Lemmy, la 'indestructible' voz de Motörhead

Lemmy, la 'indestructible' voz de Motörhead

Aunque minado por la edad, la diabetes y el cáncer, el músico siempre mantuvo su entrega al público.

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10 de noviembre 2015 , 04:44 p.m.

 “¿Indestructible?”…

Por supuesto, soy indestructible”, me responde Lemmy Kilmister, con una sonrisa de medio lado, a través de la que se asoma, tímidamente, un colmillo afilado y amarillento, tipo Nosferatu El Vampiro.

El tótem del heavy metal, el eterno líder de los incansables Motörhead, luce un poco demacrado. Pálido y ojeroso, como dirían las mamás. Sin embargo, conserva su tradicional mirada acerada y serena.

Es una tarde de viernes y asiste a una fugaz firma de autógrafos antes de su concierto en esta ciudad (a la que viene religiosamente cada año), que agotó boletería hace ya tres semanas.

Y no es para menos, dado que acaba de escaparse de las garras de la muerte, por tercera, cuarta, quinta vez... qué más da. Si hasta se desvaneció en pleno concierto en Estados Unidos y tuvo que cancelar un par de fechas de su gira por ese país, en donde, justamente, no hacía mucho le habían practicado una cirugía a corazón abierto.

Por eso, por incansable y terco, Lemmy siempre se ha jactado de decir que es “indestructible” y, al contrario de muchas otras estrellas del rock, que nunca va a dejar los escenarios y jamás se va a retirar. “Esto es lo que hago, esta es mi vida. No la concibo sin una gira, sin un álbum por grabar... quiero morir en la tarima”, afirmó en una reciente entrevista para la revista Metal Hammer.

“Por eso, hay que verlo a como dé lugar, porque, con su estado de salud, nunca se sabe”, dice Jean Phillipe, de 22 años y fan irredento de la banda.

“¿No es usted muy joven para ser fan de Motörhead?”, le pregunto, pero cuando me percato de sus acompañantes (su papá y su mamá), con sendas camisetas de Motörhead, lo entiendo todo.

Y es que Motörhead, al igual que muchas otras bandas como Iron Maiden o AC/DC, se da el lujo de permanecer incólume a través de generaciones y generaciones de fanáticos contra todo pronóstico, a lo largo de escándalos y excesos, fieles al primer mandamiento del buen roquero: “sexo, drogas y rock n’roll”. De hecho, Motörhead era como se denominaba a los adictos a las metanfetaminas en la década de los 70 en Inglaterra.

“Lo siento, no voy a lograrlo”, dijo Lemmy, entre jadeos, hace un par de meses, en Oregon, frente a miles de admiradores que habían atiborrado el estadio de fútbol local para ver a su banda. Acto seguido, se retiró a los camerinos, sostenido por un par de roadies, cual Nazareno decadente y metalero.

Ian Fraser Kilmister nació en Staffordshire (Inglaterra) el 24 de diciembre de 1945 y, a los 15 años ya había hecho parte de bandas como The Rainmakers y The Motown Sect. Desde entonces, todo el mundo lo empezó a llamar Lemmy, gracias a que durante sus años de adicción dura a las anfetaminas, andaba siempre sin cinco y a todo el mundo le pedía prestado: Lend me, lend me (préstame, préstame).

Lemmy es al heavy metal lo que Keith Richards es al rock and roll. De hecho, hay quienes aseguran que Lemmy es el verdadero creador del heavy metal, por encima de Black Sabbath –dice Frederic Vachon, periodista y reconocido bloguero de la escena metalera de Montreal–. Es un ícono que todo músico de rock duro va a citar como influencia. No es exagerado afirmar que el metal contemporáneo no habría existido sin él”.

Y mucho es lo que se ha hablado de Lemmy, no solo de sus excesos sino de su estilo de vida, ciento por ciento rock. Como lo que relata el famoso documental Lemmy, ganador de varios premios internacionales, que hurga en su intimidad, en su historia y en su legado musical. Como que es adicto a las máquinas traga-monedas, a la iconografía nazi y al Jack Daniels (una botella al día) con Coca-Cola, al que tuvo que renunciar hace poco, por cuestiones de salud (sufre también de diabetes), y que hizo las delicias en las redes sociales: “Tengo que cuidarme, ahora solo beberé vodka con jugo de naranja”, afirmó enfático.

Y, justamente, resulta sospechoso el líquido transparente que bebe de un vaso mientras atiende la fila de seguidores antes de su concierto en Montreal (bastante escuálida, por cierto, a petición de su tour-manager, dado el estado de salud de la estrella).

“¿Es eso vodka?”, imposible no preguntarle. Suelta una carcajada carrasposa y gutural y responde: “Agua, solo agua, por ahora. Pero tranquilo, hoy no vas a perder el dinero de tu boleta, jajajajaja”.

Y tiene razón, imposible quejarse ante su entrega en el escenario. Si bien se le nota un poco débil, mantiene la garra que ha hecho legendario el sonido de Motörhead (hay que recordar que aparecen en los Guinness Records como “la banda más ruidosa del planeta”). Aunque se le note un poco falto de aire en algunos pasajes de su presentación.

Igual, es como si fueras a ver a las pirámides de Egipto en concierto. Solo tenerlo en frente paga tu boleta”, expresa Flavio, un fanático español que asegura tener toda la discografía de Motörhead. De hecho, la banda acaba de lanzar su 22.° álbum en estudio: Bad magic.

Dicen que después del apocalipsis nuclear solo sobrevivirán Ozzy Osbourne, Keith Richards y Lemmy. O, como decía recientemente un meme en internet, a raíz de la celebración del día de Back to the future: “Doc, vengo del año 3033 y Lemmy todavía está de gira con Motörhead”.

JIMMY ARIAS
Especial para EL TIEMPO

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