Erdogan, el nuevo 'sultán' de Turquía

Erdogan, el nuevo 'sultán' de Turquía

Recep Tayyip Erdogan ganó con su partido las elecciones legislativas y gobernará en solitario.

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07 de noviembre 2015 , 05:47 p.m.

Turquía tiene de nuevo un hombre fuerte, una especie de ‘sultán’. De hecho, así lo apodan. El presidente Recep Tayyip Erdogan y su partido, el islamista conservador AKP, ganaron el domingo pasado las legislativas con el 49,3 por ciento de votos, por lo que dispondrá de una mayoría de 316 diputados en un parlamento de 550.

Eso le permitirá gobernar en solitario, pero no le será suficiente para cambiar la Constitución y otorgar más poderes a la figura del presidente, por lo que la prometida reforma constitucional tendrá que ser pactada con la oposición. Las elecciones se repitieron después de que el pasado 7 de junio los resultados impidieron la formación de un gobierno.

Erdogan, hombre fuerte del AKP –por encima del primer ministro Ahmet Davutoglu–, recuperó desde junio tres millones de votos. En su agenda, además de fortalecer sus poderes, seguirá teniendo sitio reformar paso a paso hacia un Estado confesional la Turquía laica que dejó Mustafá Kemal Atatürk a principios del siglo XX, tras el desmoronamiento del Imperio otomano. Mediante una serie de férreas reformas, Atatürk ‘occidentalizó’ a Turquía en todos los aspectos, pero Erdogan va en dirección contraria.

La campaña electoral estuvo dominada por el AKP y la figura de Erdogan, con un control casi total de los medios de comunicación públicos y el acoso a medios opositores o independientes.

La operación de la policía contra dos cadenas de TV cercanas a la oposición reforzó los temores por el autoritarismo de Erdogan. El jefe de la oposición, Kemal Kiliçdaroglu, lo acusó, por ejemplo, de querer “restablecer el sultanato”.

A esto se sumó el monumental palacio en el que se instaló hace un año a las afueras de Ankara. Tuvo un coste de 500 millones de dólares y para muchos es el símbolo de sus “delirios de grandeza”.

Incluso en las más viejas tradiciones las cosas están empezando a cambiar. El raki, un aguardiente anisado considerado la bebida nacional, que se bebe mezclado con agua y se acompaña de pequeños platos de comida, ha sido prohibido en las anchetas de fin de año, según un decreto que entró en vigor esta semana. “Ningún producto alcohólico ni de tabaco puede incluirse en las cestas de fin de año que se ofrecen en los establecimientos de venta al por menor”, establece el decreto.

En el pasado, Erdogan ha querido imponer al ayran (un tipo de yogur líquido) como bebida nacional, pues al no contener alcohol se ajusta más a sus ideas conservadoras islamistas.

La profesora de Estudios Europeos de la Universidad Sabanci de Estambul Isik Özel explicó a EL TIEMPO que la “inesperada victoria del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) podría llevar a unos escenarios preocupantes para el futuro de la democracia en Turquía”.

El mayor temor, según esta especialista, “sería el establecimiento de un sistema presidencial sin los adecuados controles democráticos, que reforzaría al poder ejecutivo en detrimento del legislativo y daría mayor espacio a un creciente autoritarismo”.

Özel cree también que “las crecientes preocupaciones de seguridad podrían allanar el camino a un mayor autoritarismo”, que se sustanciaría en una peor situación de la libertad de expresión y de los medios de comunicación.

Berkay Mandiraci, analista turco del International Crisis Group, estima que el electorado turco busca “estabilidad. Más de 500 personas fueron asesinadas por violencia política entre el 20 de julio y el fin de octubre. El país se desestabiliza, el proceso de paz con la guerrilla kurda se rompe y hubo dos grandes atentados del grupo Estado Islámico que mataron a más de 130 civiles”.

Este analista considera que el mayor desafío actual es volver “al camino de la democratización” y que “para restaurar la calma, el AKP debe reanudar el proceso de paz con la guerrilla kurda”, y eso “solo puede lograrse con una agenda pluralista y democrática”. La estrategia de la tensión –fin del alto el fuego con las guerrillas kurdas, intervención militar en las regiones kurdas– y los atentados –como el que dejó 102 muertos el 10 de octubre en Ankara a manos supuestamente de dos terroristas suicidas del Estado Islámico– hicieron que el AKP recuperara muchos votos que en junio habían elegido a la derecha ultranacionalista y al partido prokurdo, que entra en el Parlamento con un 10,4 por ciento de los votos –la barrera está en el 10 por ciento, precisamente para impedir su entrada.

El país también está en problemas económicos –la lira cayó durante meses, aunque desde el domingo pasado subió; las exportaciones cayeron 8,6 por ciento en el primer semestre– y el AKP promete reformas. Los mercados financieros parecieron acoger con satisfacción el resultado que dará un gobierno fuerte.

Pero Turquía tiene desafíos grandes: cientos de kilómetros de una porosa frontera con Siria, más de dos millones de refugiados sirios en el país, la irresuelta cuestión kurda y las lentas negociaciones de adhesión a la Unión Europea, que ofrece el oro y el moro para que Erdogan bloquee el camino de los refugiados hacia Europa.

En cuanto a la relación con la UE, Mandiraci cree que la crisis de refugiados “tiene el potencial para abrir nuevas vías de cooperación entre Turquía y la UE”, aunque admite que “la confianza hacia la UE en Turquía ha caído drásticamente en los últimos años”.

El legado de Atatürk, el ‘padre’

Luego de la desmembración del Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial, Mustafá Kemal, a quien se le conoce como Atatürk (Padre de los turcos), lideró una revolución para crear un Estado independiente con población de raíz étnica turca, predominante en la península de Anatolia, ante intentos de las potencias de establecer un protectorado en Estambul.

Luego de la Guerra de Independencia Nacional, en la que el caudillo comandó el ejército contra las fuerzas ocupantes griegas, se proclamó en 1923 la República de Turquía, con Atatürk como jefe de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Atatürk extirpó del país todo vestigio del antiguo poder sultánico. Se abolieron las Madrasas o escuelas coránicas y se adaptaron de países occidentales los códigos penal y de comercio. Se abolieron los caracteres arábigos en la escritura, siendo reemplazados por la implantación del alfabeto latino con acentos y características especiales.

Desde 1931, el Estado turco, por indicaciones muy estrictas de Atatürk, ha sido republicano, nacionalista, popular, estatista y laico. En 1934 instituyó el voto femenino.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO
Bruselas.

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