Cambio de rumbo

Cambio de rumbo

Incertidumbre de no saber qué va a hacer el Emisor o cómo y cuánto va a intervenir en el mercado.

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07 de noviembre 2015 , 08:50 p.m.

El Banco de la República ha cambiado de curso. Durante años se concentró en cumplir las metas anuales de inflación utilizando, casi exclusivamente, la tasa de interés y dejó en libertad (posiblemente vigilada) la tasa de cambio. Esto le ha servido para consolidar su prestigio y su credibilidad. La reciente decisión de aumentar la tasa de interés encaja en esa tradición, y había tardado en tomarse porque las tasas de inflación han sobrepasado significativamente durante varios meses las metas que el banco había establecido. Ha comenzado a debilitarse la credibilidad de la institución, entre otras cosas porque algunos de sus directores le quisieron crear al país la ilusión de que la tasa de cambio puede depreciarse veinte o más puntos sin provocar un salto en la de inflación, que no se autocorrige, y porque a causa de esto mismo, en parte, se dejaron de cumplir las metas de inflación durante un periodo relativamente largo, sin provocar una intervención.

La decisión, más precisamente el anuncio de que el Emisor va a intervenir en el mercado para tratar de manejar la tasa de cambio, es una modificación de política drástica. De ahora en adelante, el banco va a dejar de cumplir una sola meta (de inflación) con un solo instrumento (la tasa de interés) y va a tratar de cumplir dos metas, que no son independientes entre sí (tasa de cambio y tasa de inflación), quién sabe con cuántos instrumentos, y con un gran riesgo de no cumplir la meta de inflación, que es conocida, ni el objetivo de tasa de cambio, que no se revela, pero sí el compromiso de invertir una suma X de las reservas internacionales con ese propósito. Esto conlleva un riesgo adicional, que consiste en tentar a los especuladores internacionales a probar qué tan lejos va a ir el banco en su defensa de la tasa de cambio y recorrer un camino que en el pasado llevó a extremos que ya no figuraban en el panorama de lo previsible.

Hay otra crítica a la que se hace acreedor el banco con su cambio de política, pues, si iba a tomar la decisión de intervenir en el mercado cambiario para acercar la inflación a la meta que no se está cumpliendo cuando esto último ya es un hecho, tal vez hubiera sido mejor haberlo hecho antes para suavizar el aterrizaje del peso, que ha sido abrupto, y su impacto inflacionario. Los que defienden esta hipótesis sostienen que se hubiera llegado al mismo lugar con menos traumatismos. Quién sabe.

Lo evidente es que ahora se le ha añadido a la incertidumbre que reina alrededor del comportamiento de la tasa de cambio un nuevo elemento, que es no saber qué va a hacer o cómo y cuánto va a intervenir el banco central en un mercado en el que su influencia es parecida a la de una “llamita al viento y al azar”. ¿Qué va a hacer, por ejemplo, el Banco de la República si la Fed sube tasas en diciembre? ¿Va a subir la tasa de interés o a quemar reservas internacionales? Y si toma cualquiera de esas dos opciones, o las dos, ¿lo hace respondiendo a su mandato constitucional o a la situación política del momento? Este tipo de preguntas no se hacían cuando la política del banco era clara.

Por otra parte, han aparecido comentarios que cuestionan el reciente aumento de tasas de interés a la luz de lo que está sucediendo con el desempleo, que ha dejado de caer, y de la posibilidad de que se presente un estancamiento. Ellos tergiversan el papel del banco en la ejecución de la política económica general, pues hacen mucho énfasis en su obligación de actuar en coordinación con dicha política, pero desconocen que el Estado comparte con el banco la responsabilidad constitucional de velar por la capacidad adquisitiva de la moneda.

RUDOLF HOMMES

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