El tango en Medellín ya no sonará en el bar Alaska

El tango en Medellín ya no sonará en el bar Alaska

El histórico lugar es el único referente de tango, ubicado en la calle que rinde tributo a Gardel.

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10 de noviembre 2015 , 11:40 a.m.

Fotos y posters de orquestas, vocalistas, bailarines, así como poetas de tango adornan las paredes del bar Alaska, que más que un bar es un museo con 73 años de historia que reúne a algunos de los mejores coleccionistas de este género musical clásico.

Alaska es lo único que queda de tango en Manrique, exactamente en la avenida Carlos Gardel, donde hace tres décadas había más de 30 bares similares, que se acabaron por la llegada del desarrollo vial y del transporte público. También por nuevas discotecas, almacenes y panaderías.

Esa misma suerte la tendrá el bar museo, dice su propietario y administrador Gustavo Rojas, mientras explica que el dueño del local lo vendió para montar una panadería, con el argumento de que los tangos no dan dinero y la parva sí. Deberá desocupar el próximo 10 de enero, cuando se cumpla el contrato de arrendamiento.

Esa tradicional avenida, donde se realizó el primer Festival de Tango Internacional de Medellín, hace 47 años, quedará sin un referente y perderá más de 70 años de memoria.

El escritor Ricardo Aricapa cuenta que en 1968 se celebró el primer Festival en la ciudad, evento que por varios años atrajo a los grandes cantantes y orquestas del momento, y fue considerado el festival más importante fuera de Argentina.

Aricapa dice que “si bien en ese momento Manrique era un reconocido barrio tanguero, no era el único; le competían el mismo Guayaquil en el centro, donde hervía la milonga y el tango. Pero con la escultura de Gardel plantada en mitad de La 45, ya nadie pudo discutirle al barrio su condición de epicentro tanguero de Medellín”.

Para el escritor, Alaska no podrá acabarse porque es lo único que queda en Manrique, y reconstruirlo en otro sitio sería imposible, pues es un bar que tiene casi los mismos años de ese barrio.

Otra de las razones para que este sitio permanezca es que la ciudad busca recuperar el tango en su memoria cultural y su festival, que aún vive, apunta a mantenerlo.

“Alaska, un sitio que conserva 73 años de historia, es un museo vivo que está en la avenida Carlos Gardel. Si desaparece, sería una pérdida no solo para Manrique sino también para la ciudad y el tango”, advierte el escritor, que visita con frecuencia el lugar.
Para Aricapa en vez de desaparecer el Alaska, deben promoverlo más, para que la gente lo visite porque “es un sitio interesante donde el tango sigue vivo y con los mismos cánones antiguos. Estos lugares son altares que hay que conservar”, resalta.

En eso coincide Alonso Restrepo, que lleva más de 60 años visitando ese emblemático lugar. Allí no solo escucha tangos sino que también toma el famoso tinto de Alaska, tiene reuniones y tertulias con expertos del tema, juega ajedrez, billar y cartas.
El octogenario asegura que la transformación de La 45 ha acabado con los sitios clásicos del tango y que la llegada del metroplús a la zona terminó de expulsar los viejos bares. “El único que sobrevivió a todo eso fue Alaska, y ahora lo van a quitar”, dice.

En los años 50, ese bar ya era referente, cuenta su administrador, a la vez que recuerda que los coleccionistas llegaban a escuchar canciones que no sonaban en otros sitios de la ciudad.

Describe que los tangueros ponían una grabadora y que todos tenían que quedarse callados. “Si mucho se oía volar una mosca, ellos eran desesperados por grabar esos temas, escasos en esa época”, añade.

En ese lugar todo es antiguo. Hay una mesa de billar con pizarra francesa, modelo 1945, que compró su anterior dueño, Luis Eduardo Cardona, por 2.000 pesos; las paredes son hechas de boñiga y su piso, tal y como describe Aricapa, es ajedrezado, de baldosas verdes y amarillas.

Hasta sus visitantes son viejos, todos los días se reúnen unos 30 hombres entre 60 y 80 años. El bar nunca está vacío, abre sus puertas de 10:30 a. m. a 12:00 de la medianoche.

El actual propietario recuerda que anteriormente la música se escuchaba por toda la cuadra, tanto que si a él o a un amigo le gustaba una mujer, pedía una canción que ella reconocía para que entendiera que su hombre la esperaba en Alaska.

El histórico bar tiene colgados más de 200 cuadros, entre ellos, 18 de Carlos Gardel. También hay más de 70.000 canciones de tango. “Aquí un coleccionista por grande que sea se va contento, más del 90 por ciento de la música que pide está aquí”, asegura.

Pero en menos de tres meses eso podría cambiar si nadie evita que se acabe Alaska. Para los tangueros, la Casa Gardeliana- un museo que tiene fotos y objetos de Gardel-  hace rato dejó de ser referente del tango porque tiene muy poco uso social. Por eso defienden el tradicional bar.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Redactora de EL TIEMPO
MEDELLÍN

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