La puja por un 'pedacito de paraíso' en Isla Barú

La puja por un 'pedacito de paraíso' en Isla Barú

Invasores se apropiaron de cuatro kilómetros de playa y montaron hostales y restaurantes

06 de noviembre 2015 , 10:23 a.m.

La puja por Playa Blanca, en la isla de Barú, entró en un nuevo pulso jurídico luego de que esta semana el Ministerio del Interior y la Alcaldía de Cartagena le solicitaran a la Corte Constitucional reversar la sentencia que reconoce a cerca de 200 invasores de Playa Blanca como comunidades ancestrales que buscan una titulación colectiva sobre este territorio.

Según las autoridades, estos invasores se apropiaron de más de cuatro kilómetros de playa para usufructo propio con el comercio de hostales y restaurantes y se autodenominaron grupo étnico diferenciado, con lo cual consiguieron que la Corte Constitucional acogiera sus solicitudes y ordenará, el pasado mes de septiembre, al Gobierno Nacional reconocerlos como comunidades ancestrales.

“Hacemos un llamado para que estos espacios de uso público vuelvan a su propietario que es la nación”, pidió el alcalde de Cartagena, Dionisio Vélez.

La comunidad invasora de reclamantes está conformada, en su mayoría, por extranjeros y gente de otras regiones del país que sin ningún tipo de control se lucra de las paradisiacas playas, explica el Ministerio del Interior.

Voces de expertos, desde el interior del país, llaman urgente a la declaración de Parque Nacional a esta zona, pues el impacto ambiental amenaza a la Ciénaga de Puerto Naito y a un bosque seco tropical ubicado justo atrás de la playa que hoy esta convertido en basurero donde se incuban vectores.

Desde hace más de una década, atrás de esta zona paradisiaca también está un megaproyecto hotelero y turístico que es financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo (Fonade), y el grupo empresarial Playa Blanca Barú S.A.S., conformado por, entre otros poderosos, las familias Santo Domingo y Echavarría.

Hoy, pese a que el Departamento de Planeación Distrital de Cartagena dice que esta es una zona de espacio público donde no puede haber actividad comercial ni edificaciones de ningún tipo, la playa sigue siendo invadida por hostales y restaurantes.

La zona no cuenta con baterías sanitarias, lo que impacta el medio ambiente. Los lunes y pasados los puentes festivos, la playa amanece hecha un muladar con montañas de basura, mucha de la cual va a dar al mar, mientras los invasores continúan construyendo sistemas improvisados para letrinas y pozos sépticos que van a dar al bosque aledaño.

En el primer semestre de este año, la Cámara de Comercio de Cartagena canceló 11 registros mercantiles a comerciantes que invaden Playa Blanca y la Secretaría de Espacio Público y la Policía derribaron y sellaron más de 18 hostales, pero aún con los sellos los infractores continuaron operando.

Un caso claro del tipo de invasores profesionales que acosan a Playa Blanca lo constituye el hostal Banana Beach, cuyo dueño es un hombre que ya había invadido otra playa, ubicada en el sector de Marbella. Allí, había montado un negocio ilegal llamado Chiringuito, y de allá fue expulsado por la dependencia del Espacio Público de la Ciudad luego de una puja de más de un año, pero luego, este comerciante ilegal se metió a Playa Blanca.
“Son invasores profesionales que se lucran haciendo comercio ilegal”, sostiene un directivo de la Oficina de Espacio Público.

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