El pulso independentista catalán

El pulso independentista catalán

El júbilo nacionalista de los catalanes podría terminar convertido en un histórico salto al vacío.

09 de noviembre 2015 , 08:42 p.m.

Como se esperaba, el independentismo catalán amplió su desafío a España y se lanza de cabeza hacia una aventura de impredecibles consecuencias, no solo para el futuro de esa autonomía, sino para el del país y el de la Unión Europea. Este lunes, las toldas secesionistas hicieron valer sus mayorías en el congreso regional para imponer una resolución que da inicio al proceso de ruptura con Madrid, a pocos días de las elecciones generales. Setenta y dos votos a favor, 63 en contra, en una cámara de 135 escaños, son las cifras con las que el movimiento pretende proclamar una república independiente a más tardar en el 2017.

En la resolución llama la atención que se insta a desobedecer las decisiones del Estado español y en particular las del Tribunal Constitucional, ante el cual el presidente Mariano Rajoy interpondrá un recurso de nulidad, con el apoyo de los grandes partidos y que se da por descontado que invalidará el texto. El proyecto soberanista se da plazo de un mes para tramitar las leyes que hagan factible ese proceso constituyente, así como el manejo de la hacienda pública y la seguridad social. Rajoy, en última instancia, podría apelar a suspender la autonomía catalana, un drástico recurso que ha dicho no querer usar.

Varias consideraciones: la primera es que en las elecciones autonómicas de septiembre los secesionistas obtuvieron el mayor número de curules del parlamento regional, pero apenas alcanzaron un 48 por ciento de los votos en unos comicios que se vendieron como un plebiscito independentista. La segunda es que tiene que haber un presidente regional, y en el momento de escribir estas líneas Artur Mas, el líder del proyecto secesionista, no ha logrado su reelección porque el partido de izquierda radical CUP lo apoya en la independencia, pero no en lo de la presidencia, todo un embeleco que tiene detrás un lío de corrupción.

Dicho esto, a la UE no le gusta la idea de la ruptura porque eso podría animar otros proyectos secesionistas, y EE. UU. quiere una “España unida”, lo que podría dejar a la naciente ‘república’ en un limbo jurídico internacional. Y hoy no se sabe si la mayoría de los catalanes la apoyan, pues para muchos es claro que el júbilo nacionalista podría terminar convertido en un histórico salto al vacío.


editorial@eltiempo.com

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