'Perdí a todos mis hijos y todavía debo sus ataúdes'

'Perdí a todos mis hijos y todavía debo sus ataúdes'

Nadie respondió luego de que el vehículo de los Vásquez cayera en un caño por falta de señalización.

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05 de noviembre 2015 , 08:44 p.m.

Aún vive en la casa donde vio crecer a sus hijos. Su única distracción es su trabajo en los mercados campesinos y en una encuadernadora. Allí pasa sus días tratando de olvidar la tragedia que le quitó la posibilidad de ver crecer a sus nietos.

Todos los meses soporta con resignación los llamados continuos de la funeraria por una deuda que asciende a los 24 millones de pesos, y en las pocas horas de sueño que concilia ve a sus hijos aún subiendo y bajando las escaleras, algunas veces hablándole. “Me duele pensar que perdí a las personas que más quería, porque no había señalización, policías acostados, franjas amarillas, iluminación, borde de cemento. No había nada que pudiera salvarles la vida”.

Lesliee Aydee Ardila Pardo perdió a sus hijos en un absurdo accidente el 17 de abril de 2014 cuando intentaban llegar a una finca en Varsovia (Meta) para disfrutar de unas vacaciones.

Faltaban solo diez minutos para que el último de los cuatro vehículos de la familia arribara cuando se encontraron con un caño inundado por las lluvias recientes y sin señalización alguna.

Ese fue el triste escenario de una tragedia en la que seis miembros de una misma familia murieron ahogados. El paseo había sido pactado un mes antes. Estar lejos del caos de la ciudad era el aliciente de tantos días de trabajo. “Estábamos muy contentos cuando partimos”, dijo Marla Ardila, tía de las víctimas.

Tanto había sido el esfuerzo que la familia recaudó dinero para comprar una lechona y mercado para pasar una Semana Santa con provisiones suficientes. Con todo listo partieron el miércoles 16 de abril, a las 11:30 p. m., de su hogar en Fontibón, cargados de maletas y de planes para los días libres.

Michael Ardila, uno de sus hijos, a sus 22 años ya era un conductor experimentado. Lesliee contó que trabajaba como conductor de camiones desde muy joven y ayudaba a su padre en los mercados campesinos. Él conducía un Renault 18, modelo 89, de placas KFE-019, el mismo que ese Jueves Santo terminó hundido en el caño.

Los pobladores de la zona sabían del peligro del tramo, que en la mayor parte del año permanecía seco –por eso le llamaban caño seco–, y que cuando caía un aguacero se rebosaba de agua. Eso pasó la noche anterior al accidente.

A las 6:15 la trampa natural estaba en la vía. “Un hermano mío vio cómo mi hijo Michael se salió de forma brusca de la carretera. También mi esposo. Cuando pudimos llegar al sitio fue como si hubiera desaparecido”. Nunca hubo conciencia del tiempo que transcurrió mientras sus vidas se agotaban. El carro negro se hundía con Michael, padre de María Vanessa Ardila, de 2 años; Angie Katherine Vásquez Ardila, de 18, madre de Valery Vásquez, de solo 2 meses de nacida; Ana María Vásquez, de 17 años, y Jairo Cubillos, de 68, tres de ellos hijos de Lesliee y sus dos nietos, lo más pequeños.

No sirvieron los intentos de conocidos y extraños de romper los vidrios del carro, de sacarlos, de buscar en las frías aguas alguna señal de vida. Lesliee bajó hasta donde estaba el carro, pero solo vio ramas. Flotaban los biberones de los bebés ante la mirada impávida de los espectadores. Solo más de media hora después llegaron las ayudas.

“La causa de la muerte fue por inmersión”, decía el funesto informe de la Policía Metropolitana de Villavicencio, que informó que el accidente sucedió entre las 6 y las 6:30 a. m. en un caño de más de siete metros de profundidad. Solo con la ayuda de una grúa fue posible sacar el vehículo de color negro de las aguas oscuras de aquel hueco. Mientras eso ocurría, decenas de personas se acercaban al lugar a ser testigos de un nuevo accidente. No era la primera vez que pasaba. Una semana antes una mujer había caído en el mismo lugar.

Los estudios en el Sena de Angie, los deseos de entrar a la universidad de Ana María, los días como pensionado de Jairo y toda una vida de historias de dos bebés que apenas comenzaban a vivir se hundieron en ese caño, sin avisos de precaución, sin señales de alerta. Todo terminó en una curva prolongada que los llevó al abismo. “Si hubiera existido un muro, se habrían salvado”, se repite mil veces esta familia en medio del sinfín de probabilidades que surgen cuando se está inmerso en una tragedia.

En el kilómetro 18, entre Restrepo y Cumaral, terminó la historia de una familia. “Viajar a Villavicencio es muy caro; cobran muchos peajes. ¿Dónde invierten ese dinero?, ¿por qué no protegen a las familias de vías peligrosas?”, se pregunta toda una familia en duelo. Hoy surte una demanda en contra del Estado. “Es que no había ni siquiera un letrero de curva peligrosa por donde todo pasó”, dijo Lesliee.

Nulas ayudas

Nunca hubo una sola ayuda o perdón público que aliviara la tensión en semejante tragedia, ni siquiera un auxilio para los gastos funerarios. Solo la gente del barrio hizo una colecta. “Todos los días me llaman de Los Olivos de Restrepo (Meta). Yo tenía afiliados a mis hijos, pero a los otros tres de la familia no. Me están cobrando dizque unos cofres de lujo y el valor de las exequias. Todo suma 24 millones de pesos.Eso me sigue atormentando. Yo he pensado hasta tirármele a un carro, pero algo me lo impide”.

Cursa una demanda en contra del Estado que no ha tenido la primera noticia a su favor. “Solo sé que unos abogados llevan mi caso, pero dicen que eso va a ser demorado. No hay noticias. Igual, mi vida nunca será la misma. Ya tengo 48 años, solo me queda el recuerdo de sus caritas”.

Las diligencias del seguro hasta ahora están a punto de salir, esta madre no tenía cabeza para pensar en plata. Lesliee visita a sus hijos en el cementerio, allá les dice que los ama, que no ha botado sus cosas, que abraza cada foto, cada recuerdo que se le cruza en su solitario camino.

Tragedias por mala señalización

La Dirección de Tránsito y Transporte de la Policía incluye 50 causas de accidentes en vías. En el 2014 más de 3.400 personas murieron en todo tipo de accidentes de tránsito que involucraron más de 20.255 siniestros.

Según la Policía, que cuenta con un equipo de uniformados dedicados exclusivamente a reconstruir los casos, otra causa de los siniestros es la ausencia o deficiencia en la demarcación, que en las demandas contra el Estado aparecen como falta de señalización.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO 
Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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