de la cultura occidental.

Un rasgo característico de la cultura occidental de origen europeo es su crecimiento desmesurado y su capacidad de abarcar y engullir las demás culturas con las que se encuentra.

No obstante, la ascendencia histórica de la cultura europea en la obra de Fernando Botero proviene de uno de sus lados más amables: la importancia del arte y su papel en la sociedad de la que surge.

Podría decirse que desde el Renacimiento, las obras de arte han sido destacadas para bien o para mal como una señal de identidad de los países de donde surge. Y justamente es en relación al Renacimiento que el Maestro Botero decidió arraigarse como artista perteneciente a la tradición pictórica y escultórica occidental.

Es sabido que la fascinación por el volumen y el extenso trabajo en torno a él que caracteriza la obra del Maestro Botero surgió por su encuentro con la obra de los grandes maestros renacentistas durante su primer viaje a Europa en la década de los 50s. Muchos le han reprochado que él haya decidido casarse con el estilo de pintar figuras de gran volumen a lo largo de toda su carrera pero para él semejante descubrimiento fue y sigue siendo una fuente de infinito gozo, pues afirma que tuvo la rara fortuna de haber encontrado su propia voz artística relativamente pronto en el marco de su carrera.

Para mí, uno de las entrevistas más bellas e interesantes que ha hecho mi abuelo es aquella en la que habla de cuando se encontró a sí mismo como artista en su manera de pintar: “Encontrarse a uno mismo es algo que muy pocos logran.

Es decir, la mayor parte de artistas, de los escritores, van dando palos de ciego tratando de hallar alguna cosa, y entonces hay esa cosa de cambiar de estilo cada exposición o cada libro, etc. Y predican que el arte debe cambiar de actitud y de manera de hacerlo.

Pero no, en el fondo es que no han encontrado nada; esa es la realidad (…) Tuve la fortuna de saber qué era lo que yo quería, qué era lo que me producía emoción y placer muy rápidamente, muy pronto tuve esa gran fortuna de encontrarme.

Como en los años 56, 57, hice el primer Botero, digamos. Pero en el fondo había ese deseo de hacerlo porque había tomado una dirección de un artista que se interesa en el volumen, por mi formación que había tenido en Florencia.

Como todo el mundo sabe, la pintura florentina es volumétrica. Entonces ese deseo de encontrar una manera personal de expresar ese volumen, lo encontré, se concretizó, estando en México en el año 56, 57. De pronto, vi la cosa. Me expresé personalmente en una naturaleza muerta con una mandolina”.

Ahora bien, uno de los enormes aciertos de la obra artística del Maestro Botero es que decidió aplicar ese estilo arraigado en la tradición pictórica occidental a un tema absolutamente original y inédito en la historia de arte: el de su propio mundo, derivado de sus vivencias en Medellín durante su infancia y adolescencia en los años 30 y 40s.

Guiado por el principio de abordar temas locales mediante el lenguaje universal de las artes plásticas, el Maestro Botero ha llevado al resto del mundo su visión nostálgica e idílica del país que dejó al comienzo de su carrera y al que ha regresado una y otra vez para retratar de manera distinta, destacando alternativamente sus costumbres, su violencia, sus hermosos paisajes, sus calles y techos de ladrillo, sus personajes y sus ideales, entre otras cosas. Y de tal forma su obra se ha convertido también en parte de la identidad colombiana, de la que muchos saben y reconocen a partir de sus cuadros.

Una retrospectiva de esa obra tan importante y valiosa es la que abrirá por primera vez sus puertas el 20 de noviembre de este año en ese país enorme cuyas costumbres, violencia, paisajes, calles, personajes e ideales desconocemos por el momento. Pero así como esperamos que este sea tan solo el comienzo de un viaje de la obra del Maestro Botero por China, de igual manera soñamos con que esta exposición sea un aporte inmenso a la relación de mutuo enriquecimiento cultural que se da continuamente entre el Oriente y el Occidente.

FELIPE BOTERO QUINTANA

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