Mi pesadilla con el 'decreto Uber' / Análisis del editor

Mi pesadilla con el 'decreto Uber' / Análisis del editor

Soñe que "se creó un servicio llamado 'taxis de lujo' con cupos de 100 millones de pesos".

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09 de noviembre 2015 , 11:50 a.m.

Este fin de semana tuve una pesadilla. Horrible.

En mi sueño aparecía en las noticias el esperado ‘decreto Uber’, ese que se supone va a regular la relación entre las empresas de transporte establecidas con las aplicaciones de transporte alternativo, fenómeno irreversible de la economía digital que busca beneficiar a los usuarios por encima de los modelos viejos de negocio.

Lo primero que me horrorizó es que se creó una nueva categoría de servicio llamada ‘taxis de lujo’. Y no por el nombre, sino porque se trataba de un modelo de transporte, adicional al de servicio especial y de taxis, el cual, para acceder a él, se debía pagar por cupos con un valor de ¡100 millones de pesos cada uno!

Qué horror. En vez de acabar con el peligroso y desastroso modelo de cupos, el Gobierno había decidido crear uno nuevo, peor de caro y aún más estimulante del abuso y dominio de esas grupos de transportadores que los acumulan y que tanto mal hacen a pasajeros y conductores.

Lo segundo que me hizo retorcer en esa pesadilla es que esos cupos de ‘taxis de lujo’ solo estaban reservados para quienes tuvieran uno de taxi amarillo. ¡Qué bonito!, dije en mi pesadilla, ¡ahora a seguir recibiendo el mismo trato desastroso y pagando el doble!

La noticia me produjo dolor de pecho, en mi sueño, cuando vi que además quedaban prohibidas todas las aplicaciones de transporte alternativo. Únicamente se podían usar las aplicaciones de los famosos ‘taxis de lujo’ y de los amarillos, quienes no solo recibirían su excesivo pago con tarjeta de crédito sino también en efectivo “para comodidad de los pasajeros”.

La pesadilla se puso mucho peor cuando en las noticias explicaron que, por tanto, se daba la orden al Ministerio de las TIC de bloquear todas las aplicaciones de transporte. Es decir, el país de la revolución tecnológica terminó convertido en enemigo de la libertad de la Red por cuenta de la defensa de un monopolio.

Vi una avalancha de protestas de grupos civiles por el libre uso de internet, también arreciaron los ataques de grupos de hackers contra entidades oficiales y se sobrevino una andanada de demandas de empresas establecidas que pedían el bloqueo de Netflix, Google, Twitter, Youtube y una inmensa cantidad de servicios web de educación y trabajo alternativo, por “atentar contra su negocio”.

Los taxistas, amarillos y de ‘lujo’, andaban en hordas por las calles persiguiendo gente, carros, golpeando en gavilla a usuarios, mientras la Policía se quedaba impávida.

La OMC sancionaba al país y lo declaraba no apto para inversión extranjera ante el horrible decreto; la ONU emitía una nota de rechazo por la decisión colombiana de bloquear internet, mientras que un video de un representante de la OCDE haciendo pedazos el documento de entrada de Colombia a la organización, se volvía viral en Youtube.

Al final desperté sudando, angustiado por la pesadilla. Por eso lo mejor es contar los sueños malos, para que no se cumplan.

¿Qué opinan ustedes? Gracias por opinar.

José Carlos García R.
@JoseCarlosTecno en Twitter

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