Editorial: Una prueba de fuego

Editorial: Una prueba de fuego

El aumento de la inflación exige respuestas de las autoridades para que no se desborde la carestía.

08 de noviembre 2015 , 09:45 p.m.

El ‘fraude’ de los desaparecidos Una de las peores sorpresas que ha traído el año en materia económica es la aceleración del ritmo inflacionario. Según lo reportó el Dane la semana pasada, el índice de precios al consumidor volvió a tener un avance notorio en octubre, al registrar un incremento cuatro veces superior al observado en igual periodo del 2014.

El guarismo, de 0,68 por ciento, contribuye a inclinar más una pendiente que ya venía mal. Debido a ello, el acumulado de los pasados doce meses asciende al 5,89 por ciento, casi dos puntos porcentuales por encima del límite superior del rango fijado como meta por el Banco de la República, que va del 2 al 4 por ciento anual.

Semejante comportamiento de la carestía es una mala noticia. Las alzas golpean la capacidad adquisitiva de las familias colombianas y afectan con particular dureza a los más pobres. Además, les complican la vida tanto a las empresas como al sector público, pues obligan a revisar planes y presupuestos, aparte de volverse un factor de inestabilidad al que es preciso ponerle freno.

La causa principal de los trastornos es el capítulo de los alimentos, que tiene un elevado peso en la canasta familiar. Por una prolongada sequía, que se ha hecho más extrema a raíz del fenómeno climático del Niño, la oferta de ciertos productos fundamentales en la dieta de la población no es la usual, lo cual los encarece. En lo que va del año, la comida ha subido 8,6 por ciento, alza jalada por vegetales como el tomate, el fríjol, la yuca o la cebolla, todos con reajustes cercanos o superiores al 50 por ciento.

Adicionalmente, la fuerte devaluación que experimenta el peso colombiano influye sobre la cotización de los bienes importados. Los economistas conocen este segmento como el de los transables, que, a medida que avanza el año, tiene una participación cada vez más notoria en el salto que ha dado la inflación.

Ante tal realidad, las autoridades comenzaron a actuar. En sus dos sesiones más recientes, la junta directiva del Emisor decidió reajustar la tasa de interés que les cobra a los intermediarios financieros por darles liquidez temporal. La ortodoxia indica que un mayor costo del dinero eventualmente será sentido por los consumidores y contribuirá a moderar el comportamiento de la demanda, lo que llevará a que los precios vuelvan al cauce del cual se salieron.

No obstante, quienes más conocen de estos temas señalan que el deseo inmediato de la entidad es poner en cintura las expectativas de una espiral alcista que debe ser cortada por lo sano. Para que ese efecto de bola de nieve se diluya, el banco sostiene que está dispuesto a tensar la rienda todo lo que sea necesario con el objeto de que el caballo no se desboque. Así ocurrió a finales de la década pasada, cuando al Emisor no le tembló la mano para elevar sus intereses al 10 por ciento, hasta que las cosas volvieron a la normalidad.

Dicen los que saben que la primera prueba de fuego, mas no la única, será el aumento del salario mínimo para el próximo año. Ojalá los integrantes de la comisión tripartita encargada de definir su nivel tengan en cuenta que la prudencia en estos casos es buena consejera y que los éxitos que en el pasado tuvo la política económica al poner la inflación en cintura necesitan volver, por el bien de todos.

EDITORIAL
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