El hombre detrás de la adopción homosexual en Colombia

El hombre detrás de la adopción homosexual en Colombia

Señala que él y sus estudiantes interpusieron la acción de inconstitucionalidad movidos por el amor.

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08 de noviembre 2015 , 11:30 a.m.

“Me lastima ver que hay niños y niñas que nunca llegan a ser adoptados, no encuentran un hogar, ni unos padres que los amen, se quedan haciendo fila en las listas del ICBF. La palabra clave es amor, pues allí no hay un criterio de preferencia sexual que pueda determinar que una persona puede amar más que otra”, dice Sergio Estrada Vélez, de 43 años de edad.

Él es uno de los abogados que interpuso la demanda contra los artículos 54, 66 y 68 de la Ley 1098 del 2006, que regula los procesos de adopción, “bajo el entendido de que, en virtud del interés superior del menor, dentro de su ámbito de aplicación están comprendidas también las parejas del mismo sexo que conforman una familia”.

Esta tarea de investigar los argumentos jurídicos y sociales que podrían permitir la adopción de parejas homosexuales le llevo a Vélez más de seis años. En ese entonces, era profesor de la Universidad de Antioquia y tenía un grupo de investigación integrado por 12 alumnos, interesados todos en el estudio y defensa de los derechos humanos.

En las reuniones semanales del grupo, cuenta el académico, sus alumnos y él leían en voz alta artículos, ensayos y algunos capítulos de novelas que les ayudaban en el análisis de las problemáticas sociales y las desigualdades, tales como el aborto, la drogadicción, el matrimonio igualitario, el maltrato infantil.

En uno de esos coloquios, en agosto del 2009, se encontraron con una investigación de Aldeas Infantiles SOS, una organización no gubernamental que trabaja para proteger niños en situación de riesgo. El informe decía que en el país había 845.410 niños en situación de orfandad.

“En ese momento comenzamos a pensar que la academia y el estudio del derecho deben dar solución a ese tipo de problemáticas sociales, pues existe una precariedad en la cultura constitucional colombiana. Todo eso nos motivó a que pudiéramos intervenir en ese tema y ser promotores de cambio y transformación social”, dijo Vélez.

Ni él, ni sus alumnos pudieron ser indiferentes a esta situación, así que comenzaron la investigación: entrevistaron a parejas del mismo sexo, fueron a colegios, jardines infantiles y lugares de paso para niños huérfanos, además de leer autores de filosofía política y teoría ética del derecho.

Desde un principio, señala el estudioso, la discusión sobre la adopción homosexual se enfocó en los derechos de los menores de edad y no en el de las parejas gais a adoptar pues, según Vélez, el género ha sido resultado de imaginarios culturales y de estándares impuestos por la sociedad.

Esos fueron años de estudio, descubrimientos y retos. Se habían impuesto el propósito de desechar imaginarios retrógrados impuestos culturalmente y cambiar el devenir de la historia del derecho constitucional colombiano.

En el proceso, la primera sorpresa que se llevó fue cuando uno de sus alumnos le confesó que en el colegio había sido homofóbico, pero tras entrar en el grupo de investigación y conocer parejas del mismo sexo, entrevistar a niños y niñas huérfanas, todas las preconcepciones que tenía sobre este tema se derrumbaron, el muro de la discriminación dejó de existir.

“Fueron muchos los temas explorados y bastantes las conclusiones, pero la principal es que los niños requieren amor y los colombianos olvidamos que estamos viviendo un conflicto armado interno que ha dejado a muchos niños en estado de orfandad”, señaló el abogado constitucionalista.

Para Vélez, soltero y sin hijos, hay seres humanos con un corazón bondadoso, que independientemente de sus preferencias sexuales podrían darles la oportunidad a un niño de tener una familia, pues “entre escoger que el niño crezca en una institución como el ICBF y que lo haga en una familia homoparental, lo ideal es que pueda tener la oportunidad de estar en un hogar en el que reciba amor”.

El afecto y el amor son precisamente para él, un hombre católico, los sentimientos que mueven a la sentencia de la Corte Constitucional y la investigación que realizó junto a sus estudiantes son afines a al catolicismo, que tiene como fundamento la igualdad, el amor y el respeto por el prójimo.

Señala también que a pesar de este triunfo en materia constitucional, para él la lucha por los derechos humanos nunca termina, debe ser constante y requiere perseverancia, aunque a veces haya situaciones, personas o instituciones que lo decepcionan, como la universidad.

Por eso, decidió dejar la cátedra, pues señala que los direccionamientos de las instituciones universitarias van encaminados a la mercantilización de la educación, que afecta la autonomía del docente y la generación de investigaciones y propuestas.

Pero su lucha por la defensa de los derechos humanos no desaparece. Desde el Centro de Estudios Constitucionales, corporación sin ánimo de lucro en la que trabaja y de la que es cofundador, hay otros temas que está promoviendo e investigando, como el matrimonio igualitario, la ilegalidad de las fotodetecciones y la inminente desaparición del pueblo raizal de San Andrés.

Desde ahí, señaló Vélez, seguirá educando, pues para él “enseñar es asumir la responsabilidad de la transformación de las personas, en la medida en que lo que la vida te ha entregado en conocimientos debes dárselos a los demás y dotarlos de herramientas”, agrega.  

PAOLA MORALES ESCOBAR
Redacción EL TIEMPO
MEDELLÍN

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