'En paz, podríamos triplicar el número de turistas en diez años'

'En paz, podríamos triplicar el número de turistas en diez años'

Jean Claude Bessudo habla del papel que puede jugar su sector en la nueva realidad del país.

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07 de noviembre 2015 , 08:30 p.m.

Jean Claude Bessudo Hesby, presidente del Grupo Aviatur, es un personaje que parece salido del Renacimiento. “Un renacentista en versión chibcha, con todos los talentos, excepto la gimnasia”, aclara este francés, que cumplió 68 años y que desde hace al menos un cuarto de siglo es el mandamás del turismo en Colombia. (Lea también: Jean Claude Bessudo: el dueño de sus vacaciones)

La mañana en la que atiende a EL TIEMPO, desde las 7:30, también coordina el reclutamiento de reinsertados para una agencia de eventos para la paz, dirige un reality sobre innovación, coordina la fabricación de prendas infantiles que alertarán a los padres sobre la posibilidad de insolación en sus hijos, habla con el Ministro de Defensa sobre la posibilidad de reanudar los vuelos turísticos a Ciudad Perdida y se deleita, gracias a las imágenes que llegan a su iPhone, con la revolución que causa en su casa un pequeño colibrí que cayó de un árbol. (Vea aquí: Polémica por plan turístico en helicóptero en la Ciudad Perdida)

Bessudo cuenta que todas las semanas ve al Presidente de la República. Y seguramente no exagera. Según el propio Gobierno, este año el turismo (‘la industria sin chimeneas’) desplazó al carbón y ya es el segundo sector que más divisas le genera al país, solo superado por el petróleo. Y con la firma de la paz a la vuelta de la esquina, el próspero gremio que lidera este hombre podría tener un papel aún más importante para la desacelerada economía nacional.

¿Cómo recibió la noticia de que Gobierno y Farc firmarían la paz en el primer semestre del 2016?

Como sector turístico, con infinito beneplácito. Lo que requiere Colombia para volver a ser un destino de primer orden es la paz, que bajen los niveles de advertencia de 57 gobiernos extranjeros para con sus nacionales. Así podríamos reiniciar, en serio, la vocación turística del país, que sufrió un golpe de gracia con los hechos del Palacio de Justicia, en 1985.

¿Ese fue un punto de quiebre?

El país había salido bien librado del episodio de la embajada de República Dominicana –recuerdo que colaboramos con la traída del avión de Cuba–, pero la imagen de las tanquetas Urutú subiendo por las escaleras del Palacio de Justicia fue demasiado fuerte. De eso no nos repusimos. Y luego vinieron las bombas de Pablo Escobar...

¿Qué tanto nos afectan las advertencias que otros gobiernos hacen a sus ciudadanos?

Mucho. Por ejemplo, muchos seguros caducan si el beneficiario viene a Colombia, considerado un país en guerra.

¿Qué podemos esperar del turismo colombiano si se firma la paz?

Ya somos el segundo importador de divisas en el país. Colombia lo tiene todo, y lo más importante es su gente, simpática, sin pensar en propinas. El techo es nuestra imaginación.

Las cascadas de Tilupo es, para Bessudo, uno de los secretos mejor guardados del país en términos de destinos. / Foto: Archivo EL TIEMPO.

¿Qué cifras maneja hoy su sector?

Un poco de historia: el turismo despegó con la creación de la Empresa Colombiana de Turismo (1957), y nos iba muy bien: el 85 por ciento de gente que venía eran personas cuyo propósito principal era descubrir el país; y el 15 por ciento, hombres de negocios. Esa proporción se invirtió. Hoy vienen muy pocas personas cuyo propósito principal sea descubrir el país. Y estas son las que se necesitan para que los hoteles de las ciudades no estén vacíos los fines de semana, y para poder esparcir los beneficios del turismo en todo el territorio nacional.

Nuestra cifra de turistas (2,5 millones en el 2014, según la Organización Mundial del Turismo) está cercana a la de 1982. De ese pico bajamos a 500.000 en el gobierno Pastrana, y volvimos a recuperarnos en el de Uribe.

Con un país en paz, ¿cuánta gente más podría llegar?

Soy malo para las proyecciones, pero calculo que entre cinco y diez años podríamos triplicar el número de turistas.

De cara al posconflicto, ¿en qué debería concentrarse su sector?

En administrar bien lo que llega, tener reglas claras y definir qué queremos del exterior. Por ejemplo, el Gobierno no quiere hotelería en los parques (naturales). Maravilloso. Pero definamos las zonas de amortiguación donde se puede tener.

¿No sabemos lo que queremos?

Nos dejamos obnubilar por la cifra de personas y no por su impacto, mientras que la tendencia mundial es apuntar al alto de gama. El otro problemita que tenemos es que el país está hecho un basurero, y el tema de la limpieza es primordial para el turismo.

¿Está dispuesto a contratar a desmovilizados de las Farc?

No sé cuántos, pero ya tenemos, particularmente en el parque Tayrona (donde Aviatur administra una parte de la reserva). Además, tenemos cuatro proyectos que los involucran dentro del marco de un reality que se llama El gran inventor y que estoy dirigiendo. En febrero saldrá al aire por las redes sociales y por la televisión tradicional. Y María Claudia Lacouture (presidenta de ProColombia) ya me ofreció empezar a contratar eventos con mi agencia de modelos, que empleará reinsertados.

A propósito de ‘realities’, ¿qué pasó con el ganador de ‘El aprendiz’, donde usted fue la versión local de Donald Trump?

Kees Stapel trabajó como cinco años con nosotros y montó su propia empresa. Fue él quien arrancó el proyecto de Parques Nacionales, cuando administramos cinco. Y la segunda, Sandra Abreu (venezolana), sigue trabajando con nosotros después de diez años. Maneja Aviaexport, una de nuestras empresas, que ahora mismo está vendiendo entre 20.000 y 22.000 euros diarios en el pabellón colombiano de la Expo de Milán, a punta de arepas de huevo, jugos y cocteles.

¿Cree que alguna zona del país está siendo subexplotada respecto del potencial turístico que tiene?

Todas. Hay demasiado cemento en San Andrés, Bocagrande (Cartagena) y El Rodadero (Santa Marta). Si usted quita esos tres errores, tenemos el único país virgen de un millón de kilómetros cuadrados de área marítima –un poquito menos, por Nicaragua– y un millón de kilómetros cuadrados de área terrestre. Y los grandes aliados para haberlo logrado, los grandes aliados de la industria turística del futuro, han sido las Farc y el Eln. Gracias a ellos, no ha ido nadie a muchos sitios y no se han cometido los errores de otras partes del mundo.

¿A qué clase de turismo deberíamos apostarle?

Ojalá el máximo de colombianos pueda disfrutar de todo el país. Y del exterior, un turismo que sea lo menos contaminante posible desde el punto de vista cultural, visual y ambiental. Viva el turismo de mochileros, porque serán los ejecutivos del mañana y porque promueven el intercambio cultural.

¿A qué destino deberíamos imitar?

A Botsuana y Uganda (África). Por ir a ver los gorilas, Uganda te cobra mil dólares por persona. A las Seychelles (archipiélago de África oriental). Y en algunos sitios, a Costa Rica.

¿Cuáles son nuestros secretos mejor guardados?

Cayo Bolívar, a 17 minutos de lancha rápida desde San Andrés. Las cascadas de Tilupo, en el parque Los Katíos (Chocó). Y Mompox, donde van a reabrir el hostal Doña Manuela, una belleza.

¿Por qué, con excepción del Tayrona, Aviatur salió de los Parques Nacionales Naturales?

Del Otún-Quimbaya, porque la Gobernación de Risaralda no quiso seguir. Hicimos las obras de infraestructura hotelera, pero no quisieron construir la carretera, indispensable para el turismo.

En el Amacayacu, el desbordamiento del Amazonas agrietó el alojamiento. Por orden del Ideam, no podíamos seguir ahí. Hoy se utiliza el dosel de la selva, donde construimos muy buena infraestructura.

En Nevados hubo alerta naranja, y seis meses de cierre eran causal de terminación del contrato. Se truncó un domo que iba a ser la construcción habitada a mayor altura del mundo. Y de Gorgona nos sacó el ataque de las Farc.

¿O sea que estas reservas naturales no son un buen negocio?

Nunca las vimos como un negocio. Si nosotros no hacíamos esas obras, ¿quién? Le debíamos eso al país. Con la inversión en los cinco parques, fácilmente hubiéramos podido hacer un hotel o más. A raíz de esa inversión logramos, por ejemplo, que el Tayrona fuera declarado uno de los cinco destinos ecoturísticos del mundo. Y lo que le metí a Gorgona era para ser el primer balneario en Latinoamérica.

¿En cuál parque invirtieron más?

Gorgona: unos cuatro millones de dólares... Digamos que el Tayrona subvencionó la inversión de los demás.

¿Cuál es el peor negocio que ha hecho Aviatur en los últimos años?

Gorgona.

¿En qué va el tema de los viajes en helicóptero desde El Dorado hasta otros puntos de Bogotá?

Creo que en cuestión de días tendremos el permiso para aterrizar en el World Trade Center (calle 100 con 8.ª). Haremos una prueba de tres meses y aspiro a reiniciar la operación este año.

¿Con qué frecuencia volarán?

Cada media hora.

En Medellín ya vuelan entre los dos aeropuertos...

Sí, desde el 15 de julio.

¿Y los vuelos a Ciudad Perdida?

Ante todo, se trata de una decisión de las tribus indígenas, particularmente los koguis. La Sierra Nevada de Santa Marta es un atractivo turístico por excelencia y, dentro de ella, Ciudad Perdida es un emblema del país. Sería una maravilla poder darlo a conocer al turismo internacional y nacional en otra forma que no sea caminando, como en los 80.

¿Es cierto que hay problemas de seguridad en la ruta terrestre?

En una reunión en la Casa de Nariño, un operador turístico se quejó en ese sentido.

Si los koguis los sacaron en los 80, ¿por qué cree que ahora sí los dejarían operar?

En esa época, el contacto con los koguis lo hizo (el exministro de Ambiente) Juan Mayr. Lo único que nos pidieron fue subirles pescado seco. Pero después de dos años coincidió el hecho de que ellos no querían interrupciones durante sus pagamentos religiosos con un concepto del Icanh que dijo que los helicópteros debilitaban las plataformas (de tiempos prehispánicos). Por eso dejamos la operación.

¿En qué va el proyecto?

El tema se escaló al más alto nivel. Será una decisión ambiental. Pensamos que, independientemente de los koguis, para la logística de transporte del Icanh y del batallón de alta montaña que se encuentra en Ciudad Perdida, se requiere un helipuerto.

Hablemos del dólar...

Mientras más alto, mejor para mí.

¿En cuánto calcula el beneficio adicional de su firma por la devaluación?

Se lo diré a la Dian (risas)... Nuestras utilidades entre enero y agosto crecieron 243 por ciento (frente al mismo lapso del 2014).

¿No le parece que Colombia es un poco cara para los colombianos?

Sí. Y lo era todavía más antes de la devaluación del peso.

¿De quién es Aviatur?

Mi primo Leonel, heredero del fundador, 33 por ciento; Sonia Gutt de Haime (grupo Grasco), 33 por ciento, y 33 mi esposa y yo. Todas las empresas que creamos (35) tienen los mismos socios y los mismos porcentajes.

Un monstruo de 35 cabezas

Jean-Claude Bessudo preside el Grupo Aviatur, compuesto por 35 empresas. La agencia de viajes produce el 65 por ciento de los ingresos y tiene 350 oficinas en 37 ciudades del país y en el exterior, incluida Cuba. El 15 por ciento de las ventas de la agencia de viajes se hacen por la plataforma virtual.

Aviatur emplea a 4.500 personas, de las cuales el 5 por ciento están afiliadas al sindicato del sector turístico (Sinaltratur).

BERNARDO BEJARANO G.
Editor Redacción Domingo

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