Juan Francisco Lanao creció sin mamá por el holocausto del Palacio

Juan Francisco Lanao creció sin mamá por el holocausto del Palacio

Gloria Anzola desapareció en la toma del Palacio cuando Juan era tan solo un bebé.

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06 de noviembre 2015 , 12:28 a.m.

Juan Francisco Lanao, hoy de 31 años, dice no recordar a su madre. Cuando ella, Gloria Anzola de Lanao, desapareció en la toma y retoma del Palacio de Justicia, el 6 y 7 de noviembre de 1985, él tan solo era un bebé de 18 meses.

Para conocerla, en estos 30 años tuvo que escudriñar entre fotografías y documentos familiares. Su padre, sus tíos y sus abuelos contribuyeron en la pesquisa: le contaron cómo era, a qué se dedicaba, cuántos años tenía y, además, por qué aún no aparece.

“Me han dicho que era una excelente profesional. Ejercía el derecho civil y comercial. Además, ayudaba a una tía que era consejera de Estado”. Juan Francisco describe así a su mamá. “También que era organizada. Algo impulsiva y explosiva, como yo”.

“…Y que me adoraba”.

En ese proceso de recopilar información sobre su madre, Juan Francisco reconstruyó las horas previas a la desaparición: Gloria salió de su casa -en el norte de Bogotá- entre las nueve y diez de la mañana y dejó a su hijo en la guardería. Luego se dirigió a su oficina, ubicada a pocas cuadras del Palacio. “Era una visitante ocasional del Palacio. Ese día estaba allí porque a veces estacionaba su carro en el parqueadero que le habían asignado a su tía”.

Como era costumbre, Gloria ese día comería con sus padres. El padre de Juan Francisco se enteró de lo que pasaba en el Palacio e inmediatamente llamó a casa de sus suegros para saber si su esposa se encontraba bien, pero le dijeron que no había llegado.

A partir de ese momento la familia de Juan Francisco se volcó a buscar a Gloria en el centro de la ciudad, hospitales, guarniciones militares y Medicina Legal. El 8 de noviembre, su padre y una tía que es odontóloga lograron ingresar al incinerado Palacio. Buscaron entre los escombros la placa dental de Gloria. “Su carro estaba en el parqueadero, lleno de cenizas”. ¿Y ella? desaparecida.

“Mi papá me contó que él y la abuela -la madre de Gloria- recibieron llamadas amenazantes días después de iniciar la búsqueda de mi mamá. Les decían que dejaran de buscarla”. Asimismo, les llegaba falsa información sobre el posible paradero de Gloria. “Fueron momentos muy confusos para ellos”.

Más tarde, en 1988, Juan Francisco comienza a vivir en Quito (Ecuador), donde su padre formó un nuevo hogar. No perdieron contacto con su abuela materna ni con sus tíos. Desde la capital del vecino país estuvieron pendientes de lo que pasaba con el caso de Gloria. “Cuando estaba más grande, me contaron lo que había pasado con mi mamá. Pero tenía unos datos muy básicos (…) Si me preguntaban por ella yo solo decía: hubo un atentado contra el Palacio de Justicia, mi mamá estaba allí y murió”.

En 2002 regresó a Colombia, para estudiar Administración de Empresas en una universidad de Bogotá. Sin embargo, solo hasta 2005 comienza a indagar a fondo la desaparición de su madre, a interesarse más en el caso. Se reúne con otros familiares de víctimas del holocausto del Palacio y conoce los crímenes que cometieron tanto guerrilleros del M-19 como militares.

“Crecí con una madrastra que me dio todo el amor, ha sido un ángel para mí. Pero fue terrible empezar a entender que el caso de mi mamá era una desaparición forzada”, comenta al rememorar cómo se enfrentó a lo que él llama ‘el Horror’.

Para la misma época en la que emprende su lucha por conocer la verdad sobre lo sucedido con su madre, Juan Francisco tomaba clases y se hacía amigo de Camilo Plazas Vega, el hijo del general Alfonso Plazas Vega, el alto mando del Ejército que estuvo al frente de la retoma del Palacio. Un día, recuerda, le preguntó en una reunión si creía que su padre es culpable de las desapariciones. “Me respondió que es inocente, y que espera que él (Alfonso) le esté diciendo la verdad”.

A pesar de que los hechos del 6 y 7 de noviembre de hace 30 años lo privaron de crecer bajo los cuidados que seguramente le habría dado Gloria, dice no sentir odio. Puntualiza que es inmensa la tristeza que siente, pues “es una herida muy difícil de sanar”, pero de nada vale sentir rencor.

“Alguna vez un funcionario del Estado me preguntó cómo me podían reparar. Yo le respondí que no me podía reparar nada, porque yo crecí si mi mamá. Nadie me va a devolver la experiencia de crecer con una mamá, la de sangre –empuña su mano derecha y la coloca sobre pecho-, la de uno”.

Juan Francisco no pierde la esperanza de hallar a Gloria. Pero, al igual que todos los familiares de las víctimas, ante todo exige la verdad. En su caso, que le respondan por qué desaparecieron a su madre si no tenía nada que ver en la toma. “Debe hacer reconocimiento de los hechos y redignificación de las víctimas (…) Ya es hora de que el Estado tenga la voluntad de esclarecer este caso”.

JOSÉ DARÍO PUENTES

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