Atentos y vigilantes a la nueva alcaldía de Bogotá /Opinión

Atentos y vigilantes a la nueva alcaldía de Bogotá /Opinión

A Peñalosa no lo pueden señalar de mal gobernante, como lo hicieron con Petro.

06 de noviembre 2015 , 04:39 p.m.

El pueblo habla, el pueblo manda. Esta, que es una consigna ligada a los movimientos sociales y a la izquierda, debería aplicarse en Colombia cuando de nuevos mandatarios locales se trata.

No han transcurrido un par de semanas desde el triunfo de Enrique Peñalosa y ya se escuchan cantos para ponerle ruedas a su gobierno.

Los amigos del alcalde Petro y su gobierno, entre los que me encuentro, no podemos patrocinar las mismas prácticas de que fuimos objeto. Recuerdo, como si fuera ayer, que varios medios y algunos periodistas señalaron a Petro de pésimo alcalde cuando ni siquiera había ingresado.

A Peñalosa no lo pueden señalar de pésimo gobernante mientras no demuestre en el ejercicio de su cargo lo contrario. He visto en redes algunos ‘loquitos’ que piden ya la revocatoria de su mandato.

Peñalosa está en su derecho de hacer los anuncios que considere. No por esto lo tienen que sacrificar de entrada, como hicieron con Petro cuando, además de la fusión de las empresas públicas, anunció en su discurso de posesión el plan general de desarme y la cancelación de las corridas de toros en la ciudad.

El nuevo alcalde tiene el reto de edificar y construir sobre lo construido. Ojalá en temas tan trascendentales y sensibles para los bogotanos como la construcción de la primera línea del metro, las políticas para enfrentar el cambio climático y los imborrables éxitos sociales alcanzados, el Alcalde y sus asesores no los eliminen.

Peñalosa sabe que el gobierno de Gustavo Petro redujo la pobreza en Bogotá a niveles históricos. Al inicio de su gobierno existían 800.000 pobres (11,9 por ciento), según estadísticas del Dane. Hoy, esa cifra cayó al 5,4 por ciento (420.000 personas). En tres años disminuyó la pobreza a la mitad.

Ojalá el Concejo, que se instala simultáneamente con el alcalde, entienda que no pueden presionar ni chantajear al nuevo mandatario. Uno de los principales problemas (¿o virtudes?) que tuvo Petro fue que no cedió a la voracidad de muchos cabildantes, que pedían y reclamaban a manos llenas. De hecho, entre otras iniciativas claves, el Plan de Desarrollo le fueron aprobado con 663 modificaciones, algo que no se había visto en la ciudad. Y el cupo de endeudamiento, soporte financiero del componente de infraestructura del Plan de Desarrollo, tuvo que llevarse en tres ocasiones al cabildo y solo se aprobó un año y ocho meses después de que comenzó su gobierno.

Los medios hacen su primer balance a los 100 días de gobierno. Esperemos que Gobierno y oposición demuestren qué tan equivocados o acertados estaban.

Augusto Cubides
Analista

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