Despertar brasileño / Hablemos de vinos

Despertar brasileño / Hablemos de vinos

Ocurre una pequeña revolución que llevará a Brasil a ser la nación de las burbujas sudamericanas.

07 de noviembre 2015 , 07:33 p.m.

Por estos días ando en el Vale dos Vinhedos, en el sur de Brasil, hacia el interior de Porto Alegre; un lugar maravilloso, de buenos vinos, pero sobre todo de muy buena comida ¿Conocen los galetos ao primo canto? Unos pollitos deliciosos, del porte del puño de tu mano izquierda. Ni bien cantan por primera vez, vamos al horno con ellos. Cabeza fuera, tripas fuera. Y la carne tierna allí, en el plato, dorada por fuera, muy blanca por dentro. Nunca sabremos si entre alguno de esos pollos había un talento de la canción.

Es la especialidad de esta zona, la más importante en términos enoturísticos de todo Brasil. Y aquí se bebe espumante. Un plato con pollitos, tiernos y crujientes, junto a una copa de vino espumante, radiante en burbujas. Esa imagen, y las laderas de viñedos internándose en una impresionante vegetación.

Estoy por estos lados para comer pollitos cantores, pero también para probar vinos para la guía esa que hago, Descorchados. Hemos probado unos doscientos espumantes. Y es como subirse a la montaña rusa.

La Descorchados la hago en Argentina y en Chile. Con esos dos países ya tengo tres mil vinos que pasan por esta garganta. Suena una locura, pero no lo es tanto. Es cuestión de técnica. Cualquiera de ustedes lo podría hacer con cierta práctica. Lo que es más complicado es agarrarse bien al asiento en la montaña rusa de calidad a la que uno se enfrenta.

En Argentina y en Chile, el tema de la calidad está más o menos resuelto. Casi todos los vinos son aceptables en términos cualitativos; es decir, no tienen defectos. En cambio, en Uruguay y en Brasil, las cosas son distintas. Uno se encuentra con vinos impresionantes, que te vuelan la cabeza y que te hacen pensar en cómo es posible que nadie haya puesto todas sus fichas allí. Pero luego, al segundo siguiente, a la copa siguiente, te encuentras con un vino que no se lo recomendarías ni a tu peor enemigo.

Uruguay tiene esa cepa que se llama tannat. A algunos, yo incluido, nos encanta. Matamos por ella, cuando está bien hecha. En Brasil, tienen muchos espumantes, algunos de ellos sobresalientes, pero aún falta mucho. Aromas vegetales, sabores amargos que te recuerdan al negroni que no puedes beber en la barra de tu bar favorito. He probado espumantes impresionantes en Brasil, este año y también los anteriores, pero aún se trata de un porcentaje bajo. Digamos un 5 por ciento del total.

Es claro, un trabajo en progreso. Lo mismo sucedía en Argentina o en Chile hace veinte o treinta años. En Brasil ocurre ahora. Una pequeña revolución comandada por unos pocos (Pizzato, Estrela Do Brasil, Geisse, ente otros) que va a llevar a este país a ser la nación de las burbujas sudamericanas en el futuro. No ahora. Ahora están esos pollitos tiernos que, ni bien cantan, los meten al horno. Y te los comes.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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