La mala relación entre televisión y educación / El otro lado

La mala relación entre televisión y educación / El otro lado

En lo educativo, el fracaso es tan brutal que los programas no los ve nadie, ni los que los hacen.

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08 de noviembre 2015 , 04:03 p.m.

La televisión fue soñada como el lugar de la revolución educativa. Más calidad, más cantidad, más formación, más democracia. Pero la televisión terminó siendo entretenimiento, negocio, magia social.

En lo educativo, su fracaso es tan brutal que los programas educativos no los ve nadie, ni los que los hacen: gente que se cree brillante pero no ven ni siquiera sus programas.

La verdad es que para educarse se va a la escuela, colegios y universidades. A la televisión se va a relajarse y no a pensar.

La paradoja es que hoy se les pide a los profesores, estudiantes y colegios que se conviertan en entretenedores como si fueran la televisión. Y esto es porque la televisión derrotó en lenguaje, estética, formatos y emoción a la educación.

¿Podemos pensar la TV desde lo educativo? Sí, pero no solo desde los procesos de enseñanza-aprendizaje (o sea como reemplazante de maestros) sino en el horizonte de construcción de ciudadanía, de utilidad social, de un proyecto ético de sociedad.

Por ejemplo, en socializar y contar qué es un país en diversidad cultural, en perspectiva de derechos humanos, en paz. Y eso se hace con los realities, las telenovelas, los programas de humor, las películas, los noticieros. Todos los programas socializan un modelo de país y sociedad, de hombre y mujer, de modos de conversar, sentir y pensar. Y por eso son educativos.

La televisión es educativa como mecanismo estructurante de lo cultural, lugar de encuentro de la comunidad y centro movilizador de la sociedad.

En este contexto, la televisión tiene cada día más la obligación de vincularse a su sociedad. La televisión privada debe reflexionar (y ojalá practicar) nuevas formas de comprender la sociedad para ser de utilidad social y formación ciudadana.

Los maestros deben recordar que lo educativo no es un repartir moralidades ni dualismos, sino modos diversos de pensar, que lo educativo no es memorización sino producción de experiencias de incitación, que al aula de clase se viene con todo (TV, tecnologías, culturas, dialectos…) y que el colegio es un lugar de vínculo y conexión.

La televisión es educativa cuando se produce un diálogo de saberes entre los pop-millonarios (los estudiantes) y los ilustreducados (los maestros).

La televisión como la educación son exitosas en su aporte a la sociedad cuando son una experiencia que brinda criterio para que el ciudadano tome decisiones responsables por sí mismo.

La televisión es educativa si fascina, conecta, vincula, sintoniza. La educación es televisión si nos emociona, conecta y moviliza a la acción.

Toda la televisión es educativa si llega al aula y se usa como pretexto, contexto, texto que moviliza el diálogo de saberes y el conocer como experiencia en la que lo que sabemos lo sabemos entre todos. Algo de eso pasa con ‘Escuela+’, una acción de Directv, Discovery y NatGeo.

La televisión les enseña a la educación y a los maestros que para pensar y aprender se debe contar historias, producir emociones y generar esperanza. Y eso es la televisión educativa. Y eso es la educación.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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