El siglo de Jaime Jaramillo Uribe

El siglo de Jaime Jaramillo Uribe

No obstante sus aportes a la historia colombiana, el país no lo quiso o no lo supo aprovechar.

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05 de noviembre 2015 , 07:37 p.m.

Entre tantos méritos como los que justificada y ampliamente se reconocieron en la personalidad del distinguido historiador colombiano Jaime Jaramillo Uribe, sin duda el científico social de mayor incidencia en el ámbito académico durante el siglo XX, está el haber inspirado la constitución de un sugestivo acervo teórico y metodológico en la historiografía, así como su contribución al esclarecimiento de lo que hasta entonces permanecía difuso o escondido en los tiempos idos, inmóviles y mudos, acallados por la excluyente narrativa oficial, le confirieron mayor dimensión a su consagrada figura en el mapa del conocimiento colombiano y en el desarrollo de las disciplinas básicas de las ciencias sociales y las humanidades de las que fue Maestro y pionero en las universidades colombianas.

Jaramillo Uribe cursó estudios superiores en derecho, sociología, antropología, filosofía e historia –y en casi todas estas disciplinas alcanzó menciones distinguidas- en centros universitarios del mundo, en Paris y Hamburgo, especialmente, y en Colombia en la Nacional y Los Andes, a los que había de llegar tras denodados esfuerzos para ganarse la vida –siendo niño y adolescente-, como empleado en oficios menores: monaguillo, mensajero de una tienda de víveres, cajero de cafetería, auxiliar administrativo de una superintendencia y, más tarde, periodista de opinión en un diario liberal. En el entretanto, escribía ensayos culturales, artículos críticos y páginas de extraordinaria fuerza argumental sobre el acontecer hemisférico. Hacía conferencias por encargo sobre libros e historia universal.

Su regresó a Colombia, a mediados de 1955, le deparó la oportunidad de reintegrarse a la Universidad Nacional, donde asumió las cátedras de Historia Moderna e Historia de Colombia. En este contexto Jaramillo Uribe desplegó una actividad de notorio influjo para su “ciencia amada”. En 1956 produjo la principal contribución para el estudio de la evolución de las ideas políticas, “El pensamiento colombiano en el siglo XIX”, cualificado registro de las ideas de mayor significación en Colombia, cuyo análisis va desde el período de la 'preindependencia' hasta las postrimerías del siglo XIX. En este memorable estudio “buscó establecer su evolución, sus mutuas relaciones y su conexión con las corrientes europeas”. Bajo su dirección fue proyectada una de las obras de investigación colectiva más importantes, el 'Manual de Historia de Colombia', una nueva síntesis del pasado nacional que abordó temas ya tratados marginalmente por la historiografía tradicional. “Ese interés mío por la historia, y esa orientación, fueron las que se reforzaron con mi viaje a Francia, en 1946”.

La necesidad de investigar “con nuevos métodos y abordar sus aspectos desconocidos: los económicos, sociales y culturales”, lo llevó a incluir allí a ´la gente sin pasado´, indígenas, mujeres, esclavos, herejes. De la misma manera que describió y analizó los conflictos agrarios, las protestas urbanas y los movimientos sociales, Jaramillo desplegó allí la competencia metodológica cultivada y el bagaje teórico acumulado en sus abundantes y variadas lecturas. "una clara ruptura con la tradición historiográfica dominante".

Crearle a esta disciplina científica el marco de un espacio institucional que a su turno la situara en el ámbito profesional, fue una expectativa que lo impulsó a gestionar la creación del Departamento de Historia en 1962. Al mismo tiempo pensaba en la importancia de contar con un medio de difusión, la creación de un dispositivo social de conocimiento y de estímulo para las nuevas investigaciones sobre la historia colombiana. El Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, cumplió esa expectativa en 1963. Ya había dirigido la revista Ideas y Valores, de la Facultad de Filosofía y Letras, de la cual fue decano entre 1962 y 1964.

No obstante su erudición y los amplios dominios del saber en que era experto, fue muy poco solicitado por los medios de comunicación que, como se ha vuelto normal y hasta “natural” en el mundo ´posmoderno´, miran más hacia las piruetas vacías de la farándula, hacia los ´valores´ hedonistas y la exaltación de la mafia en mediocres novelones o al ruido nefasto de la politiquería sin democracia que hacia los valores del conocimiento. Nada, ni siquiera la admiración por el hombre de cultura, del investigador social que comunicó desde la docencia sus cualidades a quienes han detentado las riendas del poder.

El Maestro Jaramillo Uribe, adquirió la importancia simbólica que lo acompañó durante sus 98 años de existencia no por los hechos o interesantes hallazgos que su pluma maestra registró, sino por las calidades de su propia e intrínseca condición humana. El viejo historiador fue un gran innovador, con un universo ricamente construido, sólido, sencillo y como tal tenía un conocimiento premonitorio del futuro de la sociedad, que el país no quiso o no supo aprovechar.

Alpher Rojas

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