Ciclopaseos nocturnos, una nueva cultura en Cúcuta

Ciclopaseos nocturnos, una nueva cultura en Cúcuta

En las noches de esta ciudad, la fiebre ciclística ya tiene centenares de seguidores.

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06 de noviembre 2015 , 07:02 p.m.

Con sus 68 años, siempre en jeans, camisa de manga corta, un morral a la espalda, zapatillas de ciclismo y casco, Hernando Ospina acostumbra a llegar en su bicicleta a las ocho de la noche a los sitios desde donde parten los diferentes ciclopaseos nocturnos en Cúcuta.

La simpleza de Hernando, relojero de profesión y quien tiene tiempo solo para ponerse las zapatillas, pues vive en la periferia, contrasta con los uniformes relucientes, bicicletas todoterreno, luces blancas y rojas, cascos y demás implementos lujosos y costosos que utilizan los centenares de personas que salen cada noche, de lunes a jueves, a pedalear por las calles de la ciudad y sus alrededores.

Es el integrante más veterano de los ya instituidos ciclopaseos, a los cuales asisten desde niños de 7 años hasta familias enteras para hacer ejercicio, entretenerse, divertirse, conversar y compartir.

Porque lo que comenzó como un paseo de cuatro amigos por no tener nada que hacer se convirtió en toda una cultura que reúne hasta a mil personas en una sola jornada en la capital de Norte de Santander.

Toda una tendencia

Cuenta Edwin Botia que una noche de jueves de noviembre del 2011, estando en su tienda de bicicletas, él y sus empleados decidieron salir a dar una vuelta por la ciudad en sus ‘caballitos de acero’.

Fue algo espontáneo y ‘rodaron’, como llaman a la actividad los cucuteños, hasta Villa del Rosario, un recorrido de unos 15 kilómetros, ida y vuelta.

Los ciclistas participantes en esta nueva tendencia se desplazan por la avenida Libertadores, contigua al famoso malecón de Cúcuta

Ómar Rivera, de 45 años, recuerda aquellos tiempos: “Un amigo me invitó y compré la bicicleta. Éramos como ocho personas que salíamos una vez en la noche y el resto de días en la mañana. Fuimos descubriendo rutas y caminos”.
Comenzaron a salir un jueves sí, otro no; la gente los fue viendo en las calles y se fueron uniendo, hasta llegar a ser unos 40.

En marzo del 2012 decidieron oficializar el recorrido, que se hace todos los jueves a las ocho de la noche desde Welcome Specialized, el negocio de Botia. Sin proponérselo, y con puro voz a voz, más personas empezaron a salir, hasta llegar a más de 200 ciclistas en una sola noche.

Y la gente empezó a pedirle que se organizaran más salidas, por lo que a finales del 2013 decidieron establecer otra para los martes. Se planearon más rutas a diferentes sitios en las afueras de la ciudad, hasta llegar a unas 15, la mayoría de ellas con un tramo en carretera destapada “porque a la gente le gusta mucho la trocha”, afirma Botia.
Fueron haciendo ajustes, como cuando empezaron a utilizar el ‘carro escoba’ para auxiliar a todos aquellos que sufren desperfectos mecánicos, accidentes o sencillamente no quieren ‘rodar’ más. Una vez una persona se pinchó en la oscuridad y soledad del anillo vial y nadie se dio cuenta, iba de último. Botia recuerda que “al otro día me dijo que había llegado a la casa a las dos de la mañana porque nadie lo había esperado, y entonces vimos la necesidad de llevar el carro detrás del último ciclista para evitar que volviera a suceder”.

Los participantes hacen una pausa en el camino, para dotarse de agua, antes de continuar la jornada ciclística nocturna.

La fiebre de los ciclopaseos está en todo su furor, y la gente quiere ‘rodar’ todas las noches, por lo que otras dos tiendas de bicicletas decidieron organizar sus propios recorridos. Los exciclistas Álvaro Lozano y Raúl Saavedra escogieron lunes y miércoles, y las ‘rodadas’ son ya de lunes a jueves, de unos 30 kilómetros en promedio.

Saavedra le dio un salto cualitativo a la actividad cuando, en abril pasado, decidió realizar su primera ruta. Relata que tuvieron la idea un martes, la organizaron para el otro día; esperaban unos 50 ciclistas, pero, para su sorpresa, llegaron más de 100.

“Yo quise hacer algo más tranquilo porque lo de Welcome es más exigente. Organizo por pavimentado, recorridos no tan duros a los que van familias enteras. Es un paseo para salir a hacer ejercicio y relajarse, no una competencia”, afirma Saavedra.

Y le ha funcionado. Este exciclista ha reunido, según sus cuentas, a más de mil personas en una sola noche, y reparte 600 bolsas de agua y la misma cantidad de bocadillos, en cuya logística participan unas 20 personas, entre mecánicos, dos carros, otros ciclistas y personas en moto, la mayoría de ellos voluntarios.

Salir a rodar conlleva sus sacrificios. Como el que hace Paola Silva, ama de casa: ella y su esposo llegan de los paseos a las 11 de la noche y se levantan a las 4:30 de la mañana a despachar a sus dos hijos para el colegio. “En la tarde les ayudo con las tareas, juego con ellos, les hago la cena, los empiyamo y los dejo a cargo de la empleada”, agrega.

Cuando la brisa refresca

Para los organizadores ha sido beneficioso desde el punto de vista publicitario, pues las ventas en sus tiendas han aumentado hasta un 40 por ciento. Las bicicletas y los implementos no son baratos, por lo que practicar este deporte puede tener un costo promedio de tres millones de pesos, razón por la cual la policía brinda seguridad.

Los ciclopaseos se convirtieron en toda una cultura para los cucuteños, y alrededor de ellos se han formado grupos, amistades, noviazgos y hasta matrimonios. Luis Ardila, de 42 años, afirma que le gusta la actividad porque es una forma de conocer gente, integrarse con los amigos, eliminar el estrés diario y ver la urbe. Además del horario de ocho a diez de la noche, cuando la brisa refresca la ciudad.

Mucha de la gente que ahora sale a ‘rodar’ antes se dedicaba en las noches a rumbear y tomar licor. “En un comienzo fue moda, después fue salud, pero la razón principal es que no hay nada más que hacer en Cúcuta”, dice Botia.

Los grupos

Senderbike, Zero Stress, Zánganos, Las Visibles y los Jency’s son solo algunos de los grupos que se han formado alrededor de la bicicleta. En las rutas sus integrantes se hacen compañía, se ayudan con los desperfectos mecánicos, se esperan y al final se reúnen para mamar gallo y tomarse un refresco.

Otros han llegado un poco más allá. Los Jency’s, por ejemplo, grupo integrado por unas 10 personas que se conocieron en la actividad, ahora también salen los domingos al río en bicicleta, en donde hacen sancochos y asados, se bañan y pasan un buen rato.

Pero, como todo, la actividad tiene su lunar. Los conductores de la ciudad se quejan, con justa razón, de que los ciclistas se toman toda la vía y no el carril derecho, como se recomienda, y se pasan los semáforos en rojo cuando van en grupo. Algo que ya están corrigiendo los organizadores.

Saavedra ya quiere innovar y afirma que “la idea es que esto siga creciendo, estamos pensando hacer un ciclopaseo mensual, que se va a llamar ‘Conozca nuestra ciudad’, que va a ir por los diferentes barrios de Cúcuta”.

PEDRO MIGUEL VARGAS
Especial para EL TIEMPO

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