No más tierras del Estado en propiedad

No más tierras del Estado en propiedad

El arrendamiento es la modalidad usada en países tan disímiles entre sí como China y Gran Bretaña.

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05 de noviembre 2015 , 06:32 p.m.

Pensando hacia el futuro, y no muy lejano, ni tierras baldías ni otras que estén o lleguen a manos del Estado mediante extinción de dominio por haber sido obtenidas con dineros provenientes del narcotráfico u otras formas ilegales de apropiación deberían ser entregadas en propiedad a particulares.

Por razones como las que adelante expongo, resulta muchísimo más benéfico y adecuado para la sociedad en su conjunto, mucho mejor para el bien común, entregarlas siempre en concesión a largo plazo. No estaríamos ensayando y tampoco seríamos los primeros ni los únicos en el mundo en adoptar un sistema de ese estilo. El arrendamiento es la modalidad utilizada en países de características tan disímiles entre sí como la China y la Gran Bretaña.

¿Y por qué no entregarlas en propiedad, como siempre lo hemos hecho en Colombia? Porque difícilmente, casi nunca, son utilizadas de manera óptima, ni siquiera adecuada. No se necesita entrar a las cifras de extensiones cultivadas con uno u otro producto. Basta con pensar en la cantidad de tierras planas, de las mejores para agricultura en territorios como la sabana de Bogotá o el cercano oriente antioqueño, que hasta hace no muchos años eran utilizadas en valiosas lecherías intensivas o en importantísimos cultivos, actividades que ahora van siendo prácticamente destruidas y reemplazadas por parcelaciones de recreo o de viviendas campestres de lujo, dos destinaciones que muy poco o nada aportan al producto o al ingreso nacional, al desarrollo, y menos al empleo.

Ni siquiera puede decirse que se las va tragando la expansión urbana, porque su destinación no es vivienda sino los mencionados lujo y recreación.

Algo similar ha ocurrido con la utilización de grandes extensiones de lo que fueron pujantes haciendas cafeteras y paneleras en el occidente de Cundinamarca y en el suroeste de Antioquia, y que se han venido cerrando para dar paso a ganaderías extensivas y de bajísima productividad, cuando no a parcelaciones de recreo. En ambas destinaciones, con mínimo requerimiento de mano de obra, donde las anteriores las ocupaban importantes grupos humanos.

Esto es lo que explica que en muchos de esos municipios su población total ha decrecido significativamente en los últimos veinte o treinta años. Pura y simple emigración por falta de oportunidades y empleo.

A los procesos descritos podemos agregar, sin dudarlo, el enorme desperdicio que se hace de la tierra cuando se la cultiva de manera inadecuada. No solo por campesinos poco ilustrados o aferrados a viejas prácticas, sino de otros más culpables, como grandes propietarios que destruyen morichales y humedales, lo que se ha vuelto tan común en las grandes haciendas de los Llanos Orientales, para maximizar las extensiones de cultivo y facilitar su implantación.
Todo ello, la parcelación, la construcción, la destrucción de bosques y morichales, produce cambios y daños gravísimos y absolutamente irreversibles al recurso tierra, que es bien escaso y no reproducible.

En cambio, un sistema de concesión bien estructurado, adaptable a las diversas circunstancias y usos potenciales y adecuados, con plazos, reglas y restricciones claras en cuanto a su destinación y utilización, de manera que se pueda llegar hasta la recuperación de la tierra por incumplimiento de normas y contratos, puede ser la gran solución de los problemas descritos y la forma más práctica y realista de conservar ese recurso.

Jorge Eduardo Cock

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