¿Hubo golpe militar?

¿Hubo golpe militar?

Betancur le propuso a los guerrilleros un cese al fuego condicionado para liberación de los rehenes.

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07 de noviembre 2015 , 08:50 p.m.

Según testimonio muy serio del ministro del Interior de la época, Jaime Castro, en el libro ‘La penitencia del poder’, de Diego Pizano, “se sigue pensando equivocadamente que hubo un golpe de Estado o vacío de poder porque el Gobierno no hizo lo que (unas) personas creyeron que ha debido hacer o dejar de hacer”.

¿Y qué era eso? Ordenar una tregua para salvar a los rehenes o controlar lo que fue después evidente: un desbordado operativo de retoma. Dos cosas muy relevantes había para la época. El M-19 acababa de plantearles a las Fuerzas Armadas el desafío de tomarse Yarumales, en las goteras de Cali; la mediación del nuncio apostólico Ángelo Acerbi evitó que los desalojaran militarmente. El M-19, que aceptó moverse “pacíficamente” a Los Robles, humilló al Ejército promulgando a los medios, que le rendían pleitesía, un resonante triunfo militar. Lo cual, según Castro, “endureció su tendencia guerrerista”.

A eso se suma la versión confirmada, desde por Castaño hasta por ‘Popeye’, de la financiación millonaria de Pablo Escobar al M-19, principalmente a través de Iván Marino Ospina. En el “manifiesto político” de la toma del Palacio se decía, haciendo alusión a la extradición: “Señores magistrados, aquí y ahora vamos a decidir si seguiremos permitiendo entregar nuestro país a pedazos”. Era su “inicio irreversible de la toma del poder”, según el M-19 en comunicados al exterior.

Años después, el Tribunal Especial designado por la Corte Suprema para investigar la verdad de esta violenta toma de la justicia de Colombia reveló: “Los insurgentes, luego de un plan de seis meses (...), dieron este golpe sangriento utilizando armas similares o superiores a las de las Fuerzas Militares, bombas, granadas, bazucas, rockets y explosivos de gran potencia (...). Inclusive, bombas claymor –20 o 30– para detener el avance de las tanquetas, que se elaboraron con dinamita y TNT la víspera del asalto”.

En el comunicado de la toma, el M-19 no planteaba ninguna negociación. Solo informó que instalaba un nuevo gobierno que enjuiciaría a Betancur (de hecho, con la toma ya consideraban que lo habían destituido, por la referencia al “expresidente”). Por lo tanto, Belisario, apoyado por sus ministros, decidió lo que se consideraría su Némesis: “El Gobierno dialoga, pero no negocia”.

Betancur nunca ha negado que hubiera ordenado a los militares retomar el Palacio. Tampoco ha dicho que ordenara cancelar o suspender el operativo. Sí hay pruebas de que propuso al “comandante” Otero, del M-19, a través del director de la Policía, general Delgado Mallarino, un cese del fuego condicionado para la liberación de los rehenes. Con los ministros de testigos, eso fue rechazado por Otero, quien colgó la conversación diciendo: “Ni los llamo, ni me llamen”. A continuación, todos los teléfonos de Palacio murieron.

Sin embargo, siguieron recibiéndose peticiones de cese del fuego de la guerrilla por otros conductos telefónicos, contactos familiares e inclusive radiales, siempre amenazando con que “si siguen disparando, vamos a matar uno a uno a los rehenes”. O “tenemos en el sótano dinamita suficiente, y aquí nos morimos todos”.

La versión del exministro de Comunicaciones, amigo íntimo y muy cercano consejero de Belisario, Bernardo Ramírez (q. e. p. d.), citado en El Palacio sin máscara, de Germán Castro Caycedo, es otra. Su autor asegura que “con anuencia del propio Betancur”, Ramirez dijo: “Fue un golpe de Estado técnico. Los militares desobedecieron la orden del Presidente: vayan al Palacio de Justicia, hay que recuperar la autoridad, pero, por favor, cuiden, primero que todo, la vida de los rehenes, y de los guerrilleros también, porque esos son seres humanos. (...) Pero los militares, como estaban sedientos de venganza, y esos mandos de la época eran siniestros, les chorreaba sangre de las manos, fueron a lo que querían: vengarse de todas las humillaciones que habían sufrido, de pronto por su propia incompetencia. De modo que para mí es muy claro: hubo un golpe de Estado de los militares”.

¿Quién podrá hacer el diagnóstico de esta herida abierta? Solo Belisario tiene la verdad. No se vaya sin contarla, Presidente.

Entre tanto… Y no se vaya nunca.

MARÍA ISABEL RUEDA

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