Editorial: Regalías: sí se puede

Editorial: Regalías: sí se puede

Es innegable el impacto que el nuevo esquema en su distribución está generando.

10 de noviembre 2015 , 08:27 p.m.

En pocas semanas se cumplen tres años de haber sido expedida la ley 1530 del 2012, que permitió un cambio en el esquema para la asignación de los recursos provenientes de las regalías mineras y petroleras del país. La principal revolución de este nuevo modelo fue permitir que los dineros no se quedaran solo en las regiones productoras, sino que se irrigaran a la totalidad del territorio nacional.

Visto en perspectiva, no fue un capricho del Gobierno, sino un acto de transparencia y equidad. Por un lado, las regalías se habían convertido en caja menor de gobiernos locales y políticos inescrupulosos, cuando no en botín para grupos al margen de la ley que no pocas veces alimentaron las fauces de su guerra con dividendos que eran para aliviar las necesidades de los menos favorecidos. Por décadas, el país fue testigo de estos hechos de corrupción y desidia.

Y hablamos de equidad porque se entendió que las regalías también debían ser para municipios que no han tenido la fortuna de crecer en suelos bendecidos con las riquezas mineras y sí han cargado con el lastre de la pobreza. Hoy, las regalías se distribuyen en los 32 departamentos del país y en más de mil municipios.

A eso se refería el entonces ministro Juan Carlos Echeverry cuando defendió la norma ante el Congreso y acertadamente dijo que se trataba de que “la mermelada alcanzara para toda la tostada y no para una parte de ella”, término que después la oposición tergiversó.

Pero el desafío no era solo que los recursos se distribuyeran de forma ecuánime sino que, sobre todo, se invirtieran bien, esto es, en proyectos que consultaran la necesidad de la gente, del municipio, la vereda, el barrio; que con esos dineros los colombianos de todos los rincones pudieran ver algo de progreso.

En ese sentido, es gratamente revelador el especial divulgado por este diario el fin de semana con historias de comunidades que han visto el impacto de los proyectos concebidos con el aporte de las regalías y del mismo municipio o la gobernación. Una vía, una escuela, un campo deportivo, un acueducto, un equipo de salud, un plan de vivienda son todas iniciativas que seguramente no existirían de no ser por esta nueva política que, como dijo el presidente Santos ayer en un foro, ha sido “diversa, sofisticada e incluyente”.

Alrededor de 9.000 proyectos de este estilo se ejecutan hoy en el país con una inversión de 28 billones de pesos, de los cuales 18 billones provienen de las regalías.

Son logros que hay que proteger, pues persisten nubarrones que rondan la buena disposición de los recursos. El de la corrupción es uno de ellos, como lo advirtió la Contraloría y del que recientemente nos ocupamos desde estos mismos renglones. No se puede permitir que dineros que generan calidad de vida terminen otra vez en manos de mafias y avivatos. Así mismo, es imprescindible la buena estructuración de las iniciativas que se proponen para que los dineros fluyan sin contratiempos y se inviertan bien. Por deficiencias en este campo, proyectos por 2,2 billones están en el congelador.

Ojalá sean cada vez más las propuestas que reciban el aval para hacerlas realidad. Y ojalá, cada vez más, estas estén inspiradas en proyectos que permitan que allí donde floreció la guerra pueda abonarse el terreno hacia la prosperidad.

editorial@eltiempo.com

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