De los años prohibidos

De los años prohibidos

Columna El Caldero, del crítico gastronómico Sancho.

06 de noviembre 2015 , 08:32 a.m.

 Durante más de una década, alrededor de 1920, en Estados Unidos no estuvo permitido el consumo de alcohol.
Y como casi todo lo prohibido, estimuló la creatividad de la gente para saltarse las normas y las ganas de muchos de probar qué era eso que se penalizaba de manera tan estricta.

En aquellos años –que se conocen precisamente como la época de la prohibición– surgieron bares maravillosos que, por supuesto, no estaban a la vista del público.

Funcionaban detrás de una fachada que anunciaba cualquier otro negocio o estaban ubicados en los desvanes o en los sótanos de casas de familia.

Como muchas veces el trago que se conseguía no era de la mejor calidad, durante la prohibición tomaron gran fuerza los cocteles, pues la idea era mezclarlos para conseguir bebidas agradables.

Muchos de los clásicos de la coctelería surgieron en medio del secreto y del jazz que solía sonar en los bares de entonces.

Inspirados en estas historias, unos amantes de la cocina, de los buenos licores y de esa costumbre del after office que es habitual en tantos países y que consiste en tomarse un trago después del trabajo y antes de ir a la casa crearon un pequeño y encantador bar llamado 8 y Cuarto.

Está en el interior de esa casa del barrio Quinta Camacho que es una suma de motivos gastronómicos, pues allí están el muy bien calificado restaurante Nueve y el café de Les Amis.
8 y Cuarto no es un bar convencional: es un espacio acogedor en torno a una barra y a un bartender que sabe que la coctelería es una ciencia exacta en la cual un mililitro de más afecta una receta probada y comprobada.

Un bartender que sabe, por ejemplo, que el hielo es fundamental en casi todos los cocteles y por eso prepara sus propios hielos, para que mantengan fría la bebida sin aguarla.

En 8 y Cuarto hay una larga y atractiva selección de maltas y de biters y tragos que, a diferencia de los que estaban obligados a utilizar en los años de la prohibición, son de primera calidad, como parte de la filosofía del lugar y para prevenir los dolores de cabeza del día siguiente.

Entre las muchas maneras que existen para medir la calidad de un buen bar está la del bloody mary, porque la bebida que sirve de base a este coctel puede ser un simple jugo de lata o una receta preparada con arte y esmero.

La de 8 y Cuarto lo es, y el bloody mary de allí puede ser el mejor de Bogotá. Buena señal.

8 y Cuarto. Calle 70A n.° 10A-18, Bogotá. Teléfono 248-7073.
elcalderodesancho@yahoo.com.co

Sancho

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