La carne

La carne

Aunque las góndolas de los supermercados están llenas, cada vez tenemos menos opciones.

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06 de noviembre 2015 , 07:12 p.m.

Nos dijeron que la carne aumenta el riesgo de cáncer y nos volvimos locos, como si nos estuvieran contando una novedad. Primero, estudios científicos se publican todos los días, y segundo, todo da cáncer. En teoría, a mi padre lo mató uno de pulmón por tanto cigarrillo, pero la verdad es que nunca dieron con el origen. Si me preguntan, yo creo que lo mataron las penas del alma, porque lo que más da cáncer es la mala vida.

El asunto es que nos están acorralando con la comida, y aunque las góndolas de los supermercados están llenas, cada vez tenemos menos opciones. Lo que sabe bien te mata, y lo que te alarga la vida es tremendamente insípido o vale una fortuna.

Con la carne empezaron suave. Que aumentaba los niveles de colesterol, estreñía y podía causar gota y cálculos. Como no nos pasmamos y seguimos comiendo, al punto de que este año produciremos más de 300 millones de toneladas de ella, aplicaron el plan de choque: cáncer. La Organización Mundial de la Salud habla concretamente de las procesadas, como la hamburguesa, la salchicha y los embutidos, aunque advierte que la carne roja, la de vaca, cerdo, cabra y similares, puede aumentar el riesgo de la enfermedad. Y como la noticia fue difundida por todos lados y encima no sabemos leer, las alarmas se encendieron. No hay que dejar de comer carne ni privarnos de lo que nos gusta, porque en la grasa y el miedo que guardamos en las entrañas está el sabor de la vida, por eso es mejor morir de cáncer por comer carne que vivir siendo vegetariano.

Y no es que crea que el informe sobre la carne no tiene razón, es que parece que todo fuera una conspiración y para juntar los puntos bastara con leer entre líneas. Dicen que para producir un kilo de carne se necesita la extravagancia de 15.000 litros de agua y, por otro lado, grandes conglomerados como HSBC, Deutsche Bank, Goldman Sachs, JP Morgan y Citigroup, así como la familia Bush, están invirtiendo para quedarse con los recursos de agua del mundo. Algo se está fraguando, y tiene cara de no ser bueno.

Preocuparse por la alimentación es de mamás, doctores, meticulosos y sibaritas. En condiciones normales, al estómago no le importa lo que le metas, le interesa es que lo calmes, por eso yo me preocupo por el chocolate, que aunque no nutre me hace tremendamente feliz. Es tan bendito que al que entra a la cárcel deberían darle su ración diaria durante un mes, así fuera culpable del crimen del que lo acusan.

Yo no comía chocolate, lo devoraba para llenar el vacío que dejaban las personas que se iban de mi vida. No podía recordar la última vez que había disfrutado un brownie, y el día que una novia se fue a vivir dos años al otro lado del mundo salí al supermercado a comprar dos litros de helado de chocolate que no me duraron una tarde. Cuando entendí que la gente que queremos hace por nosotros lo mismo que el chocolate, solo que en vez de engordar llena, perdí 15 kilos. Ahora, a manera de terapia, voy a la sección de helados del supermercado y me quedo mirándolos durante un rato, pensando en lo caros que son y lo mal que me hacen. Luego voy y me compro una chocolatina pequeña junto a la caja. Y ahora resulta que, por razones que no voy a explicar, el chocolate ha empezado a escasear en el mundo, al punto de que para el 2020 podría ser un bien de lujo.

Pero, de vuelta a la carne, a la que relacionamos con estatus y riqueza. Una amiga de la universidad decía que se casaría con un hombre que le garantizara comer carne todos los días. Hoy vive en Miami, frente al mar, en un edificio al que va Tom Cruise de vacaciones. Y aunque no solo le alcanza para el lomo fino sino para los carros de lujo, las obras de arte, la playa privada y los paseos en yate, el informe de la OMS acaba de mandar al carajo buena parte de sus sueños de juventud.


Adolfo Zableh Durán

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