Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

Campaña 'Regalar un libro es mi cuento' llevó 33.000 libros nuevos para estudiantes de la región.

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07 de noviembre 2015 , 03:22 p.m.

Ciro Ferneley camina en círculos por todo el salón de tercer grado del colegio Bocas del Yi, de Vaupés, abrazando su libro 'Los músicos de Bremen', de los hermanos Grimm. Sólo se detiene para verificar –y probablemente comparar– qué libro recibió un compañero del curso y parece satisfecho con los resultados. El suyo es un libro de pasta dura lleno de ilustraciones y el de su compañero también.

“Profe, yo quiero leer un libro”, le dijo a su profesor cuando cursaba primero de primaria, pues desde preescolar tenía la inquietud de hacerlo. Hoy en día Ciro lee todas las tardes en la biblioteca de su escuela, en donde también hace sus tareas. Cuenta que le gusta leer un libro de enseñanzas llamado 'Nacho lee', así como los relatos de Rafael Pombo.

Mientras habla, sigue sosteniendo su nuevo libro como no queriéndolo soltar. Ciro, como la mayoría de niños del colegio Bocas del Yi, y en general del Vaupés, habla tres idiomas: cuveo, yuruti y castellano. Dice que no sabe cómo se traduce 'Los músicos de Bremen' en cuveo, pero sí la palabra “músicos”: se dice ‘UpaîpØêvã’.

'Los músicos de Bremen' fue comprado en una librería bogotana por un colombiano que quiso regalar un libro a un estudiante del país y que lo depositó en el buzón de la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’, una iniciativa liderada por 26 librerías y 22 editoriales del país, a través de la Cámara Colombiana del Libro, junto con los Ministerios de Cultura y Educación.

El libro fue enviado a una bodega del Ministerio de Cultura en donde se guardaron los primeros 33.000 que se recolectaron en la primera fase de la campaña para los departamentos de Vaupés, Guainía y San Andrés. Posteriormente, viajó en un avión de carga hasta llegar a Mitú y se trasladó a la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera.

Desde allí, viajó en una lancha con dos funcionarios de MinCultura y el lanchero Víctor Valencia una hora por la inmensidad del río Vaupés, hasta llegar al colegio Bocas del Yi, en donde estudian 224 niños de la región, la mayoría a manera de internado, pues sus hogares se encuentran muy retirados del colegio y los pequeños deben llegar en canoa a estudiar.

Multiculturalidad

Un viaje similar al de 'Los músicos de Bremen' fue el que hizo Luis Hernando Infante Donoso hace más de tres décadas. Tenía en ese entonces 24 años y se acababa de graduar como licenciado en filología e idiomas de la Universidad Libre de Bogotá. Estaba ávido de aventuras y de ejercer su carrera como docente. Por eso no lo dudó cuando le ofrecieron un cargo en Vaupés.

Corría el año 1980 e Infante arribó con los esquemas de formación citadinos que chocaron al llegar a una zona rural indígena. “Me encontré con una gran diversidad étnica y cultural: un mundo que me era totalmente desconocido. Empecé a acoplarme e ir conociendo y a darme cuenta que la educación en esta región es un reto porque se sale de todos los esquemas”, explica el actual coordinador del Plan Nacional de Lectura y Escritura de la Secretaría de Educación del Vaupés.

Infante se refiere a que en Vaupés el 85% de la población estudiantil es indígena. Así como Ciro, la mayoría son políglotas pues saben la lengua de la etnia de su padre por obligación, la de su madre por necesidad, una lengua franca (cuveo o tucano), castellano, y hasta portugués (aquellos que colindan con Brasil). En Vaupés existen aproximadamente 200 comunidades indígenas de 26 etnias que hablan 23 lenguas ágrafas. Cada etnia tiene sus costumbres y su propia cosmovisión.

Los niños indígenas en sus hogares tienen interacción con la lengua de su padre y de su madre y cuando llegan a grado primero –en donde los estándares curriculares tienen previsto que el niño aprenda a leer y a escribir– “apenas están comenzando a entender palabras y frases elementales del castellano, que es una nueva lengua para ellos”, explica Plinio Restrepo, rector de la Escuela Normal Superior Indígena María Reina de Mitú.

José Miguel Doria, docente de la escuela José Eustasio Rivera y quien vivió en la comunidad Acaricuara, agrega que los estudiantes indígenas manejan muy bien los mitos y leyendas pues su tradición oral es muy rica, gracias a las historias que les cuentan sus abuelos. “Ellos son muy buenos para crear e inventar historias orales. Y aunque tienen problemas con la ortografía y algunos con comprensión de lectura, cuentan con una caligrafía muy bonita. Incluso sus dibujos son muy llamativos y estéticos”, comenta.

El castellano, entonces, no es la primera lengua de los estudiantes indígenas. Pero lo aprenden porque es la lengua nacional. “Nosotros no podemos ser ajenos a la globalización que vive el mundo de hoy y, además, el acceder a derechos fundamentales como la salud, la educación, y otros tantos beneficios que son propios del Estado y de la atención a las poblaciones, implican necesariamente dominar una lengua. Lo importante es conservar ese equilibrio: asumir las competencias comunicativas en lengua castellana y también conservar lo nuestro, que no se pierdan la identidad del grupo étnico ni la cultura propia”, explica Restrepo.

Una selva sin librerías

Además de que algunos estudiantes presentan dificultades para aprender a leer y escribir, deben enfrentar otro reto: el acceso a los libros, que en Vaupés es muy limitado. No existen librerías. Lo más parecido son ciertos almacenes ubicados en Mitú, en donde se venden gran cantidad de objetos y, a veces, uno que otro libro.

Eso sí, el departamento cuenta con cuatro bibliotecas públicas: la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera y la Biblioteca Pública Municipal de la Casa de la Cultura Luis Enrique Chávez Velásquez, así como las bibliotecas de los municipios de Taraira y Carurú que hacen parte de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y que han sido dotadas con libros gracias al Plan Nacional de Lectura y Escritura ‘Leer es mi cuento’. A su vez, existen 118 establecimientos educativos en 16 instituciones que en total tienen unas 38 bibliotecas escolares, enfocadas principalmente en textos escolares.

Quien desee comprar libros, generalmente lo hace cuando viaja a Villavicencio o a Bogotá. Así que con ese panorama no es raro que en los hogares sea difícil encontrar libros. Yuli Andrea Rubio Cruz, docente y directora del Sistema de investigación de la Escuela Normal Indígena, cuenta que en el Semillero de investigación en lectura y escritura, en el que participan estudiantes de los grados 11 al 13 interesados en esta temática, han realizado cartografías de los lugares en donde hay espacios para la lectura y la escritura en Mitú y han descubierto que generalmente los estudiantes que cuentan con libros en sus casas tienen algún familiar que trabaja como docente y es quien los lleva, o porque los mismos jóvenes los roban de las bibliotecas.

Otros, en cambio, han visto los beneficios que trae pedir los libros en préstamo, como es el caso de Emilse Triana, estudiante de noveno del colegio José Eustasio Rivera, quien desde hace dos años entró a la Biblioteca Departamental y quiso llevarse a su casa una buena cantidad. “Me explicaron que tenía que llevármelos de uno en uno, así que tomé 'María' de Jorge Isaacs, que me encantó. Desde entonces cuando acabo un libro vuelvo por otro. Estoy leyendo unos 10 libros al mes”, cuenta.

Ésta ávida lectora, tiene expectativas por conocer qué libro recibirá gracias a la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’ y cruza los dedos para que sea uno que no se haya leído. También espera que con los libros que se entreguen a los jóvenes de su edad se los motive a leer para que ocupen mejor su tiempo libre.

Algo similar espera Ximena Corazón Martínez, estudiante de la Escuela Normal Indígena que se reúne con cinco jóvenes más a leer libros relacionados con el Amazonas en la maloca Ipanoré todos los miércoles, de 4:00 p.m. a 6:00p.m., y que, por influencia de su hermana –quien se encerraba a leer en su cuarto y que tenía un vocabulario ‘elegante y diplomático’ que le causaba curiosidad– se ha convertido en una lectora voraz.

Mientras tanto Ciro Ferneley, el estudiante de Bocas del Yi, cuenta que leyó cuatro veces el libro 'Los músicos de Bremen' y que lo que más le ha gustado son los dibujos y las enseñanzas. Su abuelo, el docente pensionado Héctor Gómez Estrada, quien vive con Ciro y usualmente le cuenta las historias de la región y de su cultura cuenta: “Para mí es un orgullo que cada niño tenga un libro, para que así pueda alimentar su pensar y el análisis. Muy interesante porque así los niños van aprender muchas cosas más”.

Lucía Camargo
Para EL TIEMPO

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