El maestro Fernando Botero cumple su sueño de llegar a China

El maestro Fernando Botero cumple su sueño de llegar a China

El 20 de noviembre se abre una exposición en el país asiático de la obra del artista colombiano.

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08 de noviembre 2015 , 09:03 p.m.

La imagen imponente de dos zanqueros adorna la invitación en mandarín e inglés para asistir a la ceremonia especial con motivo de los 35 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Colombia, cuando el primer embajador fue el industrial Julio Mario Santo Domingo.

Pero el plato fuerte es la apertura de una megaexposición retrospectiva de Fernando Botero, por primera vez en el país más poblado del mundo. Los zanqueros hacen parte de ‘El circo’, una serie de pinturas y dibujos recientes de Botero.

Los invitados deberán estar a las 3 de la tarde del próximo 20 de noviembre en el Museo Nacional de China, ubicado en los alrededores de la mítica plaza Tiananmén de Beijing.

‘Botero en China’, como se llama el proyecto, es un sueño cumplido. En 1992, cuando las esculturas monumentales del maestro estaban en los Campos Elíseos, en París, se intentó que pudieran ocupar un espacio en la gigantesca Tiananmén, pero el Gobierno chino dijo que no.

Y no fue la única vez. Después de varios intentos frustrados, en julio pasado le llegó una carta con una invitación oficial. No estará en la plaza, pero sí en el museo más importante, y podrá poner varias de sus esculturas en una plaza de Shanghái, como nunca nadie lo ha hecho allí. (Lea también: La sexualidad humana expuesta en el Museo de Arte Erótico en Miami)

Así lo cuenta Felipe Botero, nieto del artista, que hace parte del engranaje familiar para llevar a feliz término la presencia de sus obras en China. “La verdad es que mi abuelo siempre había querido exponer en China, pero hubo varios intentos frustrados. Este último implicó siete años. Está muy, muy feliz. Creo que para él esta exposición es de las más importantes que ha hecho”.

Revela que “las cosas han fluido muy bien, pero la comunicación con los chinos en general puede a veces resultar difícil por el lenguaje y por el abismo tan grande que hay entre ambas culturas”.

“Los aficionados al arte, los coleccionistas, los académicos y los artistas conocen muy bien la obra de Fernando Botero, incluso hay varios artistas que han sido influenciados por él de manera muy perceptible, pero el grueso de la gente no conoce la obra”, admite Felipe.

Para Eduardo Serrano, crítico, curador de arte y quizá quien más conoce la trayectoria de Fernando Botero, “China no entendía el arte occidental y hoy ya los artistas chinos trabajan con los mismos patrones del arte occidental; entonces, les interesa mucho ver un artista de la talla de Botero, a quien se le abre un mercado impresionante, maravilloso”.

El diálogo con él, que ha llevado a varios artistas a China –como Olga de Amaral y Carlos Jacanamijoy–, da para que afloren las anécdotas. Recuerda que hace unos 15 años fue a Singapur y lo primero que vio al dejar el aeropuerto fue una escultura de Botero. Y no deja de lado una circunstancia histórica: el maestro “se maduró biche”, porque hizo parte de la generación de Obregón, Negret, Grau y Ramírez Villamizar –los mismos del grupo que protegió y lanzó al mercado Marta Traba– y era 10 años menor que ellos.

La dimensión de Botero

Serrano hace también un repaso por los logros del artista, que sin duda serán la clave para la conquista del público chino: “Me gusta sobre todo porque no hay que explicarlo, no hay que leer tres tomos para entenderlo. En ese sentido, creo que nadie lo supera. Su obra tiene una comunicación directa con el espectador. Lo que lo hace inolvidable es la increíble calidad de su obra. A uno no se le olvida dónde vio un Botero”.

También destaca que “desde los años 60 estableció que su lenguaje era el volumen, que de alguna manera no hace que las personas parezcan muñecos. No, parecen personas de carne y hueso. Yo me pregunto: ¿cómo reaccionarán los chinos a su obra, a esos volúmenes impresionantes, ellos que son delgados?”. (Vea aquí: Fernando Botero y su homenaje a las santas)

Pues en China podrán ver la historia artística de Botero, desde Naturaleza muerta con paisaje colombiano, de 1973, hasta My room in Medellín, after Van Gogh, del 2011. “Todas las obras son de la colección personal de mi abuelo, porque él siempre ha dicho que él guarda lo mejor de su obra para él y para que sea expuesta”, dice Felipe Botero.

Bueno, no todas. Hay una, la más pequeña que verán los chinos, el dibujo llamado ‘Cardenal’, que Botero le obsequió en 1990 a Xing Xiaosheng, un crítico de arte del país asiático que escribió hace 30 años un libro sobre el maestro colombiano.

Quedó reinando

¿En dónde está parado en el arte de hoy Fernando Botero? Su vigencia mundial está, incluso, desde antes de imponerse la globalización.

La respuesta la da Eduardo Serrano: “Es uno de los artistas más importantes del mundo”. En su diagnóstico plantea que “hay varios nichos. Por ejemplo, hay una tendencia de artistas como Doris Salcedo, que quieren concientizar a la gente de lo que está sucediendo en el mundo, en el arte o en la sociedad. Ese no es el punto de vista de Botero. Él es el gran artista del mercado del arte, de las ferias, de las galerías, de lo que es el mercado del arte. Es una figura impresionantemente descollante. Si Andy Warhol o esos grandes artistas de los años 60 y 70 de Estados Unidos o de Europa vivieran, serían una competencia para Botero, que quedó reinando”. (Lea: Se abre el telón de 'El Circo' de Botero en el Museo de Antioquia)

Toda la historia

La retrospectiva de Botero estará en Beijing hasta el 3 de enero. Después, del 21 de enero al 5 de abril, irá a Shanghái, al China Art Museum, en donde se podrán apreciar 10 grandes esculturas y 5 medianas.

Son 151 piezas entre pinturas, dibujos de gran formato y esculturas. Abarca seis categorías temáticas que recorren lo más destacado de su obra: Vida cotidiana en América Latina, Naturaleza muerta, El circo, La corrida, Versiones de grandes maestros y Dibujos de gran formato.

“Hay el deseo de que una escultura monumental se quede en China a perpetuidad”, cuenta Felipe Botero.

Se calcula que unas 30.000 personas visitarán a diario la exposición en Beijing, en donde el ingreso será gratuito.

Las obras van camino a China en barco. Salieron de Suiza y recorrerán casi 9.900 kilómetros. Se espera que al final de esta semana y comienzos de la próxima todo quede listo en el Museo Nacional de China.

Botero llegará el 16 y atenderá varios compromisos antes y después de la ceremonia del 20, en la que estará su familia en pleno. Además, se reunirá con artistas chinos en sus propios estudios. Estará allí hasta el martes 24.

Para la inauguración, no está claro cuántas personas asistirán. Pero no será de poca monta. “La instalación va a ser un evento multitudinario, que esperamos que sea maravilloso y con el despliegue de la importancia que merece el evento”, señala Felipe Botero.

Recuerda que su papá, el exministro Fernando Botero Zea, empezó hace siete años el camino para que su abuelo viera cumplido su sueño. “Desde entonces, mi papá ha venido cultivando las relaciones con el Gobierno chino. Y también conoció a Juan Camilo Montaña, el cerebro y las manos detrás del proyecto”, cuenta.

Felipe, filósofo de carrera, se echó al hombro varias responsabilidades en este proceso, como todos y cada uno de los miembros de la familia del maestro. “Lina tiene programada una cena en Beijing; Fernando, mi papá, ha estado muy involucrado en todo lo de la producción y dirección de la exposición, y Juan Carlos ha ayudado mucho desde el tema académico para entender mejor la obra de mi abuelo y difundirla de manera mucho más profunda”.

Para escoger las obras que estarían en China, “un criterio fundamental que orientó la selección fue dar la muestra más completa posible a través de piezas claves que mostrarán los intereses fundamentales del artista. Se escogieron seis temas que han sido constantes a lo largo de la obra de mi abuelo o que tuvieron un momento importantísimo”, agrega el nieto del maestro.

Todo indica que ningún detalle está descuidado para que los chinos se enteren de que Botero estará en su país, en donde afloran las inmensas dimensiones, como en la obra del artista que los visita. Se calcula que cerca de 8 millones de personas verán los Boteros, como si desfilara por allí toda la población de Bogotá.

Apreciarán la grandeza de un artista, como lo pinta Eduardo Serrano: “Botero es único. No tiene escuela. Pero sí predecesores, porque se inspiró mucho en el renacimiento italiano. Lo que ha hecho muy interesante su obra son sus retos. Por ejemplo, dice ‘voy a cortar con la escultura’ o ‘voy a cortar con la pintura’. Cortar con la pintura y regresar en tres años es un reto muy grande. En algún momento dijo: ‘no voy a utilizar el color negro’. Y entonces no lo usó durante un largo periodo de su obra, cuando el negro es fundamental para los artistas”.

¿Qué le falta a Botero?, me atreví a preguntarle a Serrano, tal vez con la sospecha de que respondiera: “Nada”. Pero no fue así: “Me gustaría que fuera más generoso con el pueblo colombiano. Sería importante que en cada ciudad colombiana hubiera un Botero como hay un Bolívar. Sería un acto de generosidad increíble con Colombia”.

JOSÉ FERNANDO MILLÁN C
Director de ADN
@fernandomillan

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